Archivo | julio 2012

Historia de nuestros himnos 5

William Cowper (1731-1800)

Hace más de 250 años William Cowper nació en Inglaterra. Su padre fue el capellán del Rey Jorge II y su madre era de la familia real. A pesar de esto, la vida del joven Cowper no fue feliz. A la edad de seis años su delicada salud se empeoró con la muerte de su madre. Su padre le obligó a estudiar leyes, pero al enfrentar los exámenes finales sufrió una crisis nerviosa. Intentó suicidarse varias veces: tomó una sobredosis de droga, quiso tirarse de un puente y se abalanzó sobre un cuchillo. Por fin trató de ahorcarse, pero lo rescataron a tiempo y fue internado en un sanatorio.

Allí, William descubrió el capitulo 3 de Romanos, y las palabras, “siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención…que es en Cristo Jesús…por medio de la fe en su sangre”. Entendió que Cristo fue crucificado por él, y recibió el perdón de sus pecados.

Llegó a ser amigo y colaborador del ilustre John Newton y se destacó como uno de los mejores poetas de su época. Hoy se le recuerda por sus grandes himnos entre los que se encuentra “Hay un Precioso Manantial”.

William B. Bradbury (1816-1868)

Este compositor es especialmente conocido por su amor a los niños. A través de su vida se dedicó a formar coros infantiles, hasta de 1.000 voces para alabar a Dios. Siempre muy activo, William fabricaba pianos y logró que se incluyera la música en el programa de las escuelas públicas de su ciudad. Escribió 59 colecciones de cánticos, introduciendo un nuevo estilo sencillo y alegre que Él había conocido en un viaje a Suiza. La música de “Cristo me ama, me ama a mí” es obra de Bradbury. Los niños de todo el mundo lo cantan en diversos idiomas. Entre los músicos es conocido con el título de “China” porque usa sólo 5 notas (Escala Pentatónica),  y por lo tanto, el coro ha sido muy apreciado por la niñez de Asia.

Escribió la música para los himnos “Santo, Santo, Grande Eterno Dios”, “Cristo cual pastor”, “Tal como soy”, “Me guía Él, con cuanto amor”, “No te dé temor hablar por Cristo” y “Dulce oración” entre otros.

William Robert Adell (1883-1975)

El joven agricultor laboraba de muy buena voluntad para sostener a su madre. Con el tiempo, llegó a ser maestro albañil y tuvo la oportunidad de servir como misionero en Guatemala junto con su señora.

Dios usó a Roberto para escribir materiales para la escuela dominical y para traducir o componer unos 200 himnos en español, entre ellos “Maravillosa Gracia” y “Oh, amor de Dios”.

Al final de su vida, ya ciego, escribió el siguiente testimonio: “Considero que todo lo que he hecho es muy ordinario, excepto mi servicio para Dios. Con todo, hoy parece ser muy poco. Pero muero consciente de que ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’. En esta transición voy con gozo a su presencia, caminando con mi Salvador a la mansión de mi
Padre celestial”.

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Historia de nuestros himnos 4

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Isaac Watts (1674-1748)

 Isaac Watts bien merece el título “Prócer de la himnodia”. Comenzó a escribir poesías a temprana edad, y a los cuatro años aprendió el latín, y siguió con el griego, el francés y el hebreo.

 Un día el inquieto niño de cinco años no podía contener la risa, aunque se estaba celebrando un culto solemne. Al demandarle su papá la razón, le explicó que había visto un ratoncito subir por un lazo y al instante se le ocurrió una poesía alusiva. No sospechaba ni el padre ni el niño que esta gran facilidad para escribir versos se convertiría en un ministerio grandemente usado por Dios.

 En Inglaterra se acostumbraba cantar solo salmos con música muy lenta. A los 18 años, Watts se quejó de esta situación. “Bueno”, le contesto su padre, anciano de la iglesia, “danos algo mejor”. Fue así que escribió el primero de más de 600 himnos y abrió la puerta al canto congregacional.  A pesar de su mala salud, Watts editó tres himnarios y escribió 60 libros sobre diversos temas teológicos y científicos. Compuso los himnos “Al trono majestuoso”, “Nuestra esperanza y protección”, “Venid, nuestras voces unamos”, “Al mundo paz”, “La cruz excelsa al contemplar” y “A Dios, naciones, dad loor”.

Charles Wesley (1707–1788)

El penúltimo hijo de una familia de 19 hijos, Charles fue uno de los instrumentos humanos, junto con su hermano, John, que Dios usó para impulsar el Gran Avivamiento que transformó Inglaterra.  Su primer intento de evangelizar a una tribu de indígenas en Norteamérica fracasó, pues los hermanos Wesley predicaban, pero realmente no conocían a Dios personalmente. De regreso a su país, se dieron cuenta de su necesidad espiritual durante una reunión de oración y se convirtieron al Señor. De allí en adelante predicaron con fervor, usando la música también para comunicar el mensaje bíblico. Charles fue el autor de más de 6.500 himnos, algunos de los cuales cantamos hoy, tales como “Oh que tuviera”, “Maravilloso es el gran amor”, “Oid un son en alta esfera”, “Cariñoso Salvador” y “Con las nubes viene Cristo”.

