Archivo | abril 2011

Usando el Antiguo Testamento para el evangelismo (quinta parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Salmo 10:4 “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos.” 

Tenemos hoy otro pasaje del Antiguo Testamento para reflexionar. Muy pocas personas estarían dispuestas a admitir que realmente no tienen en cuenta a Dios en nada o casi nada de lo que piensan, planean o desean. Tampoco estarían dispuestas a admitir que no tienen en cuenta a Dios en sus asuntos, porque son orgullosos y se creen autosuficientes.

Pero esta es la explicación que ofrece este pasaje sobre la situación, y realmente, no podemos contradecirla. La Biblia expone nuestros corazones y pensamientos con claridad. Los seres humanos somos orgullosos… nuestro orgullo es una de las barreras que se interponen entre nosotros y Dios. Ese orgullo se manifiesta en el hecho de que nos desagrada que se nos diga que somos pecadores y que a causa del pecado no tenemos lugar en la gloria de Dios. Si nos preguntan: ¿Cree que Dios le dejará entrar al cielo?… respondemos: ¿Y por qué no lo haría?… y en nuestras mentes comenzamos a hacer la lista de las virtudes que creemos tener para merecer el cielo.

Nuestro orgullo se nota cuando no queremos reconocer que estamos perdidos a causa del pecado… creemos que sabemos perfectamente hacia dónde vamos y lo que podemos esperar del camino que hemos elegido. ¿Sabe usted hacia dónde se dirige por esa senda en la que va? ¿Ya pensó cómo se encontrará con Dios después de morir? ¿Ya pensó qué espera recibir de él cuando esté en el juicio? o… ¿realmente no cree que se enfrentará al Creador de su vida algún día?

Este salmo nos revela lo que realmente sucede… y comienza diciendo que las personas que actúan y planean sin pensar en Dios son MALOS. Qué categórico… es malo para nuestras vidas vivir así. No importa si usted no se considera orgullosa (por eso es que justamente, es orgullosa)… es como la gente que asegura que nunca miente. Por eso mismo es que son mentirosos. Aunque no crea que usted es orgullosa, el hecho es que lo es… ¿En cuántas de las cosas que ha hecho hasta ahora ha buscado con diligencia el consejo de Dios en su Palabra? El uso de frases como: “Si Dios quiere, el otro año voy a hacer tal y tal cosa”, “Primero Dios que esto me saldrá bien”, realmente no son muestra de que está siendo humilde y obediente al Señor… usted ya decidió lo que hará y a Dios no le preguntó nada. Esos son SUS planes… los de Dios no los ha indagado.

Luego de esta reflexión, se puede leer Isaías 1:18, para enfatizar que a Dios le interesa mucho que arreglemos esta situación de nuestras almas. El nos urge a que le busquemos, que pensemos en él, que pensemos que al llegar la muerte, nos veremos cara a cara con él y el juicio será inevitable… nuestros pecados sin perdonar serán expuestos, y como vimos anteriormente, ¿quién acudirá en nuestra defensa?

Hemos visto varios pasajes del Antiguo Testamento que pueden servirnos para iniciar una conversación que nos conduzca a presentar el plan de salvación a alguna amiga o persona con quien tengamos oportunidad de hacerlo. Podemos localizar estos pasajes en el Pentateuco, en los libros históricos, o en los poéticos como en este caso. Todavía reflexionaremos en pasajes que se hallan en los libros proféticos, para concluir con este tema. ¿Qué le parece? ¿Aún no lo ha intentado?

Usando el Antiguo Testamento para el evangelismo (cuarta parte)

