Archivo | noviembre 2011

Lo peor que puedes hacer si estás soltera

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Como vimos en nuestra entrada titulada “La soltería no es una maldición”, la soltería en Cristo puede ser una etapa maravillosa en la vida de una joven creyente, esté comprometida o no.

Pero ahora, reflexionaremos en algunos de los errores más comunes que pueden cometerse en esta etapa de la vida, por descuido, por ceder ante la presión social o familiar, por tomar consejos sin meditarlos y compararlos con la Biblia, por dejarnos arrastrar por los engaños del mundo, etc.

Primero, joven creyente soltera, debes recordar que el mundo no está interesado en tu bienestar… tampoco el enemigo de tu alma, que está detrás de todas las ideas locas que el mundo tiene acerca de la soltería y el matrimonio. No prestes oído a lo que ellos te digan… no son buenos consejos. Dicen cosas como ” te va a dejar el tren” “te vas a quedar solterona”… miren esta frase que una amiga compartió en una red social: “Si estás soltera, la gente te dice: ¿Y el novio?… si tienes novio, te dicen: ¿Para cuándo la boda?…. si te casas, te dicen: Apúrate con el bebé… Si tienes un bebé te dicen: ¿Y la parejita cuándo?… si tienes la parejita, te dicen: ¿Para cuándo el otro?… si tienes tres, te dicen: ¿Para qué tuviste tantos hijos? ya no tendrás vida” y así por el estilo. Por tanto, si eres soltera y aún no estás comprometida, las peores cosas que puedes hacer son:

1.- Pensar que el matrimonio es lo que dará sentido a tu vida, lo que te hará realizarte como mujer… si eres creyente, no tienes por qué correr con el mundo en su desenfreno, pensando cosas como esas. I Pedro 4:4-5 “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.” Son ellos los que se dedican a presionar, a molestar a las mujeres solteras a que se embarquen rápidamente en matrimonios inconvenientes y contrarios a la voluntad del Señor.  Cuando todo fracasa, ninguno de tus “consejeros” vendrá para ayudarte, recuérdalo. Si olvidas que tu realización plena como persona está en el Señor y no en tu relación con alguien como cónyuge, has perdido el rumbo de tu vida. Salmo 119:57 “Mi porción es Jehová…” La palabra hebrea para “porción” es “kjélec” que significa “porción asignada, campo, galardón, hacienda, heredad, herencia, parte, porción”(1). Dios es tu mejor parte… no la cambies por nada.

2.- Desesperarte. Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Si no tienes paz en tu corazón, es porque estás pensando en algo diferente a Dios. Estás prestando atención a lo que te dicen tus familiares (porque hasta los familiares son crueles en esto) y tus amigos o compañeros. Tu pensamiento no está en el Señor, por eso no tienes tranquilidad. Dios no funciona de acuerdo a tu cronómetro… piensas que cierto muchacho es tu última oportunidad de tener una relación de noviazgo, ¿de dónde sacaste esa idea? Dios no funciona de acuerdo a lo que tú pienses, de acuerdo a la edad que tienes o a las posibilidades que tú creas tener. No te desesperes… nunca las cosas apresuradas terminan bien.

Quizá hay otras cosas que podríamos poner en esta lista, pero estas son por ahora, las que más me han llamado a la reflexión. ¿Crees que hay más? Coméntalas con nosotras.

Y para quienes ya están comprometidas, también hay peligros… porque como dijo mi amiga en su frase, la gente siempre se mete en lo que no le incumbe, y pronto comenzarán a presionarte a tí y a tu prometido para que se casen sin estar bien concientes de lo que harán. Las peores cosas que puedes hacer si esta es tu situación son:

1.- Presionar a tu prometido. En asuntos de hombres, ni las que estamos casadas somos expertas totalmente… pero algo sí es sabido, los varones son por lo general más reflexivos y pacientes que nosotras, y más los varones creyentes. No prestes oído a tu mamá que te dice: “Hija me voy a morir yo y no te voy a ver casada”… a tus hermanas o amigas que te dicen: “¿Qué les pasa que no se apuran?” No son palabras sabias, aparte de que, si lo piensas bien, te están faltando un poco al respeto al intervenir en tu relación con tu prometido. En la Biblia tenemos referencias de mujeres que presionaron a sus esposos para hacer cosas que luego salieron terriblemente mal. Toma sus ejemplos y no presiones… ora y trabaja… lee libros sobre lo que será tu futuro papel como esposa e invítale a él a que lea sobre su rol como esposo… a propósito, ¿ya tomaron ambos la Consejería Prematrimonial?… si no lo han hecho, ¿por qué tienes prisa en casarte?

2.- Tener miedo. Son un sinnúmero de cosas que podrían atemorizarte… unas puede que sean reales, otras son inventadas por tí o por tus familiares y amigos. “Yo creo que ese muchacho se está echando para atrás… yo no lo veo interesado en casarse contigo”…. “Mejor cásate pronto porque, ¿qué tal si después tienes problemas para tener hijos?”… “Si te tardas más en casarte, cuando tengas hijos vas a parecer abuela y no mamá”… “Talvez tu futura suegra lo está presionando para que no se case todavía”… Me asombro realmente de la creatividad de algunas personas para inventar cosas, y cosas tan crueles… y es peor cuando tú las oyes y las crees… ¿Quién gobierna tu relación? ¿La gente, tú y tu prometido, o el Señor? Si él se retractara… agradece al Señor… quizá te libró de un mal esposo. Si serás madre o no, solo el Señor lo sabe, ¿crees que ese posible problema se resuelva casándote aprisa? Si estás mayor cuando nazcan tus hijos… ¿qué importa? Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

No hay razón para estar temerosa si confías en el Señor. Salmo 27:1 “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmo 37:5 “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”

¿Crees que hay más cosas para considerar en este punto? ¿Algunas de estas circunstancias fueron o son parte de tu experiencia? Coméntalo con nosotras y comparte cómo el Señor te ha ayudado a superarlas.

(1) Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (41). Nashville, TN: Caribe.

Mostrando amor por los inconversos discapacitados

Por: Suyapa Bonilla de Manzanares

En nuestros estudios en el Seminario Bautista, en la asignatura de Ministerio para la mujer I, tratamos el tema de nuestro ministerio hacia los discapacitados. Quiero compartir con ustedes algunas de mis conclusiones al respecto:

¿Qué cosas podemos implementar en nuestros hogares con los esposos e hijos para mostrar misericordia, sin confundir con lástima, y tratar dignamente a las personas discapacitadas?

Podemos comenzar con enseñar a nuestra familia, hasta que se convierta en un hábito natural en ellos, el prestar ayuda a los discapacitados, en la medida en que ellos la necesiten, y que nosotros podamos dárselas. Cruzar una calle, ceder un asiento, acercarles alguna cosa que necesiten, etc. Podemos enseñarles también, especialmente a nuestros niños y jovencitos, que esas personas, son iguales a nosotros, y que su problema de discapacidad no le quita virtudes ni cualidades, ni valor personal. Cuando podamos conversar con alguna persona discapacitada, podemos reafirmar su concepto de sí misma, admirándola por lo que puede hacer y lo que ha superado con valentía. Creo que no es prudente que le preguntemos cómo sobrevino su discapacidad, a menos que la persona misma introduzca la conversación. Finalmente, lo relacionado con la forma en que nos referimos a ellos… no debemos hacerlo con tono de lástima ni palabras que revelen sentimientos lastimeros… una persona no vidente, es eso… no es “un cieguito”. Una persona muda, es eso… no es “un mudito”, o “un enfermito” o “un sordito”… nuestro lenguaje debe ser de sincero respeto hacia ellos, por el simple hecho de que son personas como nosotros.

¿Qué cosas podemos hacer personalmente y en nuestra Iglesia para mostrar misericordia y recibir a personas discapacitadas?

