El Desánimo

Por: Roberto Manzanares

Nehemías 4:7-10 “Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche. Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.”

Cuando se está haciendo la obra de Dios, llega un momento en que parece que las cosas, en vez de mejorar, empeoran. Eso fue lo que les pasó a los israelitas que estaban reconstruyendo la muralla de la ciudad de Jerusalén, que estaba derribada. Después de que fueron derrotados y esclavizados por los babilonios por 70 años, vino Ciro el persa, y sometió a Babilonia y por decreto, liberó a los judíos y les permitió volver a sus ciudades (las cuales, por cierto estaban destruidas).

Aproximadamente 90 años después de que fueron liberados y volvieron a su tierra, fue que Nehemías tomó a su cargo, la reconstrucción del muro y la ciudad. Tener el muro destruido era un gran riesgo para los que habitaban en la ciudad. Estaban expuestos a los enemigos y saqueadores, y sobre todo, ese muro derribado era una deshonra al Nombre de Dios porque provocaba que los pueblos paganos blasfemaran de él. Estaban trabajando en esa reconstrucción cuando, inevitablemente, les sobrevino el desánimo. Veamos cómo fue.

Comienza con: “y dijo Judá”… ¿quiénes eran los de Judá? Era la tribu privilegiada y escogida por Dios para que de sus descendientes llegara el Mesías. Fueron ellos los que comenzaron a decir palabras de desánimo al resto del pueblo. El problema era que había muchas cosas por hacer: sacar el escombro, vigilar día y noche y construir al mismo tiempo… el pueblo estaba dividido para hacer todas esas tareas, entonces estaban cansados por tanto trabajo. Lo primero que notamos entonces en esta historia es, que el desánimo viene solo a los que están trabajando; solo ellos pueden estar real y razonablemente cansados. Pero, escuchamos a muchos que no son activos en la obra de Dios en sus congregaciones que dicen: “estoy desanimado”… pero, no está haciendo nada… ¿por qué está desanimado?

El desaliento y la queja se esparcen rápidamente y estorban la obra de Dios, pero a pesar de eso, muchos continuaron trabajando en la reconstrucción. Es mejor combatir en medio de las dificultades que vivir sin conocer nunca lo que es esforzarse decididamente para nuestro Dios.

Nehemías 4:6 “Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.” ¿Cuándo apareció el desánimo en el pueblo? Cuando iban por la mitad del trabajo. ¿Por qué? porque es allí donde aparecen:

1.- La fatiga: “las fuerzas de los acarreadores se han debilitado”. Un cuerpo cansado  puede causar un espíritu desalentado. El desánimo solo llega a las personas que han agotado sus fuerzas mentales y físicas en la obra.

2.- La frustración: “el escombro es mucho”. A pesar del trabajo que se ha hecho, el escombro sigue siendo mucho dentro de la ciudad. Cuando se hace una gran obra y se está fatigado, lo que falta por hacer produce frustración. Lo cierto es que, no estaban teniendo una percepción adecuada de las cosas, porque, en ese momento había menos escombro que cuando empezaron a construir, pero, es esa cantidad menor de escombros la que los tiene desanimados. Les parece abrumadora hasta ese momento.

3.- Pérdida de confianza: “no podemos edificar el muro”. Todo parece imposible. Ya habían construido la mitad y lo que falta les parecía imposible. Cuando perdemos nuestra confianza en el Señor viene ese desaliento que nos hace pensar que no podremos llevar a cabo la obra que nos encomendó.

4.- Miedo:  Nehemías 4:11 “Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.”  El enemigo provoca miedo en nosotros para que seamos inefectivos en la obra de Dios. Nos infunde miedo para testificar, miedo para participar en la obra, pero no le tememos a ser infieles al Señor. Hay cosas en la vida a las que nos aferramos porque nos hacen sentir seguros, trabajo, salud, vivienda, familia… basta que perdamos alguna de ellas para que nos sintamos temerosos y desanimados. Cuando nuestra confianza y seguridad no vienen del Señor, la menor dificultad nos hace abandonarlo. Terminamos siendo inefectivos en su obra.

Pero, aunque no lo parezca, el desánimo puede traer a nuestras vidas un nuevo fervor por la obra del Señor. Nehemías 4:15 “Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.” Cuando ellos volvieron a enfocarse en lo que Dios hacía, pudieron volver a trabajar. ¿Ha llegado el desánimo a su vida? Vea, lea y recuerde lo que Dios hace por usted y renueve sus fuerzas en él.

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