Archivo | diciembre 2010

Una reflexión sobre los frutos del Espíritu (parte1)

Clase de Mujeres Iglesia Bautista Colonia Ayestas

Gálatas 5:22-23 nos da la maravillosa lista de características que deben sobresalir en la vida de un nacido de nuevo. Brevemente, preparamos unos pensamientos acerca de esos frutos del Espíritu Santo. Los primeros tres, se refieren a nuestra relación con Dios.

1.- AMOR: I Corintios 13:4-8 nos da las características del verdadero amor; lo que es y cómo se comporta. Podemos y debemos mostrar amor hacia nuestros hermanos. Cuando hablamos de esto, pensamos en Gálatas 6:2, sobrellevando junto con ellos sus cargas y pesares; haciéndonos presentes cuando ellos están en dificultades. Tenemos el ejemplo de Dorcas, que tenía una habilidad (costuraba), y la ponía al servicio de los hermanos, especialmente de las viudas, y lo hacía con esmero y amor. Pero la principal clase de amor que debemos tener, es hacia el Señor. Este amor debería nacer de nuestros corazones agradecidos, al saber que él nos amó primero, siendo nosotros malos.

Deuteronomio 6:5 nos dice cómo debemos amar a Dios, cómo merece él ser amado por nosotros. Zaqueo, antes de convertirse, tenía su amor puesto en sus riquezas… cuando conoció a Cristo, su amor cambió de lugar, y se enfocó en el Señor. Así también nosotras, debemos tener la misma actitud, dejando de amar todo aquello que nos impide amar a Dios como debemos.

2.- GOZO: El gozo del Señor es nuestra fortaleza. Los creyentes no tenemos otro gozo ahora, que el que nos da Dios. Debemos gozarnos entre los hermanos, junto con ellos. Los creyentes sentimos gozo cuando cantamos juntos al Señor en congregación, cuando vemos cómo cada uno de nosotros voluntariamente nos ofrecemos para trabajar en la obra, cuando leemos la Palabra y cuando presenciamos la profesión de fe de alguien. El Apóstol Pablo se gozaba con los hermanos que eran cuidadosos de la doctrina; también el Apóstol Juan dice en III Juan 4, que se gozaba de saber que los creyentes andaban en la verdad. El gozo del Señor permanece a pesar de las dificultades que pasemos.

3.- PAZ: Es tranquilidad en nuestras vidas, que viene de nuestra confianza en el Señor. Salmo 4:8. En estos días tan turbulentos, es Dios solamente, el que nos puede dar la paz que necesitamos. Cuando Pablo y Silas estaban presos en Filipos, ellos estaban tranquilos; tanto, que hasta cantaron himnos al Señor. A pesar de la prueba que estaban pasando, no estaban angustiados, histéricos… sino llenos de paz. Es casi seguro que los demás presos estaban extrañados de esa actitud de ellos… ¿Cómo podían estar cantando en esa situación tan terrible? Pues, la Biblia dice que la paz que Dios da, sobrepasa el entendimiento humano. No esperemos que nos entiendan, pero sí, que noten cuando nos vean, la clase de Dios que tenemos y la paz que da confiar en su poder.

Honrando al Señor con nuestro hablar

Por: Jessica Cerrato de Flores

Eclesiastés 5: 1-2 “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate mas para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios;…. Por tanto sean pocas tus palabras”

Cuando leo esta porción de la Biblia me parece que tiene una dedicatoria especial, como si dijera: “mujeres, cuando fueren a la casa de Dios…” No necesito explicarles por qué ¿verdad?…

La Biblia aquí  nos da un mandamiento que nosotras olvidamos con facilidad y es acerca de la prudencia al hablar y de comprometernos apresuradamente con nuestras palabras.  En muchas ocasiones, por emoción o quizás por “sobresalir” (Dios quiera que no sea así con nosotras), nos comprometemos a hacer cosas que en realidad no podremos cumplir, ya sea porque son tantas las actividades en las que estamos participando que no nos alcanza el tiempo, o porque solo aceptamos por emoción, sin pensarlo bien  y fallamos convirtiendo nuestras palabras en lazo para nosotras mismas.

Recordemos lo que nos dice Eclesiastés 5:5-6 “mejor es que no prometas y no que prometas y no cumplas, no dejes que tu boca te haga pecar…” para no caer en este pecado, antes de abrir nuestras bocas, oremos al Señor y pensemos; hagamos números, saquemos cuentas, miremos nuestras posibilidades y disposición para hacer aquello en lo que nos estamos enrolando; recuerde que una vez que ya haya hablado, tendrá que cumplir con lo que dijo. La Biblia así lo manda: que nuestro sí debe ser sí, y nuestro no, no; si no es de esta manera, seremos como algunas madres malvadas que ofrecen a sus hijos castigo cuando se portan mal y no los cumplen… eso es ser realmente malvadas con esas pobres criaturas…

Pero quizá usted podría decir: “yo soy prudente al hablar y no me comprometo en cosas que no voy a cumplir”. Muy bien, la felicito; pero hay otra forma de ofrecer el “sacrificio de los necios” que nos dice esta porción y es, cuando entonamos himnos o cuando oramos.

¡¡¡Si!!!, la Biblia nos exhorta a cantar con entendimiento, o sea  que, debemos entender y  razonar lo que cantamos para Dios, no sea que mientras cantamos, estemos mintiendo a Dios en su presencia. Usted se preguntará cómo podrá ser esto; bueno, imagínese que usted está cantando: “Cristo es mi dulce Salvador…. cuando estoy triste encuentro en él Consolador  y amigo fiel”… pero usted, al venir las pruebas y tristezas a su vida, no encuentra ningún consuelo que le ayude a sobrellevarlas. ¿Cómo concuerda lo que hace y lo que dice en sus cantos? A veces cantamos: “Feliz cantando alegre yo vivo siempre aquí; si él cuida de las aves, cuidará también de mi”… y  usted es una persona que pasa todo el tiempo malhumorada, gritándole a todo el mundo etc. ¿Será cierto lo que le cantamos a Dios?

O cantamos: “cuando estás cansado y abatido dilo a Cristo” pero en realidad, nos guardamos nuestros sufrimientos y preocupaciones y no se las decimos al Señor en oración, si no que queremos resolverlas por nuestros propios medios. O, qué le parece cuando cantamos: “da lo mejor al maestro…” o “Cristo no yo, que solo El sea honrado”, y en la práctica, le estamos dando al Señor lo que nos sobra de nuestro tiempo o de nuestras riquezas que él nos ha dado, y de remate estamos buscando que nos miren a nosotras y no a Cristo; que seamos honrados nosotras y no Cristo. Ahora pregunto ¿quién de nosotras no ha pecado de esta manera? Creo que todas somos culpables de esto.

Pero hermanas, no quiero decir con esto que dejemos de cantar al Señor, no es esa mi intención. Tampoco que nos retiremos de los compromisos que la obra del Señor requiere, solo porque, convenientemente en muchas ocasiones, nos parece que “no vamos a poder cumplirlos”

Lo que quiero con esto es motivarlas a reflexionar sobre este asunto; que pensemos si estamos siendo prudentes cuando hablamos (o cantamos).  Esforcémonos en hacer todo aquello que expresamos con nuestra boca; pensemos cuáles son nuestras motivaciones al hablar y al comprometernos y sobre todo, que en nuestro corazón siempre exista el deseo sincero de trabajar en la obra de Dios, para que el Señor Jesucristo crezca y  nosotras mengüemos, como dijo el profeta más grande que ha existido.

Nunca dejemos que en nuestro interior exista el deseo de tomar la honra que solo a Dios pertenece, y nosotras mismas, honrémosle cuidando nuestros labios al hablar.

Mi suegra y yo

Por: Rebeca Claros de Argüelles

Cuando yo digo que la relación con mi suegra es excelente, algunas mujeres me miran con incredulidad, pero cuando digo que ella tiene más de 25 años de vivir en Estados Unidos, su incredulidad se convierte en diversión.  Me da la impresión de que para llevarse bien con la suegra algunos piensan que es necesario que haya suficiente distancia de por medio; sinceramente creo que eso no debe ser así.

Conviví bajo el mismo techo con ella únicamente cuatro meses, pero fueron suficientes para aprender de ella muchas cosas que posiblemente en el momento que se dieron, no me fueron agradables, pero que con el tiempo las aprecié con todo mi corazón porque fueron fundamentales para la estabilidad de mi matrimonio.

¿Qué hizo mi suegra para que yo la ame y la respete y aún esté dispuesta a albergarla junto a mí si ella lo necesitara?

a.- Siempre oró al Señor por la conversión de mi esposo y la mía.

b.- Respetó las decisiones que tomábamos como pareja aunque no le parecieran las más correctas.

c.- Se propuso recordarle a su hijo que el deber primario de él era su nueva familia.

d.- Mantenía una relación personal con nosotros sin llegar a la intromisión ni al abuso.

e.- Me ama y  ama a mis hijos.

f.- Quitó de la mente de su hijo cualquier idea de quedarnos a vivir con ella, porque ella decía: “El casado, casa quiere”.

g.- Cuando mi esposo, Julio Argüelles Carranza, fue llamado al Ministerio del Pastorado, ella contribuía económicamente con él, aunque nosotros le decíamos que no tenía por qué tomarse esa molestia; pero ella respondió que nadie le podía quitar el privilegio de ayudar aunque fuera con un poquito a un siervo de Dios; después de recibir semejante respuesta, nunca más le volvimos a decir que usara su dinero para ella sola.

Hay muchas cosas más que podría decir de ella, pero estas son las que marcaron mi vida.

Tuve un matrimonio feliz; mi amado esposo ya está gozando de la presencia de su Salvador, pero yo, agradezco a Dios y a esa bella anciana, que ya tiene más de 85 años, que con amor y constancia oró cada día hasta ver realizado el anhelo de su corazón, y ver nuestra familia rendida a los pies de Cristo.

COMO UN TRIBUTO A MI AMADA SUEGRA Y HERMANA EN CRISTO, ANTONINA CARRANZA.

San Pedro Sula, 31 de Mayo 2010

 

La esposa creyente y su desempeño en el hogar

Por: Shirley Núñez de López

En la Biblia encontramos los nombres de varias mujeres que obedecieron a Dios, así como los de otras, que no lo hicieron. ¿Qué ejemplos debemos imitar? La respuesta obvia es, que debemos imitar a las mujeres que obedecieron al Señor. Y hablando de ejemplos, deseo considerar con ustedes, el ejemplo de la mujer descrita en Proverbios 31, de la cual, no tenemos un nombre. Cualquiera de nosotras podría ser ella.

“Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua.” (Pr 31.26). El Señor llama a cada mujer creyente a ser maestra del bien, no solo en la iglesia, sino también en su hogar. Sabemos bien que uno de los propósitos con que Dios nos creó es, que fuéramos ayuda idónea para nuestros esposos; a ellos debemos respeto y obediencia, porque les amamos a ellos, pero aún más importante, porque amamos al Señor.

“El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias.  Le da ella bien y no mal todos los días de su vida.” (Pr 31.11-12). “…con voluntad trabaja con sus manos.” (Pr 31.13). “Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso.” (Pr 31.20). “Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir.” (Pr 31.25). “Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba…” (Pr 31.27-28).

La esposa creyente debe velar por el bienestar físico, económico y emocional de su familia, y dentro de nuestras posibilidades, también velar por el bienestar de otros, como la mujer de Proverbios 31. En lo económico, específicamente, me refiero a ser economizadoras, tener el hábito del ahorro, pensando en el mañana.

“…De lino fino y púrpura es su vestido.” (Pr 31.22). (Estas eran las telas más finas que se conocían en el tiempo en que fueron escritos estos pasajes). También, el hecho de que seamos creyentes, no quiere decir que debemos descuidar nuestra presentación personal… todo lo contrario. Pero nuestro arreglo personal debe ser pudoroso y modesto, tal como la Biblia lo dice, cuidando principalmente nuestra belleza interna, que es la que verdaderamente vale para el Señor, y la que realmente nuestros esposos, apreciarán más.

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.”  (Pr 31.30).

 

 

Terremotos Haití y Chile

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

No podemos dejar de considerar en nuestros corazones lo que sucedió en Enero 2010 en Haití y en Febrero en Chile… terribles terremotos azotaron ambos países, dejando tras sí, una larga lista de fallecidos y heridos.

¿Qué podemos decir o pensar ante esta situación? Como creyentes debemos tener una posición al respecto, porque, los incrédulos ya tienen la suya, y como sabemos, ellos le echan la culpa de todo al Señor. Dicen, como siempre: “¿Por qué Dios permite estas cosas?… ¿realmente Dios existe? Y si existe, ¿Dónde está? ¿Por qué mandó esta desgracia sobre tantas personas?”

Lo cierto es que ellos juzgan mal a un Dios a quien no conocen; no pueden saber sus planes porque no quieren tampoco saberlos, y aún así alzan contra él sus puños y cuestionan su proceder.

A mi modo de ver, este acontecimiento nos deja varios aspectos para meditar:

I.- CREYENTES, ¡¡COBREN ÁNIMO!!

Al decir esto, me vienen a la mente los versos de ciertos cantos nuestros: “Ya las señales cúmplanse todas…”, “Ved en la tierra los aires y el mar, grandes señales cumpliéndose ya; todo indicando que pronto vendrá nuestro glorioso Señor.” “Odio y guerras por doquier, violencia y maldad; no dudemos más: vendrá el Buen Señor… Todo proclama con poder; las señales anuncian ya el fin; atención, la vista levantad… la redención muy cerca ya está”. Para los creyentes esto es el anuncio de que nuestra reunión con el Salvador, está más cerca cada segundo. Hermanas, no nos extrañemos; Jesús nos lo advirtió: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos…” (Mr 13.8). Estoy segura que nuestros hermanos en Chile y Haití, piensan en estas palabras, y aunque su dolor y pérdida sean grandes, ellos saben la procedencia y significado de estas cosas; no están perplejos y desconcertados. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Ro 8.18-19). ¡Alcemos la vista hermanas! El día que tanto esperamos, está más cerca que nunca. “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha…” (2 P 3.13-14).

II.- DESTRUCTORES ¡TIEMBLEN!

…tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar… y de destruir a los que destruyen la tierra.” (Apoc. 11:18). Lo acepten o no… Dios ajusta cuentas con los destructores, ahora mismo o en el futuro cercano. Para nadie es un secreto que la mayoría de los desastres naturales que estamos viendo, son producto de nuestro mal manejo de los recursos que Dios nos dio para administrar. ¿Con qué derecho abusamos de estos valiosos recursos y maltratamos el planeta de Dios? Hasta ahora, jamás nos ha cobrado por el aire que respiramos, o ha limitado la cantidad de pasos que podemos dar sobre SU TIERRA… pero la factura viene en camino.

Lo peor del caso, es que muchos destructores son de los primeros en juzgar a Dios y acusarlo por las tragedias que ocurren. Citan la Biblia y nos reclaman a nosotros los creyentes. Dios tiene una respuesta para ellos también, por su atrevimiento: “Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras. Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.” (Salmo 50:16-17 y 21).

