Archivo | septiembre 2013

Incitaciones en secreto

Por: José Eduardo Henríquez

Compilado por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Deuteronomio 13:6-11 “Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocisteis, de los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella; no consentirás con él, ni le prestarás oído; ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia, ni lo encubrirás, sino que lo matarás; tu mano se alzará primero sobre él para matarle, y después la mano de todo el pueblo. Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; para que todo Israel oiga, y tema, y no vuelva a hacer en medio de ti cosa semejante a esta.” 

Qué palabras tan fuertes, ¿no es cierto? Pero, todo lo que Dios dice que hagamos, tiene un sentido y una razón de ser. Los israelitas estaban por entrar a una tierra en la que antes habitaron personas idólatras,  cuyos rituales de adoración incluían el sacrificio de bebés a sus dioses y otras barbaridades del mismo tipo. Dios no deseaba que su pueblo se viera mezclado con esas personas y sus costumbres crueles y salvajes. El tenía claramente prohibidos esos rituales además de la hechicería y prácticas espiritistas en todas sus formas. Esa es la razón de estas palabras. Dios dice aquí, que la muerte era lo que le esperaba a la persona que en secreto conversara con otra, sobre ponerse a practicar las costumbres de esos pueblos malvados, porque, quien le oyera con esas ideas, debía de inmediato denunciarlo, para que fuera muerto por mano de todo el pueblo. El trató de incitar secretamente a alguien, para que abandonara al Señor que había sido tan bueno y cuidadoso con ellos, y fuera a servir a dioses falsos.

En nuestros días, suceden estas cosas también. Hay personas que nos incitan a dejar de lado nuestro servicio y devoción al Señor, por hacer otras cosas o seguir otros intereses. No terminan muertos, pero, nosotros debemos darles un fin a esas personas… espere, no se asuste… le explicaré a qué me refiero. Veamos el pasaje: ¿Qué dice Dios que debemos hacer con estas personas y sus conversaciones?

1.- “…no consentirás con él…”

Lo primero es, no estar de acuerdo con lo que esa persona nos dice… “quédate a trabajar otro rato; la Iglesia no se moverá de donde está”… “tu carrera te impedirá congregarte, pero, piensa lo bien que vivirá tu familia; vale la pena el sacrificio”… “yo sé que quieres tomar esa clase de Escuela Dominical en tu Iglesia, pero antes, debes esperar a ver si consigues ese magnífico empleo porque, ¿qué tal si debes ir a trabajar el Domingo? Luego no podrás dar la clase”… “no obligues a tus hijos a ir a la Iglesia… cuando ellos estén listos irán por sí solos; eso es algo que debe nacer de las personas”… “Somos tu familia y vinimos a visitarte… ¿no puedes quedarte hoy con nosotros en vez de ir al culto? Dios no se molestará por eso; a él también le importa la familia.”

Debemos mostrar nuestro desacuerdo con estas y otras ideas parecidas, enérgicamente. No hay necesidad de ser groseras, pero sí podemos ser totalmente decididas a no estar de acuerdo con lo que estas personas dicen y hacérselos saber. Si esas personas se molestan porque no estamos de acuerdo con ellas en sus malos puntos de vista, es cosa de ellos. En todo caso, es contra Dios el asunto, pues nosotras obedecemos sus mandatos.

2.- “…ni le prestarás oído…”

La palabra hebrea para la expresión “prestarás oído”, denota oír con nuestra inteligencia, es decir, escuchar y meditar en lo que nos dicen, poner nuestro cerebro a trabajar en esas palabras que nos dijeron. Pues bien, todo lo contrario es lo que debemos hacer… ni siquiera debemos pensar por dos segundos en hacer caso a alguien que nos dice que por un momento en nuestras vidas, Dios puede ocupar un lugar que no sea el primero y que no hay problema con eso. ¿Cómo puede haber alguna lógica en palabras de esa clase? No en nosotras, que hemos sido y somos aún, testigos de milagros en nuestras vidas por parte del Señor… ¿cómo podríamos siquiera pensar por medio segundo en dejar a Dios de lado cuando es tiempo de servirle y vivir como él manda, por ser o hacer otras cosas infinitamente de menor importancia?

3.- “…ni tu ojo le compadecerá, ni le tendrás misericordia…”

Para los israelitas esto significaba no tenerle lástima al saber que su sentencia era morir; en lugar de eso, pensar que lo tenía merecido. Pero, ubicando estas palabras en nuestro contexto, sería decirle bien claro a esa persona cómo son las cosas, lo que Dios es en su vida y lo que él piensa sobre quienes lo rechazan. No se preocupe si la otra persona se ofende; no es contra usted su malestar… no le tenga esa clase de lástima que le impida decirle con claridad que es pecador(a) y necesita arrepentirse y poner a Dios en primer lugar en su vida también; no quiera ser demasiado considerado con quien le dice que Dios puede esperar hasta que sobre tiempo por allí para atenderlo. No tema perder el favor o la amistad de esa persona, no tema si lo hiere con lo que le dirá, pues, hay gente que aunque les hablemos con cortesía, se ofenden con lo que les decimos, pero no los compadezca por ser susceptibles. Dígales lo que necesitan oír.

4.- “…ni lo encubrirás…” 

Advierta a otros creyentes sobre personas que andan por allí incitando a dejar de lado al Señor.

Ahora bien… el pasaje dice: “Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo…” Vea de qué personas viene la incitación… de gente que conocemos, que amamos y que creemos que nos aman. Ni siquiera de ellos debemos hacer caso… a veces nos dicen cosas pensando que están dándonos un buen consejo, pero están equivocados. Y podría darse el caso incluso, que entre nosotros los creyentes, uno sorprenda a otro hablando de que el trabajo, los estudios, los negocios, la familia o cualquier otra cosa son importantes y que debemos atenderlas aunque eso signifique dejar de congregarnos o dejar de ejercitar los dones que el Señor nos dio para servirle a él. Si algún(a) hermano(a) de su congregación le insinúa cosas como estas a usted o a otros hermanos, llámele la atención severamente y adviértale que sus conversaciones son peligrosas para él (ella) mismo(a).

Queridas hermanas y amigas, no dudemos en dejarