Archivo | junio 2013

Mamás a la manera de Dios 5, Sembrando la Palabra en nuestros hijos

Dejamos esta para el final porque creo que es la mejor para cerrar con broche de oro… han sido tan especiales estos días de reflexión, ¿verdad? Cuéntennos cómo les ha ido con estas meditaciones. ¿Qué están practicando ya? ¿Cómo han estado sus hijos y esposo ante los cambios? Que el Señor siga bendiciendo sus hogares. 
Sin duda, una de nuestras grandes preocupaciones como madres es la de ser capaces de pasar nuestra fe a nuestros hijos.
Romanos 3:23
 “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios
 No podemos decidir por ellos.
 No son salvos por tener padres cristianos o ir a la iglesia.
Necesitan tener un encuentro personal con Cristo.
Es por eso que es de vital importancia que, desde el hogar, podamos sembrar en nuestros hijos la Palabra de Dios. De entre todos los ministerios que puedas tener, este es uno de los más desafiantes. Ayudar a tus hijos a conocer a Dios y Su Palabra demanda de nosotras tiempo, esfuerzo y dedicación. Más que eso, es necesario que nosotras mismas vivamos la Palabra, vivamos de acuerdo a la Palabra y tengamos una relación personal activa con el Señor que nuestros hijos puedan ver, palpar… IMITAR.
En estos días leía esto en el blog de Sally Clarkson(http://Itakejoy.org) un devocional que terminaba así:
Si una mamá comprende que sus hijos, al igual que ella, van a cometer errores, tienen accidentes y muestran la cara oscura del pecado, no los condenará con dureza por ello. En lugar de eso, desde un corazón que sabe que no merece la gracia y el amor de Jesús pero que, a pesar de todo, lo recibe, extenderá su paciencia, misericordia y benignidad a sus hijos para mostrarles el verdadero corazón de Jesús. Ella enseñará, entrenará y corregirá como Jesús lo hizo, mostrando benignidad y misericordia por sus hijos de la misma manera que reconoce la necesidad de benignidad y misericordia para ella misma.”
En el día de hoy queremos darte ideas prácticas para poder sembrar la Palabra en tus hijos. Vas a encontrar muchas sugerencias diferentes en Una Mujer Elegida, el Blog de Wendy Bello y Con Visión de Hogar, pero, en mi caso, como mis hijos tienen 5, 3 y 1 año, voy a hablarte de mi experiencia personal con niños pequeños:
 1. Ora
Lamentaciones 2:19
Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos,
Ora por ellos. Ora con ellos. Oyéndote a ti es como ellos van a aprender. En nuestro hogar, mi esposo ora con los niños todas las noches antes de que se acuesten. El siempre deja un tiempo para que ellos mismos puedan orar también. ¡Te van a sorprender con sus oraciones!
 2. Muéstrales el amor de Dios a través de tu amor
Juan 13:34
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”
Muchos besos, muchos abrazos, muchas cosquillas y risas son vitales para que tus hijos se desarrollen bien, seguros y sanos física y emocionalmente. Diles a menudo cuánto los amas y diles también cuánto Dios los ama. Muestra el amor de Dios a través de tu amor y tu preocupación por otros. Involúcralos en tus oraciones por otras personas y en pequeños proyectos de servicio: hacer galletas para repartir a los vecinos, hacer pequeñas bolsitas con útiles personales y dejarlas en el hospital o en un asilo de ancianos, hacer tarjetas o colorear dibujos para llevarle a una hermana que vayas a visitar… Déjalos servir a otros contigo y que también ellos sean canales de amor.
 3. Lee la Palabra con ellos
Romanos 10:17
