Archivo | agosto 2012

Para una futura esposa de Pastor, con amor

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Proverbios 18:22 “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová.”

Pronto, mi esposo y yo tendremos doce años de matrimonio, que fueron precedidos por cinco años de noviazgo. Hoy, quiero referirme a esos cinco años… no voy a narrar asuntos de nuestra relación en particular, sino que, quiero referirme a lo que aprendí sobre la vida espiritual de una futura esposa de Pastor, en esos años.

Por la naturaleza del cargo y la responsabilidad que tiene el Pastor (o el ministro, o un encargado de Iglesia, o maestro de Escuela Dominical incluso), las personas que se relacionan de modo más cercano con él, también están bajo el escrutinio de los demás. Su madre, sus hermanos y hermanas, si es casado, su esposa, su suegra, y si no lo es pero está comprometido… también su novia. Es inevitable… la responsabilidad que él tiene, extiende sus alcances a estas personas… así que, más vale que esas personas sean conscientes de esta realidad, para que no estropeen ni pongan tropiezo en el trabajo que el Pastor realiza.

Pues, bien… cuando el Pastor es soltero, viene el personaje del que queremos hablar… su novia. ¿Qué pasa con ella? ¿Qué tanto puede afectar el trabajo y la personalidad del Pastor esta joven? Mucho, ciertamente. Si el Pastor es casado y su esposa tiene debilidades en su carácter cristiano, otros líderes de la congregación podrían llamar la atención de él para que haga algo con ella… es su esposa.  Pero si el Pastor está de novio, a veces la congregación, aunque note que la joven que ha elegido tiene debilidades en su vida cristiana, prefiere no decirle nada a ninguno de los dos. Esto está malo; es en momentos así que se le debe advertir al Pastor (ministro o maestro), que observe bien la conducta de su novia, para no tener que llamarle la atención después del matrimonio. No olvidemos que el asunto es muy serio no por causa de que el Pastor soltero sea un hombre extraordinario… sino porque la responsabilidad que tiene y la labor que realiza, son extraordinarias. El no puede acompañarse de una mujer que tome las cosas espirituales con ligereza o descuido. Pagará un alto precio si lo hace, y también lo pagarán aquellos que pudiendo advertirle, no lo hicieron.

Como todos sabemos, no es agradable que nos digan nuestros defectos en nuestra propia cara… entonces, sería maravilloso que esta joven, novia del Pastor, se examinara ella misma concienzudamente, antes de ser examinada por los demás, y que lo haga ANTES de llegar al matrimonio. No es lo mismo ser la novia, que la esposa, y está por demás decirlo.

¿Qué cosas puede considerar usted que ahora es la novia de un Pastor? En primer lugar, no debe olvidar que, un buen Pastor, ministro, encargado de Iglesia o maestro soltero, cuando considera quién podría ser la mujer que el Señor le conceda para casarse, no está pensando solo en él y en su deseo de contraer matrimonio… está pensando en encontrar una mujer que sea una ayuda total para él en el ministerio que ya tiene. Así que, si la ha escogido a usted, no se crea tan importante… el Pastor la consideró a usted porque él cree que con usted servirá mejor al Señor. Seguramente usted tiene grandes cualidades y él las notó, pero esas cualidades no fueron la cosa más importante que el Pastor tomó en cuenta para iniciar una relación con usted.

Segundo, el Pastor la ama sin duda… pero ama más al Señor. Por eso mismo, si durante el noviazgo, usted no sigue cuidando de su testimonio como antes (asegúrese de leer bien esto), el Pastor puede terminar su noviazgo con usted. No crea que porque ya es pública su relación, es como la promesa hebrea de matrimonio, que solo se disolvía por divorcio formal… no querida hermana… recuerde lo que la Biblia dice: I Corintios 10:12 “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” Usted es solo su novia… no hay compromiso realmente serio aún, ni nada que no pueda ser deshecho entre ustedes. Si usted desde ya no cuida de su persona, no cuida de su participación en los cultos, si prefiere sacrificar el estudio bíblico y la Iglesia por su trabajo o sus actividades domésticas… en resumen, si no comparte con su novio, el mismo celo y amor por el Señor, su matrimonio será un desastre. El Pastor sabe eso, y preferirá mil veces dejarla a usted, que estropear su ministerio con un matrimonio inestable… se lo aseguro. Tomará la decisión por sí mismo, o por el consejo de alguien de su confianza y más alta estima, que le ayudará a ver esas deficiencias en usted, si aún él no las ha visto. De cualquier forma, el Señor la apartará a usted de su siervo, porque Dios cuida a sus ministros celosamente. 

