Archivo | mayo 2013

La cuestión del diezmo

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Queridas hermanas y amigas, hoy hablaremos de un tema un tanto difícil para muchas personas, pero que en realidad, no tiene nada de complicado cuando estudiamos lo que la Biblia dice al respecto con un corazón deseoso de obedecer: el diezmo. Veremos algunos errores que la gente, incluso creyentes, cometen en lo que piensan sobre él y estudiaremos algunos pasajes que nos guían en nuestra actitud con respecto al diezmo. ¿Son los diezmos para los pastores de las Iglesias? ¿Enseñar sobre el diezmo es ser legalista? ¿Tengo que entregarlo solo en la Iglesia? Acompáñennos es este pequeño estudio. Esperamos sus comentarios al respecto.

QUE ES EL DIEZMO Y COMO SE CALCULA

“Diezmo” es la décima parte de una cosa; diezmar es tomar la décima parte de algo, y en este caso, de lo que hablamos es de nuestras ganancias monetarias. Por ejemplo, si yo gano mil Lempiras (en el caso nuestro en Honduras, nuestra moneda es el Lempira), debo separar de ellos la suma de cien Lempiras, pues esa es la décima parte de mil. Es decir, divida sus ganancias entre 10 y tendrá la cantidad que debe entregar como diezmo al Señor.

COMO SE ORIGINO LA PRACTICA DE DIEZMAR

Obviamente la práctica de diezmar la hallamos en el Antiguo Testamento (AT), pero no en la ley de Moisés, sino mucho más atrás en el tiempo. La primera persona de quien está registrado en la Biblia que entregó diezmos fue Abraham, Génesis 14:18-20 “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino;  y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.” 

Es decir, mucho antes que Dios diera a Moisés la Ley, ya tenemos registro de hijos de Dios diezmando a él y Dios recibiendo esos diezmos. También está el caso de Jacob, que hizo solemne promesa de pagar sus diezmos de todo lo que el Señor le diera. Esta era una práctica aprobada por Dios que luego él mismo ratificó cuando entregó su Ley al pueblo de Israel, Génesis 28:20-22 “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.”

Debido a que muchos creen que esta práctica es de la Ley, piensan que ya no debemos obedecerla porque, “ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia”. Este primer error, como los demás que veremos, está basado en una mala interpretación y aplicación de los pasajes bíblicos. Esta postura es totalmente inconsistente porque, como ya vimos, el diezmo fue aprobado por Dios mucho antes de que lo mandara en una ley específica y por otro lado, no podemos usar ese argumento arbitrariamente. Si ya no estamos bajo la ley, entonces matar, robar, mentir y deshonrar a los padres entre otras cosas, también debería estar permitido. No podemos invocar el cumplimiento de la Ley solo para lo que nos conviene y descartar de ella todo lo que no nos guste.

Además, es necesario aclarar algo sobre el mal uso que muchos le dan al término “legalista”. Una persona legalista, es aquella que cree que no podrá ser salvo si no cumple cabalmente la Ley. Legalistas eran los judaizantes en días de Pablo, que enseñaron en Galacia, Colosas y otros sitios donde Pablo predicó, que no bastaba con creer en Cristo como Salvador, sino que era necesario que los nuevos creyentes guardaran todos los ritos de la Ley para poder ser salvos. No creemos que quien no diezme no es salvo o que para serlo hay que diezmar; de ninguna manera. Pero quien es salvo, está deseoso de obedecer al Señor, y si indaga con diligencia, verá que el diezmo  es una de las cosas en las que debe obedecer y no pondrá excusas ni buscará justificarse para no hacerlo.

ENTONCES, ¿EL DIEZMO ES APLICABLE A NUESTROS DIAS? 

Definitivamente, sí. Los creyentes debemos seguir haciéndolo. Ahora veremos unos pasajes sobre el diezmo en el Nuevo Testamento (NT).

1.- Mateo 23:23 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.”

Jesús no acusa a los fariseos y escribas por diezmar, sino por hacerlo con el propósito incorrecto. Jesús les dice que practicar la misericordia, buscar la justicia y tener fe genuina, es más importante que ser súper minucioso a la hora de establecer la cantidad que iban a diezmar.