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Me gusta estar sola cuando hago mi devocional. Pero he descubierto en este último año que puede ser muy agradable compartir ese tiempo con mis hijos. Suelo tener cerca de mi Biblia una  Biblia ilustrada para niños y algunos libritos con historias bíblicas. Si alguno de ellos se levanta demasiado temprano, escojo algún corito de alabanza que ellos sepan para alabar juntos y les dejo revisar sus libros mientras yo leo mi Biblia.
También he ido sumando a sus cuentos libritos ilustrados, sobre todo de las Sociedades Bíblicas Unidas, que tienen gran variedad de historias bíblicas. Ahora ya no sólo leemos sus cuentos favoritos, sino también estas historias de la Biblia. Y, como la mayor parte son ilustraciones,  ellos las pueden ver por su cuenta aunque no sepan leer.
Por último, en el apartado de lectura, te recomiendo que inviertas en una buena Biblia para los niños. Los libros están caros, sí, y más las Biblias, pero te aseguro que va a ser dinero bien gastado. De las que nosotros tenemos, la que más utilizamos esLa Biblia en un año para niños, de Rhona Davies, que va de Génesis a Apocalipsis con un pasaje diario para leer, de forma que, al finalizar el año, los niños han recorrido la totalidad de la Biblia.
 4. Haz manualidades con ellos.
Escoge manualidades que se relacionen con los pasajes bíblicos, las historias o los personajes de los que les estés hablando No creas que tienes que gastar mucho dinero en esto, la mayoría de las manualidades que hago con mis hijos son de material de provecho: tubos de cartón de papel de baño, cartones de huevos, cajas de cartón, botellas de plástico…; o de bajo costo: paletas de helado, vasos desechables, algodón, lana, platos de cartón, pintura al frío, foamy, papel, colores… ¡Deja volar tu imaginación! Cada vez que vean la manualidad ayúdalos a recordar la historia bíblica con la que se relaciona.
 5. Empapela tu casa con versículos
Deuteronomio 6:6-9
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”
Ayúdales a memorizar versículos. Imprime algunos en tu computadora o hazlos a mano en letras grandes y deja que ellos los pinten o decoren. Ponlos en lugares diferentes de la casa y memorízalos con ellos. Yo suelo utilizar siempre la versión RV60, pero cuando memorizo con mis hijos, suelo utilizar la Nueva Versión Internacional, que les resulta mucho más fácil.
 6. Ten un devocional familiar
Únete a tu familia cada día para que todos puedan tener un tiempo en la Palabra juntos. Nosotros estamos haciendo el estudio de GMG de Lucas 9-16(1) Ver abajo, para descargarlo en PDF) y después del almuerzo mi esposo o yo compartimos con los niños los versículos del día. Nada largo, nada profundo, pero significativo.
 7. Busca formas de aplicar la Biblia a su vida diaria
Incorpora a las situaciones que se dan cada día en tu hogar conceptos como el perdón, el amor, la misericordia, el ayudar a otros… Muéstrales lo que la Biblia dice por medio de acciones y deja que ellos mismos sean los que lleven a cabo también estas acciones.
 Es nuestra responsabilidad como cristianas llevar el Evangelio a la generación siguiente…Es nuestra responsabilidad como mamas llevar el Evangelio a nuestros hijos.
¿De qué forma estás sembrando la Palabra de Dios en tus hijos? ¿Qué estás haciendo para que conozcan a Dios? ¡Compártenos tus ideas! Nos encantaría escucharlas.
Reto para esta semana: Es tu responsabilidad como mama discipular a tu(s) hijo(s). Cada día aparta 10 minutos o más para leer, discutir y estudiar la Palabra con tus chicos.
Enlaces de interés con estudios y manualidades bíblicas para niños:

Mamás a la manera de Dios 4, La trampa de las expectativas

Gracias a nuestras amigas de elviajedeunamujer.blogspot.com, por seguir haciéndonos reflexionar acerca de nuestro papel como madres. Que siga siendo de provecho para todas esta serie. 
Vivimos en una sociedad que demanda perfección. Muchas mamás venimos del entorno del éxito académico y de los altos logros profesionales y eso nos hace ponernos a nosotras mismas estándares demasiado altos.
Las expectativas demasiado altas son tanto internas, establecidas por nosotras mismas, como externas, impuestas por la sociedad, la familia, el esposo… y, desgraciadamente, no sólo  las utilizamos para medirnos a nosotras mismas, sino que también juzgamos a otras mujeres a nuestro alrededor de acuerdo a esos estándares inalcanzables que nos hemos trazado como mamás. O más bien como “súper mamás”, porque la única manera de cumplir con todas nuestras expectativas implicaría tener habilidades propias de un súper héroe.
Las mamás somos maestras, enfermeras, chefs, decoradoras, economistas, psicólogas, cuenta cuentos, planificadoras de fiestas infantiles, expertas en limpieza, choferes, modistas ¡y muchas otras cosas más! Ser mamá demanda mucho de nosotras, es una profesión muy exigente que abarca muchas y muy diferentes áreas de experticia. Y nosotras mismas nos empeñamos muchas veces en ponernos las cosas más difíciles todavía al ponernos expectativas demasiado altas que no podemos cumplir. No podemos ser perfectas todo el tiempo. No podemos sobresalir en todas las áreas descritas anteriormente. El día no tiene suficientes horas para hacer todo lo que queremos hacer. Y, cuando fallamos en las expectativas que nos hemos puesto a nosotras mismas, ¿sabes lo que viene?
La culpa.
Te sientes culpable porque estás tan cansada de haber dejado la casa impecable por quinta vez en el día que les gritas a tus niños cuando se les ocurre derramar un vaso de jugo en el piso.
Te sientes culpable de no darle a tu familia el tiempo suficiente porque tienes que trabajar fuera de tu hogar.
Te sientes culpable porque estás haciendo exactamente lo contrario a lo que pensaste que harías antes de tener hijos.
Te sientes culpable porque, a pesar de intentarlo con todas tus fuerzas, no te has convertido aún en la mujer de Proverbios 31.
O, mi favorita, te sientes culpable porque cada día suenas más como tu mamá y menos como tú misma.
Caes en la trampa de las expectativas.
Las mujeres somos expertas en ser extremadamente duras con nostras mismas, así que déjame decirte un par de cosas que a veces se nos olvidan:
Dios sabe que no eres perfecta. El te hizo, es tu Creador, ¿quién te conoce mejor que Él? ¿Quién sabe mejor que Dios cuáles son tus fallos, tus debilidades, tus carencias?
Dios te dio hijos aún sabiendo que no eres perfecta. Tus hijos son regalos de Dios. El, en Su voluntad decidió dártelos, “prestártelos” para que los críes y los saques adelante. El te escogió a ti como mamá de tus hijos, no por tus méritos, sino porque así lo quiso.
Tus hijos te quieren a ti, quieren tu tiempo, tu risa, tus caricias, tus besos, tu dedicación, tu atención. Te aseguro que prefieren que dejes la ropa sin doblar un día para leerles un libro, que prefieren renunciar a la comida gourmet para que tengas tiempo de jugar con ellos. Tus hijos tampoco te demandan perfección, sino atención.
¿Qué puedes hacer entonces para no caer en la trampa de las expectativas y dar un paso más para convertirte en una mamá a la manera de Dios?
1. Pon en sintonía tus expectativas con tu realidad – Haz una evaluación sincera de ti misma y date cuenta de las situaciones en las que demandas demasiado de ti misma.
2. Identifica las áreas de tu vida que te hacen sentirte especialmente culpable y trata de llegar a la raíz de la situación ¿Qué es lo que me hace sentirme culpable exactamente y qué debo cambiar para no llegar a la culpa.
3. Permítete fallar. Sácate de la cabeza que puedes hacerlo todo, que puedes hacerlo todo a tiempo y que puedes hacerlo todo bien. No me malinterpretes, como hijas de Dios, nuestros estándares deben ser altos y siempre debemos aspirar a la excelencia en todo. Pero no somos Dios, no somos perfectas. Somos simples mortales que pecan, fallan y se equivocan.
4. Esfuérzate por depender de Dios en cada aspecto de tu vida. Ora antes de planificar tu día, ora antes de tomar decisiones, sobre todo si estás aceptando algo que va a poner una carga mayor sobre tus hombros de la que ya tienes. Ora para que te muestre qué cosas podrías estar haciendo de forma diferente e incluso para que te guíe a aquellas cosas que es mejor que dejes de hacer.
Me encanta el breve Salmo 127, que nos ilustra cómo llevar una vida de dependencia en Dios. De los cinco versículos del Salmo, los tres últimos nos hablan de los hijos, y es para mí, en lo personal, un llamado a poner mis habilidades como madre en manos del Señor:
Salmo 127
Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.
Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.
He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.
Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.
Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.
Desafío para esta semana: Toma lápiz y papel y haz dos columnas. En una columna anota las expectativas que tienes de ti misma como mamá. En la otra columna anota las que tiene Dios. Compara las listas y decide borrar de tu lista las que no estén alineadas con lo que dice Dios. ¡Verás qué libre te sientes!

Mamás a la manera de Dios 3, Esposa vrs. Mamá

Seguimos con la serie “Mamás a la manera de Dios”. Sigan disfrutando de la reflexión sobre este tema. Rogamos al Señor que los principios que la Biblia nos enseña al respecto, hallen cabida en nuestros corazones para ser obedecidos. 

 No sé en tu país, pero en España, todos nos devanábamos los sesos de niños contestando la pregunta “¿qué fue antes, el huevo o la gallina?” Pasábamos horas discutiendo, que si el huevo, que si la gallina y dábamos argumentos para ambos. No fue hasta que tomé decisión por Cristo que ¡por fin! pude contestar esa pregunta sin tener que pensar demasiado:
         La gallina fue primero. Porque Dios lo dice. El relato de la creación (Génesis 1) da explicación al acertijo infantil.
         De la misma forma, ya como adultas, hay ocasiones en las que, a veces de manera inconsciente, nos planteamos un acertijo similar. ¿Qué es primero? O ¿Qué es más importante? ¿Ser esposa o ser mamá? Yo he escuchado decir a mujeres, muchas de ellas cristianas, cosas como “mis hijos están antes que tú” o “mis hijos son míos y a ti te encontré en la calle”. Y lo peor de todo, es que todavía dentro de nuestras iglesias hay dudas, muchas dudas entre las mujeres de si su rol como madre es más importante o viene antes que su rol como esposa.
         De la misma manera que la Biblia resuelve sin dar lugar a ningún tipo de duda que la gallina es antes que el huevo, también podemos responder la pregunta de esposa vs. mamá por medio de la Palabra de Dios:
         Ser esposa es primero. Porque Dios lo dice.
         La esposa es el complemento ideal del esposo –
Génesis 2:18
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”
         Ayuda idónea – ayuda que viene de Dios para estar al lado del hombre para TODA LA VIDA, complemento ideal.
         La esposa y el esposo deben estar juntos desde el momento que toman la decisión de casarse hasta el momento en el que mueren. No así los hijos. Cuando nuestros hijos crecen, hacen su propia vida y salen del núcleo familiar para comenzar sus nuevas familias. Es lógico, por tanto, que pongamos nuestra mayor inversión de tiempo y esfuerzo en la relación matrimonial.
         La esposa y el esposo forman una unidad completa –
Génesis 2:24
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”
Marcos 10:6-8
pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.”
         El matrimonio implica una completa identificación de dos personas, la fusión de dos en uno. Dios instituyó el matrimonio para que un hombre y una mujer tuvieran una unión total y sagrada. Esta relación tan estrecha que el esposo y la esposa tienen va más allá de lo físico o lo emocional. Es también una relación espiritual profunda que no se puede comparar con ninguna otra relación
         Tenemos un Dios de orden –
         Cada vez que la Palabra de Dios nos da instrucciones sobre la familia, habla de la relación matrimonial en primer lugar y de los hijos después, lo que nos habla del orden de Dios, de la jerarquía para el desarrollo de los asuntos familiares.
         Salmo 128:3 – “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa”