 Estas y otras cosas que reflexioné mientras duraba mi noviazgo, las seguiré compartiendo en entradas posteriores.

Historia de nuestros himnos 10

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Pedro Grado Valdés (1862–1923)

Durante sus estudios de derecho, Pedro Grado se dio cuenta de la falta de pastores en México. Se dedicó al pastorado, a la vez que ayudaba a la gente de escasos recursos con sus problemas legales. Como resultado de su ministerio, muchos llegaron a conocer a Cristo como Salvador personal, entre ellos, personas de “alto nivel social”. Debido a esto se desató una persecución intensa en contra de Pedro. Sufrió varios atentados en contra su vida, incluso por veneno. El Señor lo libró de los peligros y el valiente y fiel pastor expresó su agradecimiento en las palabras de unos himnos, publicados en su Pequeña Colección. Es conocido por su traducción de favoritos tales como “Dulce Comunión”, “En la cruz”, “Anhelo trabajar” y “Estoy bien” y “Cuando andemos con Dios”.

William J. Kirkpatrick (1838-1921)

Desde muy joven William sintió vocación por la música, y a los veintiún años de edad ya había editado su primera colección de himnos. Sin embargo, no fue sino hasta cumplir los cuarenta años que pudo dedicarle todo su tiempo a la profesión musical. Tuvo que prestar servicio militar, y luego trabajó como carpintero, y abrió una mueblería.

Seguramente cantaba mientras pulía madera, y las melodías que compuso a lo largo de su vida han perdurado como favoritas. Compuso la música de los himnos “Al rústico pesebre”, “El fiel Consolador”, “La Palabra del Señor”, “Nuestra vida acabará” al cual también es autor de la letra, “Comprado con sangre por Cristo”, “Un gran Salvador es Jesús”, “Mi fe descansa en Jesús”, “Cuán dulce es confiar en Cristo” y “Rey de mi vida”. Falleció mientras escribía la segunda estrofa de un himno que habla de confiar solamente en Jesús para la salvación.

Eugenio Jordán (1920-1990)

Eugenio y sus nueve hermanos crecieron en el mundo de las bellas artes. Él optó por dedicarse al violín y a la marimba.
A los veinte años estaba tocando en una banda de jazz, sin interés en nada espiritual. Sin embargo, aceptó la invitación de asistir a una reunión en una iglesia y como consecuencia, Dios lo transformó. Eugenio entendió inmediatamente que el Señor lo estaba llamando a ser misionero. Él resistía el llamado, pues había nacido con un defecto que le dificultaba hablar. Pero al ver la respuesta de Dios a Moisés en Exodo 3:4 y 4:10-12, Eugenio dijo: “Heme aquí, Señor”. Fue el comienzo de una vida de ministerio junto con su esposa, Ruth. Este se extendió por varios países, mayormente con la emisora HCJB en el Ecuador. Se les recuerda por su deseo de glorificar al Señor con su música, compartiendo las Buenas Nuevas gozosamente.

Arregló la música de los himnos “Celebremos su gloria”, “Jesús es la roca de mi salvación” y “Oh, que inmenso amor”.

http://p5p5.cl.tripod.com/CuartetoPlenitud/historia_himnos.htm

 

Historia de nuestros himnos 9

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Carlota Elliot (1789-1871)

Fue en 1836 que una joven británica hacía preparativos para asistir a un baile a celebrarse en su pueblo. Se llamaba Carlota Elliot, y era de buena preparación y presentación. Salió muy entusiasmada para encomendar a una costurera hacerle el traje de gala para esa ocasión especial.