Dios también pondrá frente a ellos sus maldades si no se arrepienten; le han ignorado todo el tiempo, y ahora creen que tienen derecho de criticarlo. A pesar de la insensatez de ellos, Dios, en su amor, tiene solo un mensaje que darles ahora: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta…” (Isaías 1:18).

Querida lectora, aunque usted no se cuente a sí misma entre los destructores de la tierra, si es inconversa, Dios es su enemigo. Dios la llama a cuentas; su deseo no es destruirla. Arrepiéntase de sus pecados y reciba a Cristo como su Salvador hoy mismo.

Nosotras y nuestros hermanos de Haití y Chile, sabemos cómo será el fin de esta Creación en la que ahora vivimos. Toda será consumida para dar lugar a una nueva y perfecta Creación, como fue al principio. Los creyentes y solo los creyentes viviremos en ella… ¿Y usted?

Oremos por nuestros hermanos haitianos y chilenos, pero especialmente por los inconversos de ese lugar. Que a través de este suceso, sus ojos sean abiertos y descubran que ya no deben seguir un minuto más enemistados con Dios.

Corrientes

Por: Sinaí Ríos Ramos

En la mayoría de lugares que frecuentamos por cualquier razón, nos enfrentamos a diferentes pruebas, por ejemplo: yo apenas estoy en el colegio y a pesar de eso ya tengo que lidiar con muchas pruebas. A lo mejor más de alguna se preguntará “¿qué pruebas puede tener una joven en el colegio?” pero aunque sea difícil de pensar, es así; las pruebas que yo tengo, talvez, no sean tan grandes o similares a las de muchas de ustedes, pero siempre son pruebas. Por ejemplo: Una prueba para mi puede ser, no dejarme llevar por los que otros dicen o hacen; la mayoría de mis compañeros no usan un lenguaje apropiado, sus temas de conversación no son los más adecuados,… etc. También hay situaciones que para nosotras las jóvenes pueden ser difíciles, como el caso de nuestra manera de vestir.  Sé por la palabra de Dios cuál es la manera correcta de vestir  (Dt. 22:5,  I P. 3:3-5) Pero la mayoría de mis compañeras no entenderían esto por más que tratase de explicárselos. Agradezcamos a Dios la dicha de poder entender su Palabra, aunque ésta para el mundo pueda ser exagerada, anticuada y hasta ridícula. Pero muchachas, ¡!!no desfallezcamos!!! , no caigamos en la trampa que el mundo tiene. Agradezcamos más bien la dicha por poder conocer al Señor, sintámonos las jóvenes más felices del mundo por tener el regalo más grande que es la Salvación, no por ser mejores, sino por la misericordia de Dios. Así que, no tenemos nada que envidiar en este mundo. Pero alguien se puede preguntar: “¿Qué podemos hacer cuando aparecen las pruebas?” En este caso podemos  hacer dos cosas: a) ORAR  esto es lo mejor que podemos hacer, ya que el Señor en su perfecta sabiduría nos dará aliento y la respuesta a nuestras dudas. b) Pedir CONSEJO a nuestros padres, o a hermanas que sean fieles y que pueden darnos un consejo apegado a la Palabra de Dios. Pero sobre, todo, estemos dispuestas a OBEDECER ese consejo.

También recordemos que el ser diferentes nos puede traer muchas  oportunidades de compartir de Cristo con los demás, por ejemplo: En el colegio en que estudio tienen ciertos días al que se les llama “blue jeans”  que consiste en que los alumnos vayan con pantalón “jean” ; en estos días yo voy con mi uniforme diario y muchos me preguntan por qué voy así; ahí encuentro una gran oportunidad de poder hablarles de los cambios que hizo Dios en mí; no tengo motivo alguno para sentirme triste por esto.  Recordemos que Dios nos dice “vosotros sois la luz del mundo…” (Mat. 5:14)  Así que no vivamos piadosamente para agradar a nuestros padres o a los hermanos de la Iglesia, sino porque a Dios le agrada que le obedezcamos viviendo como  El nos manda.

Este mensaje no es solamente para las muchachas, también es para las madres; recuerden que nosotras, sus hijas, tenemos pruebas, y que la mayor parte de tiempo necesitamos de sus consejos y palabras que nos animen.

Así que recordemos, no nos dejemos llevar por las corrientes de este mundo, sino pongamos nuestra mirada en el Señor.

 

 

El Lenguaje en los niños

Compilado por: Katherine Cerrato de Flores

Los niños aprenden a entender el lenguaje antes de aprender a hablarlo.

  • 0-6 meses: lo primero que aparece es el grito al nacer.
  • 7-11 meses: el niño escucha mucho y repite.
  • La primera palabra puede darse a los 8 meses dependiendo en cada niño.
  • 12-18 meses: es la etapa de las palabras.
  • 18-24 meses: ya es capaz de decir frases de dos palabras.

¿Desde cuándo debieran empezar los padres a estimular la adquisición del lenguaje?

Desde el nacimiento… y algunos dicen que desde antes. Es importante desde muy temprano hablarle suavemente, cantarle, emplear palabras simples, usar la repetición y hacer mucho contacto visual, además de expresarles emociones: “mi niñita preciosa”, “te quiero mucho”. Esto contribuye a establecer tempranamente la relación con el papá y la mamá.

Desde el embarazo se puede hablar al bebé y él irá reconociendo y distinguiendo la voz de su madre, hasta el punto de llegar a reconocerla entre muchas mujeres.

El desarrollo del lenguaje oral es uno de los logros más naturales e impresionantes de los niños. Este compendio recapitula el proceso y la mecánica envuelta en el desarrollo del lenguaje, así como las implicaciones prácticas.

El aprendizaje del lenguaje tiene etapas muy claras. Entre los 0 y 6 meses, los niños comienzan a vocalizar, balbucear y decir sílabas. Al año comienzan a nombrar a las personas a su alrededor: mamá, papá, el nombre de hermanos. Luego continúan con los objetos animados (perro, gato) y aparecen algunas palabras sociales (chao, hola). A los 18 meses ya manejan sustantivos. Los primeros son partes del cuerpo, por lo que a esa edad pueden mostrar su nariz, ojos, orejas.

Cuándo y cómo se aprende el lenguaje

Casi todos los niños aprenden las reglas del lenguaje a una edad temprana a través del uso, y a lo largo del tiempo, sin necesidad de tener instrucción formal. Por lo tanto, una fuente del aprendizaje es la genética. Los seres humanos nacen para hablar; ellos tienen una habilidad innata para descubrir las reglas del lenguaje que se utiliza a su alrededor. El ambiente en sí mismo es también un factor significativo. Los niños aprenden la variedad específica de lenguaje (dialecto) que hablan las personas importantes alrededor de ellos. Sin embargo, los niños no aprenden por imitación solamente.

Incluso antes de que aprendan a usar palabras, los bebés lloran y gesticulan para comunicar significados; y a menudo ellos entienden el significado de las comunicaciones que emiten otras personas. Por tanto, la meta de aprender el lenguaje y de interactuar socialmente no es dominar las reglas, sino hacer conexiones con otras personas y darle sentido a las experiencias (Wells, 1986).

En conclusión, el lenguaje aparece gracias a una interacción entre genes (los cuales guardan tendencias innatas para comunicarse y para ser sociable), el ambiente, y las propias habilidades para pensar de los niños.

Siempre es difícil contestar cuándo los niños desarrollan estas habilidades. En general, los niños dicen las primeras palabras entre los 12 y los 18 meses de edad. Ellos comienzan a usar oraciones complejas entre los 4 y los 4 1/2 años. Para el momento en que comienzan el kinder, los niños ya conocen la mayoría de los principios fundamentales de su lenguaje, y son capaces de conversar fácilmente con alguien que hable como ellos (es decir, en su dialecto). Como con otros aspectos del desarrollo, la adquisición del lenguaje no es predecible con exactitud. Un niño puede decir la primera palabra a los 10 meses, otro a los 20 meses. Un niño puede usar oraciones complejas a los 5 1/2 años, otro a los 3 años.

Promoviendo el Desarrollo del Lenguaje

Los padres y los cuidadores de niños necesitan recordar que el lenguaje en la mayoría de los individuos se desarrolla muy eficientemente. Los adultos deben tratar de evitar enfocarse en los “problemas” del lenguaje, como la falta de habilidad de pronunciar palabras que los adultos pueden pronunciar. La mayoría de los niños aprenden a pronunciar bien esas palabras difíciles, que solo constituyen un segmento muy pequeño del repertorio total de palabras del niño. Sin embargo, si pareciera que una niña no oye lo que otras personas le dicen, si los familiares y amigos tienen dificultad entendiéndola, o si sus habilidades comunicativas son notablemente diferentes a la de otros niños de su misma edad, entonces es recomendable que los adultos busquen consejo de especialistas en el lenguaje, habla, y audición de niños.

Recuerde que los padres, los cuidadores de niños, los maestros y los guardianes son las principales personas que fomentan el desarrollo del lenguaje.

Los niños aprenden mucho unos de los otros, pero los adultos son los conversadores principales, haciendo preguntas, escuchando, respondiendo, y manteniendo y estimulando el lenguaje dentro de un centro de cuidado diario o de un salón de clases.

Continúe estimulando la interacción a medida que los niños aprenden a entender el lenguaje escrito. Los niños en los grados primarios pueden seguir desarrollando las habilidades y destrezas orales cuando se consultan entre sí, hacen preguntas y proveen información dentro de una variedad de situaciones. El lenguaje promueve cada área del programa de estudio, por lo que los salones llenos de estudiantes activos raramente se mantienen silenciosos.

Como creyentes debemos a todo momento considerar los principios y consejos de la palabra de Dios, y si unidos a estos principios aplicamos algunos conocimientos científicos podemos lograr cosas importantes en nuestras vidas y en las vidas de nuestros familiares principalmente de nuestros niños.

En ese aspecto cuando consideramos el lenguaje en los niños y todos los principios y conocimientos a los que la ciencia a través de estudios ha llegado, nos damos cuenta de la infinita sabiduría de nuestro Dios y de la absoluta verdad plasmada en su Palabra. Es por eso que los hijos de Dios debemos poner siempre primero el consejo de su Santa Palabra. Es realmente triste cuando escuchamos a uno de los hijos de padres creyentes decir malas palabras o escuchar quejarse a los mismos padres de los vocabularios de los niños; pero, ¿Qué responsabilidad han tenido los padres en esas circunstancias? En los párrafos anteriores se ha mostrado como los niños incluso desde antes de su nacimiento perciben sonidos y tonos, y cuando son bebés y a medida que crecen, son como pequeñas esponjas que absorben la información y formas de comportamiento de su entorno. En ese sentido debemos tener cuidado con las expresiones y palabras que nuestros niños escuchan, en ese aspecto es absolutamente recomendable rodearles de la palabra de Dios.

Deuteronomio 6:5-7 manda a todo creyente a guardar la palabra de Dios en su corazón y trasmitir estos conocimientos y enseñanzas bíblicas a los niños, en los cultos, en las clases de escuela dominical, pero sobre todo en las casas pues, la responsabilidad principal es de los padres. De esta manera lograremos en nuestros niños corazones en los que abunde la palabra de Dios y recordemos sobre todo lo que dice Lucas 6:45 “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Bibliografía:
David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University http://www.diario.elmercurio.cl