         Efesios 5:22-33 – Relación matrimonial
         Efesios 6:1-4  – Hijos
         Colosenses 3:18-21 “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.”
         Tito 2:4 “que (las ancianas) enseñen a las mujeres jóvenes a amar a susmaridos y a sus hijos.”
 Si eres una mujer creyente, estás casada y tienes hijos, la Biblia nos dice que tus prioridades son estas y en este orden:
         1. Dios – tu relación personal con Él, tu comunión diaria por medio de la oración y la lectura y meditación de Su Palabra.
         2. Tu esposo – el proyecto de vida que están desarrollando juntos.
         3. Tus hijos – criarlos para darles las herramientas necesarias para que, cuando crezcan, puedan dejar tu hogar y formar el suyo propio.
         No te confundas, querida amiga. Dios no estipuló en ningún lugar que debemos dar prioridad a la relación con nuestros hijos sobre la relación con nuestro esposo. Es nuestra responsabilidad dar los pasos necesarios para crecer hacia la unidad que Dios tenía planeada cuando creó el matrimonio.
         ¿Qué podemos hacer par dar mantener a nuestro esposo y nuestros hijos en el orden correcto de nuestras prioridades? Te dejo algunas ideas:
         – Ora en primer lugar por tu esposo, después por tus hijos y después por todo lo demás (puedes encontrar calendarios de oración por tu esposo y tus hijos en la sección “Descargas” del blog y en “Archivosy Descargas de El viaje de una mujer” en Facebook.
         – Date un tiempo privado con tu esposo todos los días. Sí, sé que es difícil, sobre todo si tienes hijos pequeños. Pero busca ese momento en el que puedan estar solos, sin interrupciones,  y puedan hablar, orar juntos o leer juntos. Quizás antes de que los niños se levanten o justo después de que se acuesten, mientras están en clase…
         – Muéstrale a tu esposo que es tu prioridad. Atiéndele a él también, no vuelques todo tu esfuerzo únicamente en tus hijos.
         – Deja de vez en cuando a tus hijos con alguien más y tengan una cita, un tiempo especial. Salgan a cenar, a pasear… hagan algo que les guste hacer juntos.
         – Haz de tu habitación un santuario. Fija un horario a partir del cual los niños no pueden estar en tu cuarto.
         La única forma de que podamos ser mamás a la manera de Dios pasa porque también seamos esposas a la manera de Dios. Nunca podremos cumplir con lo que Dios demanda de nosotras como madres si no cumplimos primero lo que nos pide como esposas.
Desafío para la Semana  – Toma un tiempo para ti. Sal a un parque, una cafetería, o pídele a alguien que se quede con los niños, quizás tu esposo puede sacarlos un rato de casa. O si no, espera a que todos estén dormidos y tengas un rato sin interrupciones. Ora y pídele a Dios que te muestre si en algo estás fallando en tus prioridades. Toma una hoja de papel o un cuaderno y anota de qué forma práctica puedes mantener en orden tus prioridades: Dios, tu esposo, tus hijos, todo lo demás. Anota también qué pasos puedes dar para mantenerte en el buen camino en cuanto a tus prioridades. Si tienes posibilidad, repite este ejercicio cada cierto tiempo.

