Archivo | marzo 2012

Conversando con una samaritana

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

No aparece su nombre, pero se la identifica como una mujer de Samaria. Cuando Asiria conquistó el reino norteño en 722 a.C., se llevó la mitad de la población a otro país y trajo gentiles. Los judíos que quedaron en el reino del norte se casaron con los extranjeros que llegaron; así, perdieron su pureza racial. Estos judíos mezclados racialmente fueron los samaritanos. Los demás judíos que volvieron a Jerusalén después del exilio y que conservaron su raza pura, nunca se volvieron a relacionar con los samaritanos. Esos eran los antecedentes de esta mujer y de los demás que eran como ella, con el agravante de que ella, no gozaba de buena reputación entre la gente de la ciudad. Algunos comentaristas opinan que ella fue sola a sacar al agua, a una hora diferente de la que todas las mujeres de la ciudad iban por agua, y que es posible que lo hiciera así habitualmente para no tener que soportar las malas miradas y comentarios que podían hacer contra ella.

Nuevamente tenemos frente a nosotros una prueba del gran valor de las mujeres para Dios… Jesús se tomó muchas molestias para poder hablar con ella, y no solo eso, sino que preparó las condiciones para que la conversación fuera privada y sin interrupciones. Era demasiado importante lo que tenía que decirle a esa mujer como para ser molestado, aún por sus discípulos que aún estaban muy prejuiciados, así que también a ellos los despachó.

Cuando comenzó a presentarle el Evangelio, a ella no le fue sencillo al principio entender lo que escuchaba, y varias veces hizo comentarios confusos: “¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?”(se puso histórica). “…dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.” (se puso materialista, pensando que se refería al agua de beber). “Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.” (hasta se puso teológica), pero a todos estos comentarios, Jesús respondía confrontándola con asuntos de su vida personal y su situación espiritual. El fue insistente en este punto, y a nosotras a veces nos da pena con la gente a la que le predicamos… no queremos ofenderles, no queremos hacerles sentir incómodos… somos muy “consideradas” con ellos, aún sabiendo lo urgente de su necesidad espiritual. La samaritana varias veces le cambió el tema a Jesús y él, sin vacilaciones y muy directamente le lanzó preguntas y confrontaciones para retomar el punto importante: su situación espiritual.

Finalmente, viéndose vencida por los argumentos de Jesús, no hizo más que correr a la ciudad a decirles a las personas lo que había sucedido en el pozo. Es de notar que el pasaje especifica que habló con los hombres… era costumbre que los varones insignes de la ciudad estuvieran a la puerta de la misma pues, la puerta de la ciudad también era lugar de reunión para asuntos legales. Probablemente a ellos halló primero y por eso les habló sobre Jesús.

Sabiendo cómo era ella, ¿Qué hizo que estos hombres le hicieran caso a sus palabras de que talvez había estado con el Cristo? Creo que fue por Cristo mismo justamente. Los samaritanos también sabían de la profecía y esperaban al Cristo así que a ella, no la detuvo el pensamiento de que su actual reputación haría que se burlaran de ella y no le creyeran. Nosotras tampoco debemos temer que nuestras palabras testificando a Cristo sean menospreciadas por lo que fuimos antes de nuestra conversión. El poder de nuestro mensaje no está en nosotras, sino en la Persona de la cual hablamos. La samaritana trajo consigo a muchas personas que creyeron en Jesús ese día y los dos días siguientes que Jesús se quedó allí. Ya imagino a los discípulos totalmente confundidos y sorprendidos de verse en medio de los samaritanos que tanto disgusto les causaban, tener que hospedarse en las casas de ellos, comer con ellos y peor aún, viendo a Jesús tan cómodo y alegre entre ellos.

Jesús estaba tan satisfecho de su labor con esa mujer que hasta hizo a un lado su cansancio y el hambre que tenía aquel día en el pozo, y les enseñó a sus discípulos entre otras cosas que, no hay que perder el tiempo ni hacer acepción de personas cuando se trata de predicar el Evangelio.

Algunas consideraciones sobre Dorcas

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Significado de su nombre: Gacela (en griego Dorkoás)

Vivía en la ciudad costera de Jope, conocida en la actualidad como Jaffa. Ella se ganó el aprecio de esa comunidad porque abundaba en buenas obras y limosnas. Sin embargo, Dorcas se enfermó y murió. La prepararon para el entierro y la colocaron en una sala.  Si habían sabido de la curación de Eneas por Pedro, no dudaron en mandar a buscarlo pues estaba en Lida, con la esperanza de que pudiera venir y realizar un milagro aún mayor sobre su querida Tabita.

