La enseñanza y discipulado de mujeres jóvenes y adultas (segunda parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Conferencia para maestras de Escuela Dominical y de discipulado, y mujeres que desean en el futuro desempeñar este trabajo. Iglesia Bautista Independiente Dios Soberano, San Pedro Sula, Cortés, 9 y 10 de Abril 2009.

II.- EL DISCIPULADO

El discípulo es en esencia un estudiante; lo cual significa que necesita un maestro. El campo de trabajo de una maestra de discipulado incluye niñas y niños en edad escolar (varones, hasta 12 años), jovencitas, mujeres adultas y adultas mayores.

La forma de discipulado que seguimos en nuestras congregaciones, se parece al modelo en que Jesús trabajó, es decir, tomar aparte una persona (o varias) y encargarse responsable y sistemáticamente de enseñarle los fundamentos doctrinales que la Biblia contiene y de entrenarla para su vida cristiana. En I Tesal. 2, tenemos el modelo de discipulado que debemos seguir.

1.- ¿Quién podría ser la maestra?

No es recomendable que este trabajo lo haga alguien que tiene poco tiempo en la fe, eso es seguro. Definitivamente, debe ser una hermana que esté dispuesta a hacerlo, y que comprenda las implicaciones de dedicar tiempo y esfuerzo a la instrucción de alguien, aún sabiendo que las cosas pueden no resultar como ella piensa, el discípulo puede fallarle, puede resultar ser una persona aún inconversa, etc. Pero esas cosas no la detendrán en su deseo de hacer este trabajo. Jesús fue el maestro perfecto de discipulado; fue paciente, ingenioso, oportuno, motivador… y eso que él siempre supo la clase de personas con las que trabajaba. Aún sabiendo las imperfecciones y debilidades de ellos, no renunció a la decisión que había tomado de amarlos, instruirlos y entrenarlos; aún a Judas, que lo traicionó.

Por otro lado, no bastaría que ella tuviera toda la voluntad de hacerlo si en la iglesia no se le reconoce como una joven o una mujer ejemplar y con suficiente madurez espiritual, lo cual podrá notarse al examinar su conducta. Su buen testimonio es vital para que se le tome en cuenta para este trabajo. Debe congregarse con fidelidad, debe ser puntual con sus diezmos, entre otras cosas.

2.- ¿Qué clase de preparación debe tener esta maestra?

Dentro de lo posible, una maestra de discipulado, debería haber sido discipulada por alguien con anterioridad. Esto significa que si alguna hermana desea involucrarse en el discipulado, debe ella misma tener la experiencia de ser discípula primero. Esto es muy útil porque, ella conocerá de primera mano el material usado para estudiar, sabrá las posibles dificultades que su alumno podría tener y podrá ayudarle mejor a resolverlas.

Básicamente, ella debe tener la experiencia de haber sido discípula, y debe conocer detalladamente el material que sirve de guía para estudiar la Biblia. Es posible que no todas las mujeres de la iglesia se conviertan en maestras de discipulado, pero TODAS deben ser discipuladas; deben mantenerse estudiando.

3.- ¿Cómo se designa esta maestra?

El proceso comienza dentro de la clase misma de mujeres. La maestra de la clase, debe observar entre sus alumnas que ya han cursado el discipulado, identificar los dones o habilidades de ellas, sus puntos fuertes y débiles, su disposición y espíritu de trabajo. Debe decidirse por seleccionar a algunas, para comenzar. Luego, debe hablar con ellas y proponerles el asunto. Si ellas se muestran interesadas, debe entonces acudir al pastor e informarle que hay hermanas dispuestas para realizar trabajo de discipulado en cuanto haya oportunidad. La maestra de la clase de mujeres debe brindarles ayuda y asesoría si es necesario. A veces, inconcientemente, las hermanas designan en su mente a la maestra de discipulado. Piensan cosas como esta: “ya se sabe que la esposa del pastor es la que va a discipular a las nuevas creyentes; yo no tengo nada que ver en eso porque, es trabajo de ella.” Esta idea está equivocada, y no es necesario detallar por qué.

4.- ¿Cómo debe hacer su trabajo esta maestra?

Normalmente, a un nuevo creyente no se le ofrece el discipulado el mismo día de su profesión de fe. Hay pastores que recomiendan esperar unas cuantas semanas para ver la conducta de este nuevo convertido antes de informarle que existe un curso de discipulado para él o ella. En todo caso, es la recomendación del pastor de cada iglesia la que debe considerarse.

La maestra de discipulado debe fijar un horario y destinar un día específico para reunirse con la persona con la que va a estudiar. Este día y hora deben considerarse INAMOVIBLES; si en alguna ocasión la reunión no puede hacerse, debe haber una causa justificada para ello.

La maestra puede usar el material con que ella misma estudió, pues es el que mejor conoce. Si la Iglesia adquiere nuevos materiales de discipulado, antes de implementarlos, deben ser estudiados por el pastor y los maestros de escuela dominical, por si hay que hacer correcciones, pues, ya sabemos que es difícil encontrar material que esté totalmente apegado a la Biblia.

La maestra puede incluir en su programa de trabajo, una reunión especial con su discípulo(a). Esta reunión no será para estudiar sino para socializar, para tener compañerismo. Puede invitarlo(a) a su casa, o visitarlo(a) en la suya. Si es un niño o niña cuyos padres no van a la iglesia pero dieron su autorización para que se le impartiera  el discipulado, sería muy útil presentarse a ellos y entablar alguna clase de relación.

Si todo sale bien y el discípulo(a) concluye el curso, la maestra debe hacerle un reconocimiento por su perseverancia, si quiere, puede obsequiarle un libro que le convenga o cualquier otra cosa; en todo caso, debe alegrarse de forma especial con su alumno(a); de parte de la iglesia, se le podría entregar un pequeño diploma. Esta última sugerencia, es muy especial para los niños, pues a ellos les gusta que se les reconozcan sus logros. En todo caso, el principal compromiso de la maestra es instruir y entrenar. De ninguna manera estoy afirmando que la maestra está obligada a hacer regalos e incurrir en gastos que le provoquen inconvenientes. Si eso pasa, el discipulado para ella se convertirá en una carga demasiado pesada y no le gustará involucrarse en eso.

5.- ¿Cómo saber qué maestra puede trabajar con determinado alumno?

Algunas hermanas de nuestras congregaciones se dan a la maravillosa tarea de animar a los tímidos para que hagan pública su profesión de fe. Sería muy lindo que, la misma persona que me animó a hacerlo, fuera mi discipuladora.

En otras situaciones, esta nueva convertida, ya tenía una amistad anterior con alguna de las mujeres de la iglesia. Sería conveniente que esta amiga, la discipulara.

Hay también casos en los que las personas manifiestan interés porque alguna hermana específica sea su maestra, lo cual también puede resultar bien.  Todo debe ir encaminado a que en el desarrollo del curso, el discípulo(a) se sienta en confianza con su maestra.

Pensé que es necesario ahondar más en el tema del discipulado porque, es un campo de trabajo más amplio en el que todas pueden involucrarse. No todas pueden ser maestras de escuela dominical, pero casi todas, pueden acabar siendo maestras de discipulado.

Creo definitivamente, que las iglesias ganan muchísimo al instruir las mujeres de su membresía. Nunca tendré palabras suficientes para describir el bien que se hace a sí misma una congregación cuando cuida de la instrucción y entrenamiento de las mujeres que la componen. De los brazos de ellas saldrán los líderes que estarán al frente en el futuro. Instruirlas a ellas en la piedad y el conocimiento de Dios, es invertir en el futuro de la Iglesia.

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