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Historia de nuestros himnos 3

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Lelia N. de Morris

El hijo de la señora Lelia N. de Morris se preocupó al darse cuenta de que su madre se estaba quedando ciega. Mientras atendía su hogar, ella siempre tenía papel y lápiz en la cocina para anotar las palabras de nuevos himnos. Como la vista ya le fallaba, su hijo le construyó un pizarrón de 9 metros de largo en el cual ella podía trazar notas y letras muy grandes.En 1914 Lelia quedó completamente ciega, pero esa difícil circunstancia no le apagó su gozo en el Señor, ni se deseo de servirle.  Siguió colaborando en la obra de su iglesia y fue una esposa y madre ejemplar. Le gustaba hablar acerca del santo amor de Cristo, y esto llegó a ser el título de uno de sus himnos más apreciados “Del santo amor de Cristo”. El coro dice “Rico e inefable, nada es comparable al amor de mi Jesús”. Aún cuando empezó a escribir hasta los treinta años de edad, nos dejó más de mil himnos que nos animan a seguir a Cristo con valor, sin desmayar en medio de los conflictos y contratiempos como el himno “¡A combatir!” que también fue escrito por ella.

Carolina Sandell Berg (1832-1903)

A los doce años Carolina se quedó paralítica. Los médicos la desahuciaron, pero Dios la sanó milagrosamente. Agradecida con el Señor, escribió sus primeros himnos, entre ellos el “Nuestro Dios y Padre Eterno”. La tragedia no la había abandonado. A la edad de 26 años navegaba con su padre, un fiel pastor, en un lago de Suecia. Las olas sacudieron violentamente la nave y su padre cayó en las profundas aguas, ahogándose ante los ojos atónitos de Carolina. Su consuelo vino de nuevo por la Palabra de Dios, y lo expresó en muchos hermosos himnos. Además, redactó una colección anual de poesías, devocionales e historias. el himno “Día en día”, es el más popular de los 650 himnos que escribiera la poetisa sueca.

 

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Historia de nuestros himnos 2

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Continuamos con las reseñas biográficas de escritoras de himnos.  Sabemos con mucho detalle la historia de las mujeres de la Biblia, pero también es de bendición conocer sobre mujeres más cercanas a nuestra época, que también tienen historias de vida que nos inspiran y son dignas de imitar, por su amor al Señor y su consagración a él.

Catherine Hankey (1834-1911)

Hija de un acaudalado banquero inglés. Desde temprana edad ella demostró un celo por compartir las Buenas Nuevas. Llegó a organizar clases de escuela dominical en varios barrios de Londres, tanto para gente obrera como para personas de alta posición social. Un viaje al continente africano despertó en ella un gran amor por la obra misionera. A los 30 años de edad se enfermó gravemente, y durante su recuperación escribió un largo poema sobre la vida de Cristo. Su profundo amor por el mensaje de la Biblia se refleja en el himno que surgió de dicho poema: “Grato es decir la historia”.

Frances Harvergal (1836-1879)

Hija de una distinguida familia inglesa. Usó sus talentos como lingüista, poetisa y compositora para la gloria del Señor. Se deleitaba en la oración, la adoración a Dios y la lectura de la Biblia. A temprana edad sabía de memoria los salmos, los libros de los profetas menores, Isaías y casi todo el Nuevo Testamento. Compuso varios bellos himnos como “Mi vida di por ti”  y “Que mi vida entera esté”.  Este último fue escrito durante una velada de oración y alabanza cuando se regocijaba por la conversión de unos amigos.  Más tarde añadió otra estrofa, expresando el amor que sentía por el Señor al ofrendar 50 de sus 52 atesoradas joyas para llenar una necesidad en la obra misionera.  La estrofa dice: “Toma tú mi amor que hoy a tus pies vengo a poner; toma todo lo que soy”. Para Frances,  el dar su corazón a Dios incluida la entrega gozosa de sus pies, manos, voz, tiempo y voluntad de su vida entera.