Cuando Pedro llegó y las viudas se le acercaron hablándole de las virtudes de Dorcas, seguramente que también se conmovió y rápidamente supo cuánto la amaban y lo que ella había estado dedicándose a hacer en su vida cristiana, una vida que había transcurrido plagada de buenas obras, como dice Efesios 2:10.

Es de notar que también los varones se apresuraron a ir a buscar a Pedro, esperanzados en que hiciera el milagro de devolver la vida a esta mujer. Es decir, que ella gozaba del cariño tanto de las mujeres como de los varones de su congregación, aunque parece que ella mayormente trabajaba con las viudas, lo cual demuestra una vez más el alto grado de estima y aprecio que los varones creyentes tenían por las mujeres en general. Esto era fuera de lo común en la cultura de la época. No sabemos la edad de Dorcas, no sabemos si estaba casada o si era viuda ella también y por eso se identificaba tanto con ellas, si tenía o tuvo hijos alguna vez, pero sabemos lo suficiente: ella abundaba en buenas obras.

El Señor ha puesto entre nosotros a hermanas y hermanos parecidos a Dorcas… algunos de ellos que ya han fallecido, parece que han dejado, como Dorcas, un vacío en nuestras Iglesias, pero no tiene por qué ser así. Dios saca a algunos de nosotros de la escena, no necesariamente por fallecimiento, también puede ser por circunstancias incapacitantes temporales o permanentes, pero lo hace para que entren otros a tomar el lugar, ¿lo hemos comprendido así?

Esta vez, Dorcas fue resucitada por Pedro, pero llegó el día en que ella falleció de nuevo y no pudo ya ser resucitada… seguramente su lugar no quedó vacío, sino que fue llenado por otra hermana virtuosa que imitaría el ejemplo que ella dejó. Podemos prepararnos para seguir las huellas de hermanas que son así.

Conviviendo con un esposo inconverso

Por: Lesbia Oyuela de Alvarado

I Pedro 3:1-2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.”

I Corintios 7:16 “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido?…”

Quiero compartir con ustedes una experiencia de mi vida: la de tener un esposo inconverso. Tenemos 10 años de casados, y yo tengo ocho años de ser creyente. Llegué a Cristo ya estando casada con él, y ciertamente las cosas no han sido fáciles. Al comienzo de mi vida cristiana tuve muchos momentos de desánimo y desesperanza, pero gracias al Señor me di cuenta que no tenía por qué sobrellevar esa situación yo sola. No estaría compartiendo esto con ustedes si el Señor no me hubiera enseñado esa realidad.

Queridas hermanas y amigas, no nos toca a nosotras cambiar a nuestros esposos. Lo que debemos hacer en mantenernos confiando en las promesas del Señor para nosotras. Al comienzo de esta reflexión hay dos pasajes que me han servido para mi propia vida. Pueden ser útiles para la suya también, si su situación es como la mía.

Aunque mi esposo todavía no ha cambiado, yo sí… ahora me siento agradecida con el Señor; él me ha llenado de paciencia y fortaleza para seguir luchando. Sé que no estoy sola. Mi esposo no me es tropiezo para que yo sirva al Señor, así que tengo la esperanza en él de seguir sirviéndole hasta el fin de mis días.

Por otro lado, he recibido de él otras bendiciones maravillosas: tengo una hija de cuatro años, que siempre me acompaña al templo, pues mi esposo tampoco se opone a que yo la lleve conmigo.

Ahora quiero preguntarles algo, que a su tiempo yo misma me pregunté: ¿Estamos siendo de bendición para nuestros esposos inconversos, o somos tropezadero para ellos? ¿Les damos el lugar de autoridad que les corresponde o por el hecho de que son inconversos no nos sujetamos a ellos ni les mostramos amor genuino?

La Biblia nos lo ordena y no dice: “esposas, sujétense a sus esposos solo si ellos son creyentes y si son cariñosos con ustedes”… no dice así.

Por otro lado, no debemos olvidar otra advertencia que Jesús nos hizo antes de volver al cielo en Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Ya estábamos advertidas de que en este mundo tendríamos aflicciones y decepciones, pero Jesús dice: “ya lo saben, pero sigan confiando en mí.”

En mi congregación también tengo el valioso testimonio de una hermana que por mucho tiempo convivió con un esposo inconverso, y un día, ya en la vejez de ambos, ella y todos nosotros pudimos ser testigos de la conversión de su querido esposo. Ella en todo momento fue cariñosa, tierna y considerada con él, y jamás le dio motivos de reproche en su testimonio como para que él la molestara en su servicio a Dios.

No debemos olvidar tampoco, el motivo correcto por el  que deseamos que nuestros esposos se conviertan a Cristo: no es para que nosotras estemos mejor y nuestra vida sea más fácil… es para que ellos sean salvos, es por el bien de sus almas.