“Si pequé, tú me has observado, y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.” Job 10:14
Nuevamente, consideraremos hoy otro pasaje del Antiguo Testamento que podemos usar para el evangelismo. Estas son palabras de Job, que era un hombre creyente íntegro y cabal, con buen testimonio ante las personas que lo conocían y ante Dios mismo.
Pero él, está conciente de sus pecados y eso mismo reconoce en este pasaje que consideramos ahora. Tres cosas resaltan en estas palabras de Job:
1.- El sabe que aunque hace cosas buenas en su vida, también tiene pecados que necesitan ser perdonados por Dios.
2.- El sabe que Dios ha sido testigo de sus malos pensamientos, palabras y acciones.
3.- El sabe que Dios no cambia su modo de pensar con respecto al pecado, y de ningún modo pasará por alto ninguno de ellos.
Podemos entonces preguntar a la persona con quien estamos conversando: “¿Qué de usted? ¿Cree que Dios no lo ha estado observando desde hace mucho tiempo en todas las cosas que hace, piensa y dice?”
A continuación, podría leer y comentar Romanos 3:23, para hacer notar que para Dios, nuestros pecados han sido evidentes todo el tiempo, y que además, estos pecados nos apartan de él; nos excluyen de su gloria. Es posible que la persona que nos escucha, tenga un pensamiento que frecuentemente tienen los nos creyentes: “¿Es que acaso a Dios no nota mis buenas acciones? Ha visto mis pecados pero, ¿no se ha fijado que hago más cosas buenas que malas?”
Dios sí se fija en nuestras buenas acciones… de hecho, aún bendice a los inconversos en muchas de esas cosas buenas que ellos hacen. El problema de las personas  es que olvidan que el creador de la salvación es Dios, y él es el que establece los medios para alcanzarla, no las personas. No podemos exigirle a Dios que nos salve por nuestras obras buenas. Además, ¿Qué cantidad de buenas obras se requiere para salvarse? Un rico filántropo puede usar todo su dinero para hacer buenas obras… ¿qué pasa conmigo que soy pobre? No tengo oportunidad.
Podemos leer otros pasajes, si hay tiempo y la ocasión es propicia: Efesios 2:8-9, Isaías 64:6, Santiago 2:10.
Hay tanto que decir al respecto, y la conversación puede tomar muchos giros para los cuales hay que estar preparadas. No permitamos que nos desvíen del tema principal que es, presentarles a Cristo como su Salvador, como la respuesta a su problema de pecado y enemistad con Dios.

Usando el Antiguo Testamento para el evangelismo (tercera parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Veremos hoy otro ejemplo de pasajes del Antiguo Testamento, que podemos usar para presentar el Evangelio.

“Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre…” (I Samuel 2:25)

Este es el caso del sacerdote Elí, cuyos hijos adultos eran rebeldes e irreverentes. Qué vergonzoso para él, siendo sacerdote de Dios, que sus hijos fueran perversos y que tuvieran en poco las cosas de Dios. Estas palabras que tomamos ahora, él se las dice a sus hijos, tratando de llamarles la atención por su mala conducta. Ciertamente debió ser más estricto con ellos cuando eran niños. Ahora, sus palabras de correción, ya no tenían efecto sobre estos varones.
Nos interesa mucho notar que Elí dice, que cuando un hombre ofende a otro, hay tribunales para resolver esos pleitos. Tanto el ofensor como el ofendido pueden contratar abogados para que los representen ante los jueces. Pero la segunda parte del pasaje es dramática… ¿quién se pondrá como abogado de alguien que ha pecado contra Dios? Un cargo así, solo podría ser ocupado por alguien que jamás haya ofendido a Dios en NADA… ¿Dónde se hallará alguien con este grado de perfección y pureza de vida? Ciertamente no hay nadie así en este planeta… pero fuera de él sí hay alguien.
Seguido de esta contextualización, podemos comenzar leyendo I Juan 2:1 “… si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” ¿Quiénes son esas personas que pueden contar con Jesús como su abogado ante Dios? Pues bien, el pasaje dice: “Si alguno hubiere pecado”… sería interesante comentar con la persona con la que estamos conversando, lo que dice Romanos 3:23, pues es necesario reconocer que somos pecadores para que el Abogado tome nuestro caso. Podemos mostrarle lo que la Biblia dice sobre las consecuencias del pecado, y leer el resto de los pasajes del plan de salvación que normalmente usamos para presentar el Evangelio. Se puede también, relatar brevemente el resto de la historia de Elí y cómo Dios castigó a sus hijos por su pecado, si consideramos que es conveniente y hay ambiente propicio para ello.
Esta es otra sugerencia, que parte de otro pasaje del Antiguo Testamento. ¿Qué le parece? ¿Quiere intentarlo?

Usando el Antiguo Testamento para el Evangelismo (segunda parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Continuamos considerando hoy algunos pasajes del Antiguo Testamento, que podemos usar para evangelizar. En algunas ocasiones, tendremos que contextualizar lo mejor que podamos el pasaje que seleccionamos. Ello requiere que conozcamos bien las circunstancias que estaban ocurriendo con las personas que la narración relata.

