Raquel

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Su nombre viene del hebreo “Rakjél”, que significa “ovejita”. Segunda hija de Labán, sobrina de Rebeca, prima de Jacob y Esaú. Vivía en Mesopotamia, en la misma región donde Eliezer, criado de Abraham, encontró a Rebeca. Allí la conoció Jacob. Una vez más el pozo de una ciudad de Harán fue el sitio de sucesos importantes en la historia de una familia. Aquí fue donde Rebeca encontró a Eliezer, el siervo de Abraham, el que había ido a buscar esposa para Isaac. Casi cuarenta años después, Jacob el hijo de Rebeca, devolvió el favor al dar de beber a su prima Raquel y a sus ovejas del mismo pozo.

Raquel era pastora del rebaño de su padre. En el momento que Jacob acababa de llegar al pozo donde abrevaban las ovejas, preguntó a los varones que allí estaban, por Labán y su familia. Fue allí cuando Raquel llegó con su rebaño también. El saludo que él le hizo, no era extraño ni inadecuado. Raquel dio aviso de que su pariente había llegado, y Labán, fue el primero en salir a recibirlo. Lo alojaron en su casa por un mes, donde pronto se comenzó a notar el carácter servicial que siempre Jacob había tenido.

Primero, parecía que Labán no quería aprovecharse de sus servicios así que, le propuso pagarle por ello. Desde que llegó y vio a Raquel, parece ser que Jacob se enamoró de ella, y es probable que Labán se hubiera percatado de eso. Era la costumbre en ese tiempo que el hombre diera una dote, o un regalo importante, a la familia de su futura esposa. Esto se hacía para compensar a la familia por la pérdida de la muchacha. Como Jacob no tenía nada en efectivo que ofrecer, ofreció trabajar siete años para Labán y que se le permitiera casarse con Raquel.

Pero había otra costumbre en esa tierra que Labán no le explicó a Jacob. La hija mayor tenía que casarse primero. El darle a Lea en lugar de Raquel talvez fue una estratagema de Labán para que Jacob se sometiera a otros siete años de duro trabajo. Así, Lea fue la primera esposa de Jacob y Raquel, la segunda. Este fue uno de los hogares más problemáticos de los que la Biblia cuenta. Lea no era amada por su esposo, pero Dios le concedió hijos. Raquel era la esposa amada, pero era estéril. Esta situación, era de grave afrenta y vergüenza para las mujeres de estas culturas. Pronto comenzaron los pleitos y discusiones entre Jacob y Raquel por la falta de hijos. Y las cosas empeorarían pues, la costumbre de ellos, como en días de Abraham, era dar por mujeres a las siervas de la esposa, para que los hijos de ellas, fueran tenidos como hijos de la esposa. Eso hizo Raquel; y aunque Lea ya tenía varios hijos, cuando dejó de concebir, ella también hizo lo mismo que Raquel. La expresión “dará a luz sobre mis rodillas”, significaba que el hijo era reclamado como propio.

El episodio de las mandrágoras: esta parte del relato resulta hasta un poco desagradable. Las mandrágoras eran consideradas frutas de la fertilidad. De allí el interés de Raquel por conseguirlas. Se puso de acuerdo con su hermana para permitir que Jacob estuviera con ella esa noche a cambio de las mandrágoras. Aquí tenemos una ilustración de lo que puede ocurrir cuando las mujeres ponemos el sentido de nuestras vidas en una sola cosa, pensando que sin ella no podemos vivir. Para Lea, era tener el amor de su esposo, y para Raquel, tener hijos de él. Dios le dio a Raquel un hijo, antes de que se separaran de su padre Labán. El niño se llamó José.

Pero llegó la hora de que Jacob saliera de ese lugar, y Dios así se lo dijo. Jacob comenzó a prepararse para salir y lo primero que hizo fue hablar con sus esposas al respecto. En este episodio es cuando vemos por primera vez a estas hermanas de acuerdo en una cosa. Lo triste es que, ellas no sentían que tenían parte en el corazón de su padre. Sentían que habían sido objetos de los negocios de su padre nada más. Que habían sido otro medio que él usó para tener ganancias. Qué familia tan extraña, pero no son tan diferentes de las familias modernas. A Raquel y a Lea no les fue difícil dejar su casa porque su padre las trataba tan mal como a Jacob. De acuerdo con la costumbre, debían haber recibido los beneficios de la dote que Jacob pagó por ellas: catorce años de arduo trabajo. Cuando Labán no les dio lo que legítimamente les pertenecía, comprendieron que nunca heredarían nada de su padre. Por eso aprobaron de todo corazón el plan de Jacob de tomar todas las riquezas que había ganado y partir.

Cuando se marcharon, a escondidas de Labán, Raquel tomó los ídolos de su padre, esto es, los terafines, que eran pequeñas imágenes («terafín») de los dioses familiares tenían un gran significado para los herederos. De acuerdo con la antigua ley de los alrededores de Harán, los hijos, particularmente los mayores, tenían el privilegio de heredar los «dioses» familiares, al igual que todas las propiedades que los acompañaban. Algunos suponen que Raquel los tomó con la idea de reclamar la herencia familiar en el futuro. No se puede asegurar esto con certeza. Cuando Labán supo que se habían ido, fue tras ellos hasta encontrarlos en el camino. Quizá iba dispuesto a regresarlos por la fuerza a su casa, pero Dios le dijo en sueños que se guardara de tratarlos mal, así que la reunión fue pacífica después de todo.

Labán preguntó por sus terafines. Obviamente Jacob no sabía lo que había hecho Raquel, así que, hasta se atrevió a jurar que la persona que los tuviera, moriría. Raquel debe haber pasado un gran susto al escuchar las palabras de su esposo, así que se le ocurrió irse a su tienda, acomodarse sobre los terafines y decir que no podía levantarse a causa de su menstruación. Nadie la molestaría seguramente, pero lo cierto es que estuvo a punto de morir en ese día. Y estaría en peligro nuevamente, cuando se hizo inminente que Jacob se encontraría con Esaú su hermano. Jacob tomó medidas para la seguridad de sus esposas e hijos, pero siempre para Raquel, las medidas fueron especiales. Los dos hermanos se separaron en paz. Pasó un tiempo más y Raquel pudo concebir otro hijo, pero ella falleció en el parto. El nombre del niño fue Benjamín. Raquel falleció en el camino a Belén y allí fue sepultada.

No se sabe si ella murió primero que su hermana Lea. Dios les concedió a ambas lo que deseaban, pero no en el tiempo que ellas lo hubieran querido. Raquel tuvo dos hijos, José y Benjamín, y Lea, fue honrada como esposa de Jacob, en la hora de su sepultura, quedando ella en el sepulcro familiar, como Sara y Rebeca, esposas únicas y amadas de sus maridos. Desde aquel primer encuentro en el pozo, la relación que se originó entre Jacob y Raquel no sólo nos recuerda que el romance no es un invento moderno, sino que además nos enseña algunas lecciones sobre la paciencia y el amor. El amor de Jacob por Raquel era paciente y práctico. Tuvo la paciencia de esperar siete años por ella, pero se mantuvo ocupado mientras tanto. Aún cuando ella no pudo tener hijos por mucho tiempo, el amor de él hacia ella siguió siendo incondicional, pero ella estaba tan enfocada en lo que no tenía, que, no pudo disfrutar de eso. Su envidia e instinto de competencia estropearon su relación con su hermana Lea y no podía comprender que la devoción de Jacob no dependía de su capacidad de darle hijos.

Creo que debemos considerar acerca de su conducta el hecho de que no está bien vivir pensando en lo que no tenemos, y olvidar las bendiciones que Dios ya nos ha dado. Aunque no sean las que nosotros queremos, seguramente son las que más necesitamos.

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