En el camino la joven se encontró con un señor evangélico, amigo de la familia y hombre fiel y sincero. Carlota lo saludó y le manifestó el propósito de su diligencia. Con mucho empeño el caballero le habló de la vanidad de la vida y lo engañoso de los placeres de este mundo. Trató de razonar para que ella no fuera, sabiendo que el baile no le haría bien.

La joven, muy enojada, le contestó, “Esto no es asunto suyo”, y siguió. El baile se realizó. La dinámica Carlota fue una de las jóvenes más alegres y elogiadas.

Pero, al acostarse, sintió decepción. Estaba cansada;  se encontraba vacía,
una espina se hincaba en su mente. Su conciencia la perturbaba.  Ese señor siempre se habíamostrado cariñoso, y la manera tan ruda en que ella le había tratado llenó su pecho de pesar. Ella no quería reconocerlo, pero estaba viendo que él tenía razón. El brillo de este mundo es engaño y verdad.

Por supuesto, el evangélico no perdió tiempo en perdonar la conducta tan contraria a la que la joven había aprendido. Con toda sencillez y cariño ese
señor suizo le dirigió a la fuente de paz. “Simplemente entrégate, hija, al Señor
Jesús, el que murió por ti en la cruz”. Tal como eres”. Esto le pareció extraño; ella nunca había entendido que la salvación fuera tan accesible.

“¿Tal como soy?. Pero soy mala, indigna. ¿Cómo puede Dios aceptarme? La joven se sintió abrumada al asimilar la verdad sencilla de esas palabras. Fue a su habitación, dobló sus rodillas, y ofreció a Dios su corazón indigno. Pidió el perdón de su pecado y puso fe en Jesús como su Salvador. La señorita vivió más y más el gozo de la salvación. Pensando en su experiencia, empleó su talento para escribir.

Poco podría imaginarse la fama que tendría por su verso. Ella había dado
expresión a su experiencia propia, que ha sido la de millones más. ¡Cuántos se
han pensado demasiado pecadores, demasiados indignos de recibir la
salvación eterna sin hacer nada! ¡Cuántos hay que quieren hacer, pagar, o
merecer algo!. Pero la señorita había aprendido bien: Dios acepta a uno tal como es.  Cristo recibe a los pecadores, y sólo a los que toman ese lugar. “Cristo puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. Hebreos 7:25

Después de la muerte de Carlota Elliott, se encontró una caja entre sus posesiones que contenía unas 1000 cartas de diversas personas, hablando de la ayuda espiritual que habían recibido a través de este himno.  Si el número de traducciones es un criterio excelencia literaria (y muchos así lo piensan), entonces este himno ha de ocupar el puesto más alto en cualquier lista de grandes himnos. Ha sido traducido casi a cada idioma, y se canta en todos los continentes.

Carlota vivió hasta la avanzada edad de 82 años, y murió en Brighton en la tarde del 22 de septiembre de 1871. Compuso unos 150 himnos. Una sobrina suya, Emily S.S. Elliott, 1836-1897, también compuso himnos; entre ellos: “Tú dejaste tu trono y corona por mí”. 

http://www.daromusic.com.ar/index.php?topic=97.0

Historia de nuestros himnos 8

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Juan Bautista Cabrera (1837-1916)

Desde su infancia, Juan Bautista Cabrera sentía gran sed espiritual, y a los dieciséis años ingresó a una orden religiosa. Estudiaba la Biblia en secreto, pues era prohibido en esa época en España. Huyó a Gibraltar donde recibió a Cristo como Salvador personal, a su amigo y eterno bien, como dice el himno que tradujo “Cuan Dulce el Nombre de Jesús.” Con gran gozo y paz regresó a España para compartir su fe por medio de revistas, la predicación y la música. Mientras organizaba iglesias, también publicaba himnarios y daba clases de canto. Se radicó en Madrid, donde ocupó importantes cargos de liderazgo en la obra evangélica. Sin embargo, hizo su contribución mayor en el área de la himnodia cristiana, ya que sus himnos han sido de bendición para un sin número de creyentes.