Si nuestra Iglesia no está acondicionada para recibir personas que usan silla de ruedas, tenemos que buscar de inmediato a varones que se apresten a cargar a la persona en su silla si es necesario. Pueden hacerlo por turnos, y nuestros esposos e hijos deben ser los primeros en ofrecerse para ello. Si una mujer nos visita en nuestra Iglesia, y viene con uno de sus hijos que tiene una discapacidad, las mujeres de la congregación debemos estar prestas para ofrecer ayuda a esta mujer con el cuidado de su hijo durante el culto. Podemos informarnos sobre las necesidades especiales de su hijo, y cómo podríamos ayudarla para que pueda estar atenta a la predicación. Como miembros de la Iglesia, algunos de nosotros podemos buscar ser capacitados en lo referente a discapacidades, y compartir la información con el resto de la membresía. Es un reto especial para los maestros de Escuela Dominical también, el hecho de que se presente en su clase un niñito o jovencito que tiene alguna discapacidad. Por eso es que es importante que estén informados de lo que necesitan para atenderlos bien. Como proyecto para mediano-largo plazo, podemos proponer al liderazgo de la Iglesia, invertir en acondicionar nuestro edificio, las entradas y otros accesos, los baños y cualquier otra área que sea necesaria para recibir bien a personas discapacitadas.

Ellos son importantes para el Señor también. En la Biblia tenemos ejemplos de personas que mostraron misericordia a discapacitados: David, por ejemplo, no olvidó la promesa que le hizo a su amigo Jonatán, y buscó a su pariente, que estaba discapacitado, para cuidar de él. Jesús mismo fue tan compasivo con los discapacitados, y especialmente, en el caso de aquel ciego que sus discípulos juzgaron mal porque, creían que su discapacidad era resultado de sus pecados o de los de sus padres, Jesús no permitió que pensaran eso de él, y los corrigió diciendo que esta circunstancia, era para que Dios fuera glorificado. Eso deben entender las personas discapacitadas… sus circunstancias solo pueden tener sentido cuando son para la gloria de Dios. Por eso también es necesario alcanzarlos con el Evangelio.

La soltería no es una maldición

Algunos pensamientos son tomados del libro: “La mujer sujeta al Espíritu”, de Beverly LaHaye. 
Por: Rebeca Argüelles de Manzanares
 

Dios no hace diferencia por edad, sexo, condición o ninguna otra cosa. El es más que suficiente para llenar las aspiraciones de cualquier mujer, casada o soltera, de una joven o de una mayor. Pero sea cual sea nuestra situación, a todas las mujeres creyentes se nos da la misma recomendación: Si vivimos por el Espíritu, que andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).

Puede ser que en algún momento de la vida de una mujer soltera, ella considere que es posible que la voluntad del Señor para ella, no sea el matrimonio. Pero, ¿es posible que Dios conceda una vida plena y llena de sentido para una mujer, fuera del matrimonio? ¿El hecho de que una mujer no sea casada, limita a Dios en cuanto a su obra en la vida de esa mujer? Obviamente, que no.

Si Dios la ha llamado a usted a una vida de soltería, también implica que su relación con él será especialmente hermosa, porque podrá concentrarse en servirle y dedicarse a él únicamente. I Corintios 7:34 “Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.” A continuación, una lista de actividades que podemos hacer junto con las hermanas solteras. ¿En cual de ellas quiere participar usted, o asociarse con una hermana soltera para realizarla?