Queridas hermanas y amigas que tenemos presente la petición de salvación por nuestros esposos, sigamos adelante luchando, amando y mostrando misericordia a ellos, sabiendo que finalmente, es Dios el que provee todo lo que necesitamos en nuestras vidas. 

Aunque todo me faltare…

Por: Jessica Cerrato de Flores

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los, labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo,  yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. “ Habacuc 3:17-19

Cualquiera podría pensar que las palabras de este profeta fueron dichas en los tiempos de abundancia y de paz que tuvo el pueblo de Dios, sin embargo no fue así, Habacuc profetizo a inicios del gran imperio Babilónico cuando el futuro era incierto y poco prometedor para ellos.

Muchas de nosotras podríamos pensar afirmativamente sobre lo que el profeta dijo y decir dentro de nosotras mismas “es cierto, aunque todo me falte yo me alegraré en Jehová”, y eso es bueno, pero piense por un momento si usted seguiría pensando igual si estuviera en una situación distinta a la que está actualmente; puede ser que en estos momentos usted esté gozando de una iglesia fiel donde congregarse, de una familia fiel a Dios, de un vecindario tranquilo, quizás tenga un empleo que le permita sostener a su familia, quizás tenga buenos amigos y vecinos, leyes que le dan libertad de expresión. Ahora piense que pasaría si un día de repente todo esto acaba, su iglesia apostatara de la fe, su familia se olvida de Dios, pierde su trabajo, no tiene como alimentar a sus hijos, sus amigos y vecinos se vuelven contra usted, los delincuentes le quitan un miembro de su familia, o el gobierno prohíbe la libertad de culto, ¿sería entonces capaz de decir sinceramente, “con todo esto yo me alegraré y me gozaré en el Dios de mi salvación”?

Espero que todas podamos ser capaces de decir estas palabras sinceramente, ya que es precisamente la enseñanza que Dios nos deja por medio de Habacuc. Este hombre sabía lo que le esperaba a Judá e Israel: una vida de esclavitud y crueldad. El sabía que serían castigados por sus pecados, pero en lugar de lamentarse, de deprimirse o de renegar de Dios, él dice sinceramente: “aunque me falte todo yo me alegraré en Jehová.”

Hermanas pensemos en esto, ¿Cómo vamos usted y yo a reaccionar cuando llegue el momento de la adversidad?, ¿Nos alejaremos de Dios o buscaremos su gozo y su paz?

No hay mayor tranquilidad que esta, que nos alegremos y nos gocemos en Dios, en los momentos de angustia y temor. El es el único que puede dar descanso y paz a nuestras almas. Pero recuerde que esto también es aprendido, como nos dice Fil (4:11-13), debemos aprender a contentarnos y a regocijarnos  en el Señor siempre.  Practiquemos desde ahora fundamentar nuestra alegría y gozo en Dios.

Deseando lo que es correcto para mi matrimonio

Compilado por: Jessica Cerrato de Flores

Hola hermanas, hoy quiero compartir con ustedes unas palabras muy interesantes que encontré en el libro titulado “La Esposa Excelente” de la Sra. Martha Peace. Me pareció tan bueno, que creo que las que no han leído el libro lo van a apreciar;  especialmente las hermanas casadas y aquellas solteras que tienen intención de casarse.

Primero hágase y conteste SI ó NO a las siguientes preguntas:

SI NO
Deseo que mi esposo sea cariñoso.
Deseo que el se anticipe a mis necesidades sin que tenga que pedírselas.
Deseo que él me de elogios.
Deseo que me haga sentir especial.
Deseo que el no lastime mis sentimientos.
Deseo que converse  con migo y me comparta sus pensamientos y sentimientos.
Deseo que el me ponga primero en su vida.

Seguramente contesto “SI” a varios de los deseos mencionados en la lista anterior. Toda mujer desearía algunos de estos, pero si los analizamos bien nos damos cuenta de que son un tanto idealistas  y al mismo tiempo, egocéntricos ¿no le parece? Cuando una mujer se casa con su esperanza puesta en que algún día su esposo alcanzará este estándar, de que algún día ese hombre será como ella siempre lo soñó, déjeme decirle que lo mas probable es que usted tenga una vida frustrada y amargada, porque ningún hombre (o mujer) es perfecto. Usted no debe poner su mirada en esa persona que tiene como compañero sino en Dios, quien le puso ese compañero a su lado.