Aquí tenemos a estos hombres, modelos de piedad de su época. Jesús sabía que eran piadosos por fuera solamente. Cuando les dice “la menta, el eneldo y el comino” quiere decir que calculaban la décima parte hasta de las cosas más pequeñitas que recibían, para que los vieran, que ellos no se quedaban con la más mínima parte de lo que era del Señor; pero en sus corazones eran rebeldes a Dios. Estas especias no las cultivaban en grandes campos sino que crecían en los huertos familiares, y diezmaban de ellas como una muestra de ser muy estrictos en sus acciones. Estas personas entregaban sus ganancias pero no sus corazones. Obviamente, es más importante que Dios tenga nuestro corazón. Pero, nunca Jesús les dice que no diezmen, o que no sirve de nada hacerlo. Vea: “esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.

Es bueno asegurarnos de que no retenemos nada del dinero que le pertenece al Señor, pero más importante es que no le mezquinemos nuestros corazones. ¿De qué serviría que calculemos perfectamente el diezmo de cada centavo que cae en nuestras manos, si nuestro corazón es rebelde, rencoroso  ingrato y murmurador? Un corazón obediente deseará entregar al Señor lo que es de él  con alegría y suma satisfacción, no para ser visto y alabado por las personas, como hacían los fariseos y escribas.

Bien, entonces, Jesús en ningún momento está anulando el diezmo en este pasaje.

2.- Marcos 12:13-17. “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra.  Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?  Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él.”

Este pasaje habla de dar dinero. Los creyentes tenemos que estar pendientes de pagar lo que debemos: al Señor le debemos nuestro diezmo y a nuestros gobiernos civiles, nuestros impuestos. Aunque ambas cosas reducen nuestros salarios, ¿qué dijo Jesús al respecto? Que las dos cosas hay que pagarlas. Desde luego que podemos aplicar este pasaje a otras cosas diferentes del dinero, porque a Dios le pertenecen nuestros bienes, nuestro tiempo, nuestras fuerzas físicas, etc. y en esto también hay que notar que nos es un poco más sencillo entregar a Dios un poquito de todas esas cosas y creer que ya hemos obedecido, cuando en realidad todavía seguimos siendo mezquinos en nuestros corazones.

Seguiremos con este tema pronto, porque faltan algunas preguntas por responder. Por ahora, ya tenemos en qué pensar, ¿cierto?

 

 

 

 

 

No lo piense dos veces…

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

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Queridas hermanas y amigas… me encontré este mensaje en un sitio para jóvenes cristianas. A simple vista, se ve bonito, ¿no es cierto? Nos dice que oremos, que leamos la Biblia y hasta que ayunemos. Pero lo cierto es que, no hay consejo más anti-bíblico para darle a una joven que este, pues el mensaje dice claramente en su encabezado, que estos son los pasos que debe seguir al tener una relación con una persona no creyente.

Alguien dirá que esto puede aplicarse a los matrimonios en los cuales uno de los cónyuges llegó a Cristo después de casarse y el otro permanece en incredulidad. Sí… puede aplicarse, pero el caso es que el mensaje estaba en un sitio para adolescentes  y jóvenes cristianas. Por eso sé que no lo están aplicando al matrimonio sino al noviazgo.

Mire el primer consejo: ORA. Me pregunto, qué le puede “platicar” a Dios una joven que en contra de la voluntad de Dios, está en una relación de noviazgo con un inconverso. ¿Qué puede decirle? Lo único que se me ocurre es algo como: “Señor, yo sé que tu Palabra dice que no debo estar en una relación como esta, pero también la Biblia dice que tú siempre estarás conmigo y que si encomiendo mis caminos a tí y confío en tí, tú actuarás… bendice mi noviazgo con este joven que no quiere creer en tí…” ¿Qué les parece esta oración? ¿Podemos encomendarnos al Señor cuando estamos desobedeciendo su voluntad expresa? ¿En serio podemos creer que nos ayudará a que nuestro pecado tenga éxito? No lo creo. Entonces el primer consejo no sirve en este caso.