Cabrera aparece como el compositor o traductor de muchos himnos. Tradujo los himnos “Santo, Santo, Santo”, “Castillo Fuerte”, “Al trono majestuoso”, “Venid fieles todos”, “El Señor resucitó”, “A Jesucristo ven sin tardar”, “De la Iglesia el fundamento”, “Grato es decir la historia”, “Dulce Oración” y “Firmes y Adelante” entre otros y escribió la letra de “Nunca Dios mío”, “Suenen dulces himnos”, “Gloria a Dios en las Alturas”, “Amémonos, hermanos” y “Supremo Dios”.

Pedro Castro Iriarte (1840–1887)

El joven trabajaba como cajista en una imprenta cuando llegó un pedido de imprimir los primeros folletos evangélicos en Madrid. Mientras armaba cada frase, letra por letra, el mensaje de la literatura le llamó la atención a Pedro Castro. Por ese tiempo Antonio Carrasco y dos ingleses empezaron a tener reuniones evangelísticas en la imprenta todas las mañanas. Contestaron las inquietudes del joven con respuestas bíblicas. Así, Pedro conoció el Evangelio y empezó una vida de servicio al Señor. Fue un hombre de letras, pasando del oficio de imprenta a ser un escritor y poeta muy respetado. Produjo abundante prosa y poesía, y sus bellos cuentos para niños tienen la calidad de los clásicos. Fue, además, autor y traductor de mucho himnos favoritos en España y las Américas. Tradujo el himno “Santa Cena” y Compuso los himnos “Despertad” y “Pecador, ven a Cristo Jesús”. Sirvió fielmente como pastor durante una época difícil de persecución y revolución. Dios lo usó para organizar la primera iglesia en Valladolid y nuevas congregaciones en Madrid.

Alfredo Colom M. (1904-1971)

Prolifero autor de himnos y poemas, Alfredo Colom nació en Quezaltenango, Guatemala, en 1904. Llegó a ocupar un cargo de servicio público, pero el vicio del licor arruinó su vida. Iba camino a suicidarse cuando un creyente indígena le regaló un Nuevo Testamento y se convirtió a Cristo en 1922. 20 años más tarde se entregó al servicio del Señor y empezó el ministerio de música y evangelización que le llevó a todo el continente. Trabajó varios años con la Radio HCJB y compuso algunos de los himnos latinoamericanos más amados, entre ellos “Por la mañana”, “Gloria a tu nombre”, “Jesús es la roca”, “De tu cántaro dame”, “Pies divinos”, “La visión de la cruz”, “Manos cariñosas”, “Ven a los pies de Jesús”, “Canten con alegría”, “Los que esperan en Jehová”, “Yo no quiero pecar”, “Los que con lágrimas”, “¿Has oído Señor?”, “A la victoria Jesús nos llama”, “Proclamad juventud redimida” y “América será para Cristo”.

Él narró la creación del Himno “Por la mañana yo dirijo mi alabanza” de la siguiente forma: “Una mañana al despertar, mirando el maravilloso espectáculo de la salida del sol por la Avenida Bolívar en la ciudad capital de Guatemala, no pude menos que prorrumpir en alabanzas a Dios por todos sus beneficios. Así me fue inspirada la primera parte del himno. En otra ocasión, mientras me deleitaba en la caída de la tarde, noté que mientras el sol se iba perdiendo en el ocaso, las tinieblas estaban llenando el firmamento. Y dije: Sí, el sol se está ocultando, pero mi amado Redentor continúa llenando mi corazón con su grata presencia. Y en el acto mismo, me vino la inspiración de la segunda estrofa del himno.”

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Historia de nuestros himnos 7

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Arturo Borja Anderson (1887-1983)

Don Arturo fue un hombre de muchos talentos: artista, poeta, alcalde, escritor y pastor. Desde su conversión a la edad de 17 años, sintió una pasión por comunicar la verdad divina. Comenzado en el altiplano guatemalteco; predicó elocuentemente en español, como también en el idioma Cakchiquel. Al trasladarse a la ciudad capital no sólo sirvió en el pastorado, sino que continuó produciendo poemas, diálogos cristianos e himnos.

Escribió el himno “Con Alegres Corazones” como una muestra de gratitud a Dios por la vida que le dio. Su poesía expresa una gran fe en el Cristo resucitado. Fue llamado a la presencia de Dios a la edad de 95 años.