http://www.elviajedeunamujer.blogspot.com/search/label/Mam%C3%A1s%20a%20la%20manera%20de%20Dios

Mamás a la manera de Dios 2: Mamá sana, familia sana.

Este es el segundo post de la serie “Mamás a la manera de Dios”… sigan disfrutando de la lectura y a poner en práctica lo que estamos aprendiendo. 
Elizabeth George dice una y otra vez que las mamás somos el termostato del hogar. ¿Te das cuenta de que cuando tú estás contenta las cosas en casa marchan mejor y si te sientes mal las cosas… no marchan? Nuestro estado de ánimo influye en gran manera sobre las personas que nos rodean en nuestro hogar, especialmente en nuestros hijos.
            Déjame decírtelo de otra forma: Si nosotras somos mujeres sanas, vamos a ser capaces de influenciar a nuestras familias para ser sanas también.
            Una mamá sana es el elemento imprescindible para tener una familia sana. Una mamá que busca por todos los medios mantenerse sana en todos los aspectos, es una mamá que está en la dirección correcta hacia ser una mamá a la manera de Dios.
            ¿Cuáles son esos aspectos?
            1. Vida espiritual sana
Hebreos 4:12
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
            Es por mi vida espiritual, por mi relación con Cristo que se sustenta todo lo demás.
            ¿Estás teniendo una vida espiritual sana? ¿Estás orando, teniendo tu tiempo en la Palabra cada día? ¿Estás memorizando versículos? ¿Te estás congregando en una buena iglesia? ¿Tienes comunión con otros cristianos fieles? ¿Participas en algún ministerio? ¿Estás permitiendo que el Espíritu Santo haga tu obra en ti? ¿Que te transforme, que te ayude a crecer? ¿Dejas que la Palabra penetre ante lo más profundo de tu ser? ¿Cómo está tu salud espiritual? ¿Tu vida refleja una vida espiritual saludable?
         2. Emociones sanas
2 Timoteo 1:7
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
            Dominio propio. Templanza. Autocontrol.
             ¿Dominas tus emociones o tus emociones te dominan a ti? ¿Actúas ante una situación o reaccionas? ¿Dejas que tus emociones o tus sentimientos definan quién eres? Quizás estás luchando con la culpa, la envidia, la tristeza, con negatividad… Una actitud sana ante las emociones y los sentimientos pasa por ejercitar el domino propio cada día, haciendo el esfuerzo necesario para conseguirlo.
         3. Pensamientos sanos
Filipenses 4:8
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
            Vuelve a leer el versículo. Vuelve a leer el mandato final… en ESTO pensad.
            Estar sana en cuanto a nuestros pensamientos depende de no dar espacio en nuestra vida a pensamientos que no vienen de Dios, sino del enemigo. ¿Piensas en lo que no fue? ¿En lo que será? ¿En lo que hubiera sido? ¿Crees las mentiras que el enemigo pone ante ti? Voy más allá… ¿Qué llena tu mente? ¿La estás llenando de cosas saludables o de basura, de engaños, de hipótesis, de “y sis”?
         4. Cuerpo sano
1 Corintios 3:16-17
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
            Nuestro cuerpo es un templo santo, apartado para Dios. Somos templo de Dios. Somos morada del Espíritu Santo. ¿Qué estás haciendo para mantenerte sana físicamente? ¿Cómo te estás alimentando? ¿Qué hay en tu nevera, en tu despensa?  ¿Estás ejercitándote? ¿Tienes una rutina de ejercicios, vas a un gimnasio, corres o simplemente caminas para mantenerte en forma? ¿Estás cuidando tu salud, haciéndote chequeos médicos periódicos, cumpliendo con los tratamientos que te mandan?
         5. Tiempo personal sano.
Lucas 6:45
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
            ¿En qué estás invirtiendo tu tiempo libre? ¿Son tus aficiones y hobbies saludables? ¿Con qué estás llenando tu corazón? ¿Estás planificando actividades edificantes, sanas, apropiadas o estás esperando a tener un tiempo libre para llamar por teléfono y contarte los chismes de la semana, investigar perfiles en Facebook o ver programas de televisión que no son adecuados? ¿Estás quitándote horas de sueño y descanso necesarios para tener ese “tiempo libre”?
            La salud de tu familia depende, en gran manera, de ti. Si tú eres capaz de formar hábitos sanos en cuanto a tu vida espiritual, tus emociones, tus pensamientos, tu cuerpo y tu tiempo personal, vas a poder trasladar esos hábitos a tus hijos.
            Sé una mamá sana para tener una familia sana.
            Desafío para esta semana: Haz una tabla con los días de la semana y un horario en el que todos los días tengas por lo menos una hora para ti y una tarde a la semana para hacer lo que te guste (salir de paseo sola, visitar a una amiga, arreglarte las uñas, ponerte mascarillas, hablar por teléfono, tomar una siesta, etc.) En esta misma gráfica marca los días en que has hecho ejercicio. Medita la manera en que te gustaría desarrollarte como persona independientemente de ser mamá y esposa.