Vea el segundo: LEE. Si realmente hubiéramos leído en la Biblia, hace mucho que sabríamos que tener una relación sentimental con un inconverso, es pecado. Dice además que, “al leer él (Dios) te hablará a tí y te irá guiando lo que debes hacer”. ¿Dios “me irá guiando”? ¿No me ha dado ya su guía cuando me dice “no os unáis en yugo desigual”? ¿Qué más tengo que leer? ¿Qué más debo buscar en la Biblia sobre este tema? Lo único que voy a encontrar es los ejemplos malos de personas como Sansón, al que le fue muy mal por enredarse con mujeres que no adoraban a Dios. Por otro lado, Dios me irá guiando mientras yo permanezco en su voluntad… fuera de ella no me promete guiarme a ningún lado bueno para mí. Entonces, el segundo consejo tampoco sirve en este caso.

El tercer consejo: AYUNA. Querida hermana, no creo que el cariño de esta persona que no cree ni ama al Dios que usted adora y que le salvó de la condenación eterna, valga tanto como para hacer este sacrificio. El ayuno es algo muy personal; no es un mandamiento que Dios nos da para cumplir. No creemos que es una práctica que podemos añadir a nuestras oraciones para que Dios sea movido a darnos lo que le pedimos. Por otro lado, nuestro deseo de consagrarnos al Señor debería estar siempre presente en nuestras vidas, no solo en este momento en que nos interesa una persona inconversa. Si es así, estamos realizando actos de supuesta consagración pero por puro interés… ¿acaso Dios no lo sabrá? Entonces… este tercer consejo, tampoco se aplica en este caso.

Consejitos como estos, abundan por Internet… tengamos cuidado porque, suenan muy lindo, pero en realidad son palabras vacías. Suponga que yo tengo novio inconverso y hago estas tres cosas… desde un principio debo saber que no voy a poder orar correctamente, que en la Biblia no hallaré nada para darme esperanza al respecto y tampoco podré consagrarme más al Señor porque, como es típico en los inconversos, mi novio querrá tomar del tiempo que es de Dios para salir conmigo, para ir a divertirnos; sus conversaciones no serán de ningún tema espiritual, sus aficiones no coincidirán con las mías… entonces nada funcionará. Los consejitos no valen para nada.

He oído cosas como: “Pero si yo soy novia de él, tendré la oportunidad de evangelizarlo y ganarlo para Cristo”… no se engañe jovencita… pueden llegar a la boda y usted todavía estará evangelizándolo y él sin convertirse. A él no le interesa Cristo sino usted. Puede evangelizarlo sin estar involucrada sentimentalmente con él. Así, si usted le predica no será por interés de su parte, y si él cree, lo hará genuinamente y no por interés en usted.

Queridas hermanas y amigas, no lo pensemos dos veces… no podemos evitar que una persona nos agrade y comenzar a sentir simpatía  por ella, pero sí podemos evitar caer en pecado dejando que esos sentimientos progresen y se fortalezcan. Ya sabemos a dónde va a ir a parar eso… a ningún lado.

Dejando un legado piadoso

Por Nancy Leigh DeMoss

Un buen obrero sabe que toma tiempo construir una casa que permanezca en pie por varias décadas. Él establece las bases hábilmente y se rehúsa a tomar atajos a medida que forma un fundamento sólido. De la misma manera, nosotros necesitamos construir una zapata espiritual en la próxima generación.

En Salmos 127, la Palabra de Dios nos ofrece tres analogías que nos ayudan a saber como construir familias que tengan un corazón para Dios. Nosotros debemos ser obreros, guardianes y guerreros. La meta de estos tres roles es que dejemos un legado de piedad para nuestros hijos, nietos y las generaciones que le sigan. Una vez tuve el privilegio de construir una casa. No sabía nada de construcción así que contraté un constructor local. Este vino altamente recomendado y resultó ser un constructor maravilloso, un perfeccionista que se tomaba las cosas seriamente y que con su ojo experimentado veía cosas que yo no podía ver.