Vamos a poner como ejemplo Deuteronomio 29:18-20. “No sea que haya entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy de Jehová nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones; no sea que haya en medio de vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo, y suceda que al oír las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Tendré paz, aunque ande en la dureza de mi corazón, a fin de que con la embriaguez quite la sed.No querrá Jehová perdonarlo, sino que entonces humeará la ira de Jehová y su celo sobre el tal hombre, y se asentará sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová borrará su nombre de debajo del cielo…”

Las palabras enfatizadas, son las que vamos a usar para presentar el Evangelio. La contextualización sería más o menos como sigue: En el capítulo 28, Dios está recalcándole al pueblo de Israel las consecuencias que tendrían si andaban en desobediencia a él. Algunas de ellas eran malas cosechas, esterilidad, mortandades, falta de lluvia, corazones turbados, invasiones de pueblos extraños, hambrunas, enfermedades y muchos otros castigos muy severos. En el capítulo 29, hace pacto con ellos y les recuerda los milagros que habían atestiguado en el desierto, que siempre tuvieron agua, comida, que conservaron su ropa y zapatos, estuvieron protegidos, etc… les advierte cuidadosamente, las palabras que seleccionamos… que no haya nadie que piense que le irá bien andando en desobediencia… que no haya nadie que piense que Dios no actuará cuando les vea siendo rebeldes. Que no piensen: “Bueno… Dios dijo que sería severo en su castigo, pero no creo que haga eso… Moisés dice que Dios nos ha dado todo su cuidado y protección. No creo que me castigue solo porque hago un par de pecados.”

Así piensan muchas personas que andan en rebeldía actualmente… creen que les irá bien aún y cuando andan en abierta desobediencia contra Dios. Pero Dios le mandó a Israel no pensar así, y a nosotros en el siglo XXI, también. Muchos piensan: “Dios es amor… no puede ser que vaya a condenar a las personas por sus pecados… él tiene que perdonarlos y salvarlos… no creo lo que dicen sobre la condenación eterna.”

Saliendo de este razonamiento, podemos continuar con Romanos 3:23 y concluir la presentación del plan de salvación. Esta puede ser una conversación con un niño, un joven, o una persona que conoce poco o nada de la Biblia. ¿Qué le parece? ¿Podría encontrar otros pasajes como este y elaborar una contextualización que le permita presentar el Evangelio a alguien? Comparta su experiencia con nosotras.

Usando el Antiguo Testamento para el evangelismo (primera parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Muchas veces, cuando se nos presenta la oportunidad de hablar del Evangelio con las personas, recurrimos casi siempre al Nuevo Testamento. Los llamados al arrepentimiento de Jesús, Juan el Bautista, Pedro, Pablo y otros, nos parecen excelentes para nuestros propósitos… realmente, son excelentes. Pero hay otros recursos en el Antiguo Testamento, que también pueden ser maravillosos e igualmente poderosos para exponer el Evangelio a los no creyentes. ¿Los conocemos?

Si hemos estado hasta ahora muy ligadas solamente al Nuevo Testamento para nuestra exposición del Evangelio, desde hoy podemos darnos a la tarea de descubrir en el Antiguo Testamento, una fuente valiosísima de pasajes, temas, anécdotas introductorias, reflexiones, etc… para presentar el Evangelio a los niños y adultos. ¿Quiere comenzar la tarea ya? Yo también.

1.- Lea el Antiguo Testamento por completo. Ármese de un lápiz de color si desea, para que ubique lo que necesita en cuanto lo vea ¿Qué va a buscar en su lectura?

2.- Fíjese bien si lo que lee está describiendo la actitud de las personas por su duro corazón, si se trata de una profecía para una persona o pueblo rebelde que perfectamente puede aplicarse a nuestros días. Note si son confesiones de alguien que está arrepentido, si son declaraciones de confianza en el Señor para ser salvo, si son oraciones de arrepentimiento, si relata una situación de alguien que terminó mal por su desobediencia a Dios, si es un pasaje que enfatiza la realidad de la muerte, que todos somos pecadores o las consecuencias del pecado, si son advertencias de Dios a una persona o nación que no se arrepienten, si son promesas del perdón de Dios, si habla de que el castigo de Dios por el pecado es justo, si habla de la incapacidad del hombre para justificarse ante Dios, si habla de lo inútil que es confiar en uno mismo o en sus riquezas para ser salvo, etc…

3.- En el Pentateuco, puede estudiar algunas de las ofrendas y sacrificios de Israel, para usarlos como ilustración del sacrificio que se requirió para nuestros pecados.

4.- Lea e investigue sobre el mobiliario del templo y las fiestas judías, y relacione cómo esas cosas eran figura de lo que Jesús sería y haría por la humanidad.

5.- Enumere los tipos de Cristo en el Antiguo Testamento y toda otra cosa con la que se le pueda asociar: el arca, el cordero, la serpiente de bronce, las columnas de nube y fuego, el maná, el agua, la lámpara, el sacerdote, el profeta, el juez, el pariente cercano, etc…

6.- Estudie biografías, para que considere ejemplos de vida tanto de obediencia como de rebeldía, y el fin de cada uno. Note lo que pasó cuando buenos siervos de Dios pecaron, y fueron perdonados por su genuino arrepentimiento… todos pueden ser perdonados si proceden como ellos lo hicieron.