Lo que ellas pueden hacer

Lo que podemos hacer y promover las mujeres mayores o casadas

Acompañar en los grupos de evangelismo de manera más activa, es decir, siendo ellas quienes presentan el evangelio a las mujeres que salgan a la puerta de las casas que visiten. Podemos ayudarlas a hacer esto capacitándolas con talleres de evangelismo, o simplemente, tomándolas a nuestro cargo en el grupo de evangelismo en el que estamos.
Involucrarse en discipulados de niños y niñas. Para esto, ellas deben haber recibido el curso de discipulado. Si algunas de ellas no lo han recibido, podemos impartírselo nosotras.
Prepararse para dar clases en la Escuela Dominical a los niños pequeños y a las mujeres. El trabajo en la clase de niños puede pensarse para un futuro cercano; no así el de la clase de mujeres, que requiere que tengan mayor edad y madurez, pero no significa que no pueden prepararse desde ahora para hacerlo en un futuro más a mediano plazo. Podemos ayudarlas proporcionándoles materiales o reuniéndonos con ellas y enseñarles a hacer planes de clase. La maestra de niños también puede ayudar en la preparación de estas jóvenes hermanas si lo desean.
Matricularse en Seminarios o Institutos Bíblicos Si ellas tienen la idea de matricularse, debemos motivarlas a que hablen con sus Pastores, a que trabajen para reunir los requisitos de ingreso, que ahorren para el pago de las mensualidades, o podemos ayudarles nosotras en estos pagos con la totalidad o una parte.
Participar activamente en conferencias de jóvenes por medio de cantos especiales y establecimiento de amistades. Debemos motivarlas para que no falten a estas conferencias. Que se preparen para cantar himnos especiales, que se propongan hacer amistad con hermanas de otras congregaciones fuera de la ciudad. Darles la idea de llevar algún pequeño obsequio para regalarlo a alguna hermana con quien hagan amistad. Deben vernos a nosotras hacer lo mismo cuando asistamos a las conferencias de mujeres. No debemos fomentar malicia en sus corazones insinuándoles que esa reunión de jóvenes puede servirles para observar muchachos guapos.
Ocuparse en la lectura y estudio bíblico, tal como Pablo le mandó a Timoteo. Regalar o prestar un libro puede ser un buen inicio, pero luego, debemos motivarlas para que ahorren y compren los suyos propios. Llegará el tiempo en que será necesario que lean libros relacionados con el noviazgo y futuro matrimonio si Dios así lo quiere, y si ellas muestran interés en el tema.
Involucrarse en el servicio a los hermanos de mayor edad en la iglesia. Motivarlas para agudizar su observación de las necesidades de los hermanos mayores. Obsequiar un portamonedas, una bolsita para los lentes, una botella decorativa para llevar agua, pañuelos, peinetas adornadas, mantas de cocina, billeteras, etc… puede ser un inicio. Un proyecto más grande, es ahorrar entre varias para comprar una Biblia de letra grande, si han notado que alguno de los ancianos ya necesita Biblia nueva. En los cultos o convites que la iglesia organice, cada hermana joven puede tomar a su cargo a uno de los hermanos mayores y atenderlo exclusivamente.

La vida de soltera depende de lo que se haga con ella. Puede ser una vida rica, plena y llena de satisfacciones, o una vida plagada de autoconmiseración. ¿Cuál prefiere usted? Si usted es soltera y pasa de los 25 años, puede ser que ya hace un tiempo comenzó a sentir la presión de la sociedad porque no tiene novio o no está en planes de boda. Escoja lo que pensará… no deje que esos comentarios la afecten y mucho menos que la conduzcan a tomar decisiones apresuradas y no reflexionadas. Recuerde lo que Pablo decía… haga suyas estas palabras con todo su corazón: Filipenses 4:11 “… he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.”

Cristo es la Peña de Horeb

Cristo es la peña de Horeb que está brotando
Agua de vida saludable para ti.
Ven a tomarla, que es más dulce que la miel;
Refresca el alma, refresca todo tu ser.
Cristo es la peña de Horeb que está brotando
Agua de vida saludable para ti.
 
Cristo es Autor de la salvación eterna;
Solo su sangre tu pecado borrará.
No le rechaces, esta es tu oportunidad,
Mira qué triste, qué triste es tu situación.
Oh, pecador, Cristo puede darte vida,
Pues solo él es el Autor de Salvación.