Algunas fases pasaron rápidamente, con progreso notable casi hora por hora y ciertamente día por día. Otras partes más tediosas del proceso eran menos emocionantes, pero el constructor sabía que aún esas partes lentas eran importantes. Al final del proceso fue emocionante ver hacia atrás y al mismo tiempo ver esta bella casa que Dios había provisto con la ayuda de tantos obreros capaces y
decir, “Misión cumplida!”. Ahora esa casa es un lugar donde puedo vivir y donde otros pueden ser ministrados y bendecidos.

Como leímos en el Salmo 127, nos damos cuenta de que el ‘obrero’ no está simplemente construyendo una casa física. El está construyendo un hogar, una herencia—una familia piadosa que llevará el corazón, los caminos y la fe de Dios a la próxima generación. Ese tipo de construcción es más demandante, precisa y algunas veces, más exasperante que construir una casa física. Hay mucho más en juego, y no podemos darnos el lujo de no hacerlo bien.

Queremos construir vidas, hogares, iglesias y una cultura que refleje la gloria de Dios mucho después de que nos hayamos ido. Queremos dejar atrás un modelo de piedad que las personas elijan abrazar en la próxima generación.

Guardianes y Guerreros

Hay otra analogía utilizada en este pasaje—la de un guardián. Las Escrituras dicen, “Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.”(127:1)

Tenemos aquí la imagen de un centinela o guarda, alguien que ha sido asignado y ha aceptado la responsabilidad de estar en guardia por una ciudad. No puede dormirse en su turno, debe mantenerse alerta y despierto. Él necesita discernimiento para reconocer cuando se acerca un enemigo. Se nos ha asignado la tarea de ser protectores, velando por la ciudad que Dios nos ha confiado.

La tercera imagen en este pasaje es la de un guerrero: “Como flechas en las manos del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud” (127:4).

Aquí la imagen es de un campo de batalla, y nuestros hijos e hijas son las municiones. Son flechas en la batalla, y Dios busca que los liberemos y los enviemos a la cultura. Esas flechas deben estar preparadas—cuidadosamente formadas y moldeadas.
Deben ser disparadas en la dirección correcta, hacia el objetivo apropiado. Nuestra efectividad como guerreros, en muchos sentidos, determina la efectividad de esas flechas. Si no han sido formadas correctamente, o si son enviadas en una dirección incorrecta, no van a cumplir su propósito.

El salmista nos dice que hay una casa que construir, una ciudad que guardar y una batalla que pelear. Si el obrero no edifica la casa, si el guardián se duerme o se distrae mientras está en su turno, o si el guerrero falla en presentarse a la batalla, vamos a tener problemas. Las vidas pueden estar en peligro. Estos son roles vitales, estratégicos.

Cuando piensas en tu familia, no es solo una cuestión de preguntarse “¿Lo lograrán mis hijos?” o “¿Tendremos una buena familia?” Hay que mirar una imagen mucho más grande.

Construyendo Su Reino
Dios está construyendo Su Reino, y nosotros somos obreros juntamente con Él; somos guardianes con Él; somos guerreros con Él. El propósito de Dios para nuestras familias, hogares y relaciones es que, en nuestra pequeña parte de la construcción, estemos contribuyendo a edificar el reino de Dios de manera mas amplia. Es por este medio que podemos dejar un legado de piedad para la
próxima generación.

Si pierdes de vista esa visión, te vas a desgastar en toda buena obra. Levanta tus ojos y di, ¿Cuál es el cuadro general aquí? ¿Qué esta tramando Dios? Nuestros hijos son una mayordomía sagrada de parte del Señor. Un día daremos cuentas a Dios por la condición espiritual de la próxima generación. Eso no disminuye su responsabilidad, pero nosotros, como creyentes adultos, un día estaremos de pie ante Dios y daremos cuenta por cómo construimos, guardamos la ciudad y peleamos la batalla en nombre de la próxima generación.

© Aviva Nuestros Corazones. Usado con permiso.
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