La Sra. Peace afirma que una esposa debe tener su corazón enfocado en buenos deseos.  Por ejemplo, deseo…

  1. Que yo conozca la palabra de Dios y la obedezca.
  2. Que me deleite en Dios.
  3. Que busque a Dios de todo mi corazón.
  4. Que yo sea agradable a Dios a pesar de mis circunstancias (problemas matrimoniales)
  5. Que yo cultive una actitud de gozo y agradecimiento por lo que Dios esta haciendo en mi vida a pesar de lo que mi esposo hace o deja de hacer.
  6. Que me regocije en que Dios decida la manera en que mi vida y circunstancias  más le glorifiquen, y que El pueda usar mi vida para su gloria.

Mire ahora la diferencia entre la primera lista de deseos y esta segunda que escribe la autora. ¿No le parece que hay una diferencia abismal y sustanciosa entre ambas? Lo primero que vino a mi mente al ver estas dos listas fueron las palabras que dijo el Señor  y que se encuentran en Hechos 20:35 “…y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”

Si usted quiere tener un matrimonio feliz y duradero, deje de pensar un poco en qué cosas espera usted de su esposo y piense más en qué cosas espera Dios de usted. Lo demás déjeselo a Dios.

Consideraciones sobre la vida de Pablo (tercera parte)

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

I Corintios 9:16 “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”

Fue la voluntad del Señor que Pablo desarrollara su ministerio en el tiempo de la dominación romana. Los romanos tenían un poderoso ejército con el que sometieron a muchos pueblos. El pueblo judío fue uno de esos. Sin embargo, había otro pueblo que no dominaba políticamente, pero sí culturalmente, y eran los griegos, con su filosofía y artes. Aún los romanos fueron conquistados por el modo de pensar griego. Adaptaron muchas cosas griegas a sus costumbres romanas y debido a ello, todavía en estas fechas, hablamos de los grandes artistas, filósofos, oradores y escritores griegos en los colegios y universidades. Los romanos eran valientes guerreros, creativos constructores y navegantes. Construyeron acueductos, barcos, teatros, anfiteatros, templos, carreteras y muchas cosas más.

Como dijimos pues, era parte del plan de Dios que los griegos y romanos fueran parte del escenario donde Pablo trabajaría. Con todo y lo adelantados que eran en cosas intelectuales, políticas, filosóficas, artísticas, etc., no eran terreno tan fértil para el Evangelio. Tantas cosas que sabían hacer, les hacían creerse superiores y diferentes al resto de los seres humanos. Con esas personas tuvo que convivir Pablo y predicarles.

Ya sabemos qué consecuencias tuvo Pablo cuando se acercó a ellos para anunciarles el Evangelio… muchas veces fue insultado, azotado, apedreado, encarcelado, difamado… pero nunca desistió, tal y como dice el pasaje que encabeza esta reflexión. Así se sentía él con respecto a su responsabilidad de predicar el Evangelio a esas personas tan difíciles. Nunca le importaron esas dificultades.

Sus viajes para visitar las ciudades en las que predicó, nunca fueron cómodos… al contrario: eran sumamente incómodos, largos y peligrosos. En casi todas las ciudades que visitó, lo maltrataron, pero siempre hubo conversiones que le llenaron de alegría el corazón, así que, a pesar de los maltratos que recibió de los opositores del Evangelio, siempre volvió a visitarlos para animar a los creyentes que quedaron allí. No vemos ni una sola queja suya por todo lo que le tocó sufrir; al contrario, siempre decía que estaba puesto para la defensa del Evangelio, y sabía que eso significaba muchos padecimientos, los cuales estaba dispuesto a sobrellevar. El animaba a los creyentes, no los visitaba para que lo consolaran a él y para contarles todas las dificultades que estaba pasando por predicar el Evangelio.

¿Y nosotras? ¿En qué escenario Dios nos puso a trabajar para él? ¿No nos gusta ese escenario? ¿Quisiéramos que todo nos resultara más fácil y bonito? ¿No estamos trabajando para el Señor como debiéramos porque “es muy difícil”? ¿Qué obstáculos (reales, no imaginados por usted) ha tenido para servir al Señor en el escenario en que él la puso? ¿Se parecen esos obstáculos a los que Pablo enfrentó? Mire con qué determinación él venció sus obstáculos… ¿no puede usted vencer los suyos?

Compartimos la letra de un canto, que se compuso pensando en que Pablo era quien decía estas palabras.

Desde que comencé a servir al Señor
Mucho he viajado.
A tratar de cumplir con su voluntad, 
El me ha ayudado.
La lluvia quiso ahogar mi determinación,
Las nubes oscurecieron mi corazón, 
Pero el sol me ha inspirado con su brillar, 
Y el Señor siempre me ha de guiar.
Guíame a luchar, por tí quiero pelear. 
Ilumina mi andar… guíame al triunfo final.