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Historia de nuestros himnos

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Queridas hermanas y amigas, a partir de ahora, comenzaremos una serie de entradas con una reseña biográfica de los escritores de algunos de nuestros hermosos himnos. Fíjense bien cuando quien lo escribió fue una mujer, y las circunstancias en que lo hizo. Comenzaremos con una de las escritoras más ilustres:

FANNY CROSBY (1820-1915)

La abuela mecía a su pequeña nieta, prometiéndole ser sus “ojos”. La recién nacida había quedado ciega como resultado de una receta médica equivocada. “Pero”, dice la escritora de himnos ciega, hablando de la calamidad años después, “ni por un momento, en más de 85 años, he sentido el más mínimo resentimiento contra Él; porque siempre he creído que el buen Señor, en su infinita misericordia, de esta manera me consagró para la obra que todavía me permite realizar. Cuando recuerdo cómo he sido bendecida, ¿cómo puedo replicar? Puede que la oscuridad arroje una sombra sobre mi visión externa, pero no hay ni una nube que puede detener la luz de la esperanza de un alma confiada.” ¡Qué precioso testimonio! ¿Podemos preguntarnos por qué Dios ha usado de manera tan señalada los himnos de esta mujer santa?

En el regazo de su abuelita, Fanny aprendió de memoria muchos libros de la Biblia. Le entregó su vida a Cristo a los 31 años. Después, con todo el conocimiento bíblico que tenía, escribió unos 9.000 himnos.

Siempre oraba al Señor pidiéndole su dirección antes de escribir cualquier himno, pero un día no encontraba las palabras para cierta composición musical que le habían asignado. De repente se acordó que no había orado y se arrodilló para encomendarle el asunto a Dios. El resultado feliz de la oración fue que Fanny pudo dictarle a su secretaria todas las estrofas del himno “Lejos de mi Padre Dios”.

Cuando Fanny tenía 15 años hizo un largo viaje de unas 1000 millas hasta la Institución de Nueva York para los Ciegos, donde permaneció 23 años, primero como alumna y luego como profesora. Allí se encontró con Alexander Van Alstyne, con quien se casó en 1858. Después de su matrimonio fue el deseo de su marido que su nombre literario, Fanny J. Crosby, lo siguiera usando, porque ya era conocido públicamente, por sus poemas. (Legalmente, al casarse, la mujer pierde su apellido y toma el del marido; de modo que sería: Mrs. Van Alstyne).

A una temprana edad, se manifestó en esta niña ciega su facultad de hacer versos, y teniendo una mente poética aguda, pronto empezó a escribir en serio. Su primer volumen de poemas fue publicado cuando era bastante joven, recibiendo la importante aprobación del crítico literario Guillermo Cullen Bryant, famoso poeta Americano.

Sin embargo, no fue hasta que tuvo los 43 años que comenzó a escribir himnos. Esto sucedió al conocer a Guillermo B. Bradbury (conocido como el Padre de la Canción Sagrada), que la invitó a poner letra a algunas melodías que él había compuesto. El primero que escribió para él fue un himno misionero. Así comenzó Fanny Crosby su obra como escritora de himnos Evangélicos.

Las palabras de muchos de sus himnos fueron compuestas para melodías que le encargaron, como es el caso del bien conocido: “Salvo en los tiernos brazos de mi Jesús seré”, que fue escrito en menos de media hora, tras escuchar la melodía tocada en un pequeño órgano por su amigo el Dr. W. H. Doane, compositor de la misma.

Estaba sentada en una habitación en Nueva York, conversando con un amigo, cuando vino el Sr. W. H. Doane y le dijo que había escrito una melodía y quería que ella le pusiera algunas palabras. Fanny le respondió: “Permíteme que escuche cómo suena la melodía”. Había un pequeño órgano a mano sobre el que el Sr. Doane tocó la melodía e inmediatamente exclamó: “¡Toma!, esa música dice: «Salvo en los brazos de Jesús»; veré lo que puedo hacer.” Se retiró a otra habitación, donde permaneció sola por una media hora, y al volver repitió al Sr. Doane las palabras del himno, el mejor conocido de todas sus composiciones, cantado en todo el mundo.

Fanny Crosby fue una escritora prolífica y rápida, siendo compuestos muchos de sus himnos en pocos minutos, con poco esfuerzo. Dios la dotó de una memoria singularmente retentiva.

En cierta ocasión, alguien quiso consolarla por la tragedia de ser ciega. Ella respondió que no se lamentaba, pues al llegar al cielo el primer rostro que vería sería el de su Salvador. Compuso la letra de los himnos “Santo, Santo, grande eterno Dios”, “Alabad al gran Rey”, “Dime la historia de Cristo”, “Con voz benigna te llama Jesús”, “Comprado con sangre por Cristo”, “Un gran Salvador es Jesús”, “En Jesucristo mártir de paz”, “Cristo es guía de mi vida”, “Dejo el mundo y sigo a Cristo”, “No te de temor hablar por Cristo”, “Avívanos Señor” y “Yo podré reconocerle” entre otros.

Frances Jane Crosby posó su pluma el 12 de febrero de 1915, y entró en la presencia del Rey, a la avanzada edad de 95 años.

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http://biografiasderelacionconcristopy.blogspot.com/2009/06/biografia-de-fanny-crosby.html

Y seguimos leyendo…

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