Mamás a la manera de Dios 1

Nuestras amigas del blog “elviajedeunamujer.blogspot.com”, nos regalan esta reflexión, como parte de una serie de 5 meditaciones que estaremos compartiendo también con ustedes. Pueden encontrar la serie completa en el sitio indicado al final del artículo. Muchas gracias al Señor y a ellas, por hacernos pensar cómo ser madres a la manera de Dios. 
Un legado es todo aquello que pasa de padres a hijos. Como mamá, quiero que mis hijos afronten su vida en las mejores condiciones posibles, trabajando para dejarles cosas materiales. Como mamá a la manera de Dios, es mi deber trabajar igual de duro (o más) para dejarles a mis hijos un legado espiritual.
Mi legado espiritual.
El impacto que mi vida tiene y va a tener no sólo sobre mis hijos, sino sobre las generaciones futuras después de ellos.
Hay cosas que nuestros hijos heredan de nosotras sobre las que no tenemos ningún tipo de control: la estatura, el color de ojos, el cabello liso o rizado, la piel blanca u oscura… pero hay otras sobre las que debemos ser totalmente intencionales.
Jueces 2:10
Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.”
Debemos ser intencionales no sólo en enseñar a nuestros hijos lo que la Biblia dice, sino también en ser un modelo positivo de lo que significa tener una relación personal con Cristo y vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Debemos ser intencionales en mostrarles cómo servir al Señor, cómo servir a otros, vivir de acuerdo a principios y valores, amar la iglesia… Pasar a la siguiente generación un legado con valor eterno es mucho más importante que dejarles uno material.
Si no enseñamos a nuestros hijos a seguir a Cristo, el mundo les enseñará a no hacerlo”.
Aunque no te des cuenta, ya estás formando tu propio legado, estás teniendo un impacto en la vida de tus hijos a través de la forma en la que…
…oras
…alabas
…demuestras tu amor por Dios
…hablas
…respondes a las dificultades
…superas (o no)  tus malas actitudes y hábitos
…manejas la decepción
…tratas a tu familia
…gastas tu tiempo cada día…
¿Qué clase de impacto estás teniendo en la vida de tus hijos? ¿Qué tipo de legado estás construyendo? Hay tres cosas que no se pueden recuperar: las palabras, una vez que salen de tu boca, los momentos, una vez que pasan y el tiempo, una vez que se va ¿Qué palabras estás usando con tus hijos? ¿Qué sale de tu boca cuando te diriges a ellos? ¿Estás aprovechando cada momento para hacer un impacto positivo en la vida de tus hijos? ¿De qué forma utilizas tu tiempo cada día?
Los cristianos de hoy debemos pelear la batalla por las almas y el destino eterno de nuestros hijos” Kathy Howard
No puedes decidir por tus hijos. No te toca a ti decidir cuál va a ser su destino eterno. Pero sí es tu responsabilidad equiparlos de la mejor manera posible para que por sí mismos y con la ayuda del Espíritu Santo puedan desarrollar una relación personal con Cristo y tener una vida espiritual activa, comprometida y productiva.
Mi legado comienza de rodillas, batallando por las almas de mis hijos.
Quiero dejarte algunas cosas que podemos hacer para comenzar a construir nuestro legado espiritual:
– Involucra a tus hijos en cada aspecto de tur elación con Jesús: ora con ellos, lee con ellos, memoriza con ellos, sirve con ellos.
– Crea recuerdos y tradiciones espirituales, no atesores solamente fotos de cumpleaños y logros académicos
– Muéstrales su nombre escrito en tu Biblia junto a los versículos con los que oras por ellos.
– Decide cuáles son los valores y las virtudes bíblicas que deseas inculcar en tus hijos y comienza a ser intencional en vivirlos para poder transmitírselos a ellos (puedes comenzar con nuestro calendario de oración “31 virtudes bíblicas para orar por nuestros hijos”)
– Regala a cada uno de tus hijos una Biblia especial y diles por qué es especial.
– Comparte con tus hijos tus experiencias como creyente: cómo llegaste a Cristo, cuáles son tus dones y cómo los descubriste, tus versículos favoritos, tus sueños para Dios, en qué te sientes mejor trabajando en la obra…
Deuteronomio 6:6-9, 12, 20-21
Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
Mañana cuando te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó? entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa.”
Comienza a edificar tu legado eterno… hoy.
Desafío para esta semana: Escribe una carta a cada uno de tus hijos. Cuéntales detalles de su vida, cómo fue su nacimiento, anécdotas y recuerdos que estén grabados en tu memoria. Háblales también de cómo te sentiste tú, tus emociones. Cuéntales cuáles son tus anhelos como madre, tus sueños, tus objetivos, lo que esperas para su futuro. Compárteles tus oraciones por ellos, versículos que guían tu visión como madre. Puedes darles la carta el día de su mayoría de edad, de su matrimonio, o incluso guardarla para cuando tú faltes. Tómate un tiempo para hacer de este ejercicio algo especial, algo que atesoren cuando tú no estés. Que sea parte de tu legado.

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