En una entrada posterior, continuaremos dando ejemplos de cómo aplicar estas sugerencias, en nuestra búsqueda de pasajes evangelísticos en el Antiguo Testamento.

Un pensamiento para cada mañana…

Me despierto orando a mi Cristo; las primicias del día le doy.

Comenzar con el Rey me anima; confesarle: Señor tuya soy.

Un momento con Cristo es oro; conversar con el Rey es mi honor.

Me impartes tu sabiduría, tu Palabra me guía, Señor.

Yo te doy este día, Señor; yo te doy esta vida, Señor.

De tu mano yo quiero seguir, controlada por ti al vivir.

Marta y María, dos maravillosas solteras, sin compromiso

Por Rebeca de Manzanares

Lucas 10:38-42. No hay mención en la Biblia que estas dos mujeres fuesen casadas o que lo hubiesen estado. Deduzco que eran adultas jóvenes, de carácter muy diferente. Lo que sí es sobresaliente, es que Jesús se sentía como en casa cuando llegaba a visitarlas.
A pesar de sus diferencias, ellas tenían una cosa en común: ambas anhelaban con todo su corazón, agradar a Cristo. Incluso, hasta tuvieron un pequeño desacuerdo al perseguir este objetivo cada una de manera diferente. Tenemos otros pasajes que nos dan referencias sobre ellas aparte de nuestro texto inicial: Juan 11; Juan 12:1-7; Mateo 26:6-13 y Marcos 14:3-9.

MARTA

De lo que leemos de ella, a simple vista resalta su iniciativa para trabajar; nunca esperaba que le dijeran: “Marta, ¿nos puedes ayudar en esto?”, más bien creo que era de las que llegaba y, las demás mujeres podían decir: “Vale más que ya vino Marta porque estábamos a punto de gritar por auxilio”. Además, tenía liderazgo; seguramente sus sugerencias eran muy tomadas en cuenta por sus allegadas. Probablemente, era la mayor de los tres hermanos; creo esto por el sentido de responsabilidad que la Biblia describe de ella. Le sobraba voluntad para trabajar; no hacía las cosas de mala gana. Todas las veces que aparece en la Biblia, está haciendo algo por alguien. En el pasaje de la comida en la casa de Simón, era ella la que estaba sirviendo. Talvez Simón era soltero, y sin ayuda de Marta, nunca hubiera podido hacer esa comida e invitar a Jesús y sus discípulos a su casa. Marta era hospitalaria; sobre todo cuando Jesús llegaba de visita, ella quería que todo estuviera perfecto, especialmente tomando en cuenta que Jesús llevaba consigo a otros doce, a los que Marta gustosamente atendía también. Ella parecía poner todo su esmero y dedicación en lo que hacía.

MARIA

Ella era muy expresiva; si algo le interesaba, no disimulaba y vaciaba toda su atención en aquello con toda sinceridad. Era una mujer desprendida; no le importó lo caro de su perfume ni lo que la gente diría. Quién sabe si ella ya había comprendido lo cercana que estaba la muerte de su querido amigo el Señor Jesús, que se sintió motivada para ungirle así. También parece que era una mujer muy reflexiva. La forma en la que escuchaba las palabras del Señor no era ligera y despreocupada; ella trataba de entender. Estaba ansiosa de hallar sabiduría en esas conversaciones con el Salvador.

Sin duda que ambas tenían aspectos negativos en sus personalidades, pero lo que tenemos que hacer es buscar sus virtudes para imitarlas. Es tan fácil señalar defectos, ¿verdad? Dios nos ha dotado a todas las mujeres con talentos y habilidades; debemos descubrirlas y valorarlas, pero sobre todo USARLAS para la gloria de Dios. Hay algunas otras cosas que aunque no las tengamos por naturaleza, podemos cultivarlas.

Si a la hora que Jesús y sus discípulos llegaron a la casa, solo hubiera estado Marta, probablemente hubieran disfrutado de una suculenta comida y se hubieran sentido muy bien atendidos, pero con lo ocupada que Marta habría estado, apenas si hubieran hablado unas cuantas palabras con ella. Si al llegar a la casa Jesús y sus discípulos solo hubiera estado María, seguramente que Jesús hubiera tenido mucho que enseñarles a todos, mucho interesante de qué hablar, pero nadie habría comido. Era necesario que ambas mujeres estuvieran presentes para que el recibimiento para Jesús fuera perfecto.

En este mundo que ridiculiza a las mujeres solteras adultas y a las adolescentes que no tienen novio a temprana edad, la Biblia exalta la situación de ellas, por ser un tiempo en el que hay libertad para consagrarse al Señor.

¿Está soltera aún? Sin importar la edad que tenga, dé gracias a Dios y sírvale de corazón. I Corintios 7:34.