Archivo | enero 2011

La Música

Por: Sinaí Ríos

Salmos 147:1 “Alabad a JAH, porque es bueno cantar salmos a  nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza”

Este versículo me gusta recordarlo, sobre todo cuando escucho que a algunas personas les parece bien que el rock, reggaetón, merengue y otros géneros  similares, hayan  llegado a sus congregaciones. La segunda parte del pasaje dice: “… Porque suave y hermosa es la alabanza.” Nos lo dice muy claro: suave y hermosa. ¿Acaso podemos encontrar algo de hermoso en estos géneros musicales?, creo que no. Algo que me hace meditar y reflexionar es el hecho de que a estos géneros musicales, si se les puede llamar así, ahora también se les agrega el término “cristiano”.  ¿Cómo es esto posible? Los creadores originales de estos ritmos, ¿Acaso los crearon para la honra y gloria de Dios? ¿Podemos creer que cuando compusieron estos ritmos no estaban pensando en una música destinada a dar rienda suelta a las pasiones humanas?

En la Biblia y en la Iglesia verdadera se nos ha enseñado que toda gloria, honra y honor son para el Dios Todopoderoso, pero en cambio, el mundo enseña que la música que actualmente se escucha es para placer carnal del ser humano, enriquecerse, hacerse famoso etc. Lamentablemente esta música está llegando a hogares cristianos, e Iglesias. ¿Por qué o cómo ha sucedido esto?, bueno la respuesta es muy sencilla: en este tipo de Iglesias lo más importante es lo que la gente quiere, no lo que Dios quiere. No les interesa aprender lo que Dios requiere para que una Iglesia sea aprobada; allí lo más importante es lo que la gente quiere, tener gran cantidad de personas, incrementar los ingresos etc., y para conseguir sus objetivos son capaces de hacer cualquier cosa. Cierto día escuche a una persona decir “Este tipo de música la utilizamos como un anzuelo para traer más gente para Cristo”.

Primer error… no se deben tener anzuelos para atraer a la gente a Cristo; tal vez en el momento funcionen pero, tarde o temprano la gente se aburre y vuelve a lo mismo. Esto no sucede cuando la persona llega a la Iglesia por los motivos correctos, que es cuando realmente el Espíritu Santo hizo un cambio en la vida de esa persona, no por un “anzuelo”. Segundo error… nosotros no traemos a la gente; ese trabajo sólo Dios lo puede realizar. Sólo Él puede hacer esa obra en una persona, sólo Él y nadie más; nosotros solo somos un instrumento para llevar su palabra a oídos de la gente pero Dios hace el trabajo, así que, esta excusa que nos plantea el mundo para justificar el hecho de que hayan vuelto a su vieja naturaleza comenzando por sus gustos musicales, no tiene fundamento Bíblico alguno. El tercer error en el que actualmente están cayendo muchos cristianos, y hasta algunos bien intencionados es, que están comenzando a escuchar música “cristiana” cuyos cantantes, a mi parecer, suelen vanagloriarse de la fama de la que gozan y el ambiente de sus conciertos, no tiene nada que envidiarle a los conciertos de cantantes inconversos, tales como Jesús Adrián Romero, Alex Campos, Marcos Witt etc. Ellos cantan música catalogada cristiana, y con base en esto, muchos se dejan llevar; pero si escuchamos con cuidado sus letras podremos observar que no son muy diferentes a la mayoría de canciones populares.

Las canciones populares hablan de amores perdidos, amores imposibles, nuevos amores, lo que no pudo ser, el cambio que hizo ella ó él en sus vidas etc. Las letras de estos cantantes “cristianos” también se pueden aplicar a estos tópicos; son absolutamente neutrales, no mencionan los nombres del Señor, por ello, son adaptables. Las puede cantar el inconverso y también uno que dice ser creyente. El problema es que las personas dicen: “Pero es cristiano, así que no es malo”. Pero, ¡atención! no todo lo que brilla es oro… tengamos sentido crítico en este tipo de cosas y no nos dejemos llevar por diversas opiniones. Espero hermanas, que en nuestras Iglesias nunca suceda esto, sino que seamos Iglesias sin mancha, dignas de ser presentadas ante el Señor, como nos dice la Biblia: Efesios 5:27 “… una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.”; II Timoteo 2:15  “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”; II Timoteo 2:19b “Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo “. Amadas hermanas, mi deseo es que nunca lleguemos a caer en estos errores; para evitarlo inquiramos cada día más en nuestro manual de vida, la Biblia.

El verdadero valor de la sabiduría

Por: Débora Contreras

Cuando un joven se dirige a un viejo para recibir un consejo, bebe de la fuente de la sabiduría que da la experiencia”. Demasiadas veces los jóvenes creemos  que los viejos sólo conocen la sabiduría de los tiempos pasados y de ese modo no sacamos provecho de ella. Estas palabras las leí hace varios años en un libro que se nos pidió leer en una clase que llevé en la universidad; palabras que me hicieron recordar a mis padres, a mis viejitos como les digo de cariño, quienes lucharon por prepararme a pesar de que cuando yo nací, ellos ya tenían una edad avanzada, pero aún así, unieron fuerzas y pusieron en marcha esa lucha, la cual agradezco cada día, porque el Señor les concedió mas años y les dio sabiduría para poderme criar en el temor de Dios.

La verdad es que ese libro que leí no es una guía de consejos para jóvenes; es más bien un manual que da pautas a los empresarios para poder amontonar riquezas. Pero meditando en estas líneas en especial, pensaba en la relación de los padres con los hijos; en cómo se ha ido perdiendo esa unión de familia, en cómo los padres han olvidado el disciplinar a sus hijos con sabiduría y han perdido la admiración de sus hijos.

Como toda hija, fui disciplinada por mis necedades; corrección que en aquel tiempo no me gustó, pero hoy entiendo claramente cual era el propósito de mis padres al imponerme tal corrección y castigo cuando desobedecía…desde pequeña fui instruida por mis padres a través de una guía perfecta, que es la Palabra de Dios; en ella encontramos el mayor tesoro que sobrepasa a las riquezas.

Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Proverbios 4:7). Es admirable cómo el Señor bendijo a Salomón cuando él le pidió que le diera un corazón sabio y entendido para gobernar al pueblo. Esta misma obra puede hacer el Señor en nosotras, si ponemos nuestra vida en sus manos; si todo aquello que hacemos es para su honra y su gloria, pensando siempre en cuál es su voluntad y que en su momento, se nos añadirán todas aquellas cosas que hemos pedido y esperado con paciencia y prudencia. Salomón también escribió el libro de Proverbios en el que se nos demanda a buscar constantemente la sabiduría y podemos leer en casi todo el libro cuántas veces menciona la frase: “Hijo mío”,  exhortándolo a la obediencia, a la prudencia, a tener cuidado de si mismo, a ser temeroso de Dios, etc.

Este libro de la Biblia es un manual perfecto para que los padres lo usen para la crianza de sus hijos y a la vez para los jóvenes, quienes deben conocer razones prudentes para saber enfrentarse a la maldad de este mundo. Todo buen padre y toda buena madre desea ver a sus hijos preparados, académicamente hablando, algo que es beneficioso en la actualidad, ya que vivimos en un mundo lleno de exigencias profesionales, pero el problema surge cuando los jóvenes están centrados en conseguir lo que desean siendo exitosos en su vida profesional, buscando agradar al mundo con lo que están alcanzando y en la mayoría de los casos, estos muchachos no sienten la necesidad de buscar a Dios o para colmo, se alejaron de la Iglesia y de las enseñanzas de sus padres, ya que  se encuentran acomodados con la vida que llevan. “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios… (I Corintios 3:19)

Los padres no entienden a veces por qué sus hijos se alejaron de Dios y siendo tan jóvenes no le encuentran sentido a la vida; sus hogares se volvieron un campo de batalla por la rebeldía de los hijos. Pero es aquí donde surgen algunas preguntas para los padres,  ¿alguna vez le enseñó a su hijo(a) cuál es la diferencia entre la sabiduría de Dios y la Sabiduría del mundo?  ¿Cómo se ha asegurado de que sus hijos podrán ser firmes en las convicciones cristianas que fueron inculcadas en el hogar, sin tener que depender siempre de usted? ¿Está siendo ejemplo en la formación del carácter de sus hijos? Recuerde que los padres  son los primeros maestros y el hogar debe ser la mejor escuela para sus hijos… el lugar acogedor en que ellos encuentren estabilidad, confianza, consejo, disciplina, corrección, amor, respeto, admiración, pero sobre todas las cosas temor a Dios y aprender a confiar en sus promesas esperando el tiempo de Dios.

Para concluir, en primer lugar quiero decirles a los padres: nunca cesen de darles consejos a sus hijos; enséñenles a elegir sus amistades (Prov. 13:20). Críen hijos con carácter firme que defiendan la verdad y permanezcan en ella (Prov. 1:10; Fil. 4:8-9; Stg. 1:8). Permítales ser ellos mismos, admire sus virtudes y corrija aquello que según la Biblia, no parece bueno. Ese joven o esa jovencita son imperfectos, llenos de defectos y cualidades al igual que usted. Sea ejemplo para sus hijos; si ellos ven que usted en sus prácticas contradice lo que les enseña, tenga por seguro que ellos no sabrán tomar decisiones y serán inconstantes en sus caminos. En segundo lugar quiero decirle a los hijos(as): cuando nuestros padres nos dan consejos no es para fastidiarnos… es porque ellos desean que nuestras vidas sean diferentes; su preocupación es nuestro bienestar y somos su herencia aquí en la tierra; ellos darán cuenta a Dios por la formación que nos dieron, pero también nosotros como hijos, tenemos el deber de obedecerles en todo momento.

Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”(Deuteronomio 5:16).

Padres e hijos, valoren esa vida de comunión con Dios, escudriñen las Escrituras, que en su hogar reine Dios;  y si somos faltos de sabiduría, pidámosla a Dios. Preparémonos para la Vida Eterna; valoremos el sacrificio que hizo Cristo en la Cruz para regalarnos la Salvación.

Cuidadito boquita (primera parte)

Por: Mirna Moncada de Grandes

En el número anterior de nuestra revista, la hermana Jessica de Flores, nos expuso el deber que tenemos como mujeres creyentes, de honrar a Dios con nuestras palabras. Quiero contribuir un poco más en este tema tan importante y lo haré por medio de unas reflexiones sobre algunos pasajes del libro de Santiago.

Santiago 3:1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” La enseñanza era una profesión de gran valor y respeto en la cultura judía. Muchos judíos que se convirtieron a Cristo quisieron ser maestros. Este pasaje nos advierte que, aunque es bueno aspirar a enseñar, la responsabilidad es muy grande porque nuestras palabras y ejemplo afectan la vida espiritual de los demás. Por otro lado, a mayor responsabilidad, más se nos demandará; por ello, el trabajo de la enseñanza no debe ser tomado a la ligera. Daremos cuentas de lo que nuestra boca dijo.

Muchas veces, los que trabajan en la enseñanza caen en la tentación de hablar mucho de sí mismos; de lo que hacen, de lo que piensan, de lo que dan, de lo que son…  cuando hacen esto, no actúan con sabiduría (la cual está a nuestro alcance por medio de la oración constante y sincera al Señor solicitándola). Este pasaje de ninguna manera nos desanima para trabajar en la enseñanza… no deberíamos usarlo como excusa para no entrenarnos en esta actividad.

Santiago 3:2 “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”

Olvidémonos un poco de lo referente a ofender a otras personas cuando hablamos… pensemos en el hecho de que también ofendemos al Señor cuando no hablamos su Palabra. Pensamos que “nos da pena”, sentimos temor de ser rechazados por la gente, y otros muchos argumentos que planteamos, todo para justificar (si es que se puede), el hecho de que no prediquemos el Evangelio a las personas con las que nos relacionamos a diario.

 

De nuestro Director General

II Crónicas 28:20 “…Anímate y esfuérzate, y manos a la obra…”

Mis palabras para ustedes hermanas en esta ocasión, son las que le dijo David en sus últimos días a su hijo Salomón: anímense y esfuércense.

A cualquier persona que nunca haya tratado de escribir sobre un tema bíblico seriamente, puede ser que le parezca muy difícil esta tarea, o crea que no debe ni siquiera atreverse a ello.

Observe al joven Salomón… nunca había incursionado en el mundo de la construcción de edificios, y ahora su padre le encomendaba una colosal tarea, la cual él mismo tendría que dirigir.

Quizá con temor, Salomón dio sus primeros pasos en la construcción del templo, y no tardó en descubrir que era bueno en eso, y mejor aún… que le gustaba hacerlo… tanto, que luego dirigió la construcción de otros muchos edificios, de los cuales la Biblia nos cuenta.

Estoy seguro que al comenzar nuestra tarea de aportar escritos para nuestra nueva revista, algunas y algunos pronto descubrirán, que pueden escribir bien, y no solo eso… también descubrirán que les gustará hacerlo.

 

Una reflexión sobre los frutos del Espíritu (parte 2)

Clase de Mujeres Iglesia Bautista Colonia Ayestas

Continuamos con los frutos del Espíritu… estos tres ahora, se refieren a nuestra relación con los demás. Siempre que los vemos aparecer en las demás cartas, se destaca que debemos producirlos con relación a otros.

4.- PACIENCIA: No es fácil tener paciencia, pero tampoco es inalcanzable para nosotras las mujeres creyentes. Paciencia en cierta forma es, tolerancia, calma en las situaciones difíciles y delicadas de tratar, frente a los diferentes problemas que nosotras u otras personas enfrentamos. La paciencia es una de las muchas cosas que el Señor se complace en darnos cuando le pedimos en oración. Al leer la historia de Esther, me sorprende cómo ella, sabiendo el decreto de muerte que pesaba sobre su pueblo y sobre ella misma, con sabiduría y paciencia, planeó la forma en que expondría a su esposo el problema. No se puso histérica, ni se apresuró a decir cosas a terceras personas de manera imprudente. Pacientemente, ella pensó su proceder y las palabras que usaría; así salvó su vida y la de todo su pueblo.

No es fácil tener paciencia con algunas personas o con respecto a algunas situaciones, pero, se nos manda ser así, y cuando Dios nos manda algo, nos da también el poder para obedecerle.

5.- BENIGNIDAD: Es toda una disposición del corazón, que se expresa sin esperar nada a cambio. Un claro ejemplo de benignidad es el mismo Señor Jesús, que se mostró así tanto para con los niños como para con los adultos. El Señor espera de nosotros que seamos comprensivos, indulgentes, afables, como lo fue él. En Efesios 4:32, Pablo nos dice cómo debemos comportarnos unos con otros, como Cristo lo hizo hacia nosotros. Debemos y podemos seguir su ejemplo.

Gálatas 6:10, también nos dice que debemos hacer bien a la mayor cantidad de personas que podamos, según nuestras posibilidades, pero, sin esperar nada a cambio. Jesús hizo muchos bienes a muchas personas, y él siempre supo que jamás le podrían devolver el favor. Lo hizo gozoso de cumplir la voluntad de su Padre, y nada más.

6.- BONDAD: Proverbios 31:20 nos muestra este fruto en una mujer virtuosa, cuando piensa en los necesitados y hace algo para ayudarles. La bondad no solo está en sentir y expresar compasión hacia el que sufre o el que está necesitado, sino actuar para ayudarle. Jesús mismo es la muestra más alta de bondad hacia toda la humanidad. El vio la necesidad más grande que teníamos, y se apresuró a atenderla personalmente. Nos vio necesitados de salvación, y con su vida misma, nos la regaló. El pagó el precio. Igualmente nosotras, debemos mostrarnos así. No siempre podemos ayudar a los que tienen necesidades materiales, pero, todas sin excepción podemos atender las necesidades espirituales de los que no conocen a Cristo. Comencemos ya.