Carl Boberg

Un soleado día en 1885 el pastor y senador sueco, Carl Boberg, regresaba de una reunión. Se encontraba caminando por el campo cuando súbitamente fue alcanzado por una tormenta veraniega. Al refugiarse entre unos árboles mientras escampara. Boberg, reflexionó en la grandeza de Dios, y así nació “Cuán grande es Él”. Fue traducido al alemán en 1907 y luego llevado a Rusia en 1912, 5 años antes de la Revolución. Un misionero inglés, Stuart K. Hine, lo aprendió en ruso y lo tradujo, agregando la cuarta estrofa en 1948, y luego fue traducido al español en 1958, por un argentino.

La primera y tercera estrofas se basan en el himno original de Boberg, la 2ª nació es Rusia, y la 4ª en Inglaterra. A través de 70 años y 5 idiomas nos ha llegado este majestuoso himno que une los corazones del pueblo de Dios, sin fronteras, para alabar al Creador Omnipotente.

Luther Bridgers

Sin sospechar que estaban en víspera de una tragedia, el joven predicador llegó con su familia a la casa de sus suegros, pues iba a predicar en una campaña evangelística en ese pueblo.

La reunión familiar fue gozosa y sus hijos jugaron felices con sus abuelos. En la noche todos sea acostaron cansados.  Más tarde un vecino se despertó y vio la casa envuelta en llamas. Corrió al rescate, pero sólo salieron con vida el padre con los abuelos. Pese a los esfuerzos, la madre con sus tres hijos murieron asfixiados. El viudo Luther Bridgers, no pudo comprender tan terrible pena, pero se afianzó en las promesas de Dios en la Biblia. El Señor le dio un cántico en la noche oscura de su duelo y la verdad del salmo 42 se refleja en el himno “Hay un canto nuevo en mi ser.” Además de escribir varios himnos, Bridgers también le sirvió al Señor como misionero en Bélgica,  Checoslovaquia y Rusia.

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Historia de nuestros himnos 6

Compilado por Rebeca Argüelles de Manzanares

Speros D. Athans (1883–1969)

A los quince años de edad, Speros abandonó su hogar en Grecia, ya que su padre había muerto. El joven viajó por varios países y en una sala de inmigraciones le obsequiaron un Nuevo Testamento en griego. Fue el principio de una vida de estudio de la Biblia. Athans llegó a ser muy apreciado en el mundo hispano como profesor, pastor y escritor. Editó el himnario Melodías Evangélicas y tradujo más de 150 cánticos cristianos, entre ellos los himnos “Mi vida di por ti”, “Yo quisiera hablarte del amor de Cristo”, “Qué bella historia” y “Cristo es mi dulce Salvador”.

H.C. (Enrique) Ball (1896 –1989)

Enrique Ball nació en Texas y a los 18 años empezó a trabajar en la obra con hispanos. Al mismo tiempo, traducía sus himnos predilectos al español. En 1916 publicó “Himnos de Gloria”. Este fue el primero de varios himnarios que compiló. Ball solía decir que las traducciones de los himnos le vinieron por la iluminación del Espíritu del Señor. Los himnos “Por fe contemplo redención”, “A los pies de Jesucristo”, “Oh, yo quiero andar con Cristo”, “Soy yo soldado de Jesús”, “Un día Cristo volverá” y “Alabanzas dad a Cristo” fueron traducidos por él.

Phillip Bliss

El famoso músico Philip Bliss viajaba en ferrocarril hacia Chicago con su esposa en el frío invierno de 1876. De repente, al pasar sobre un puente, éste se desplomó y arrojó a los pasajeros al abismo. Bliss logró escaparse por una ventana, pero retornó al carro que ya se consumía por el fuego, para rescatar a su señora. Ambos perecieron, junto con otras 100 personas. En el viaje él había escrito el himno “Yo cantaré de mi Jesucristo” y fue hallado entre los escombros. A los 38 años escribió este último himno, muy usado en las campañas evangelistas de ese entonces; pero su mensaje ha tocado miles de corazones durante más de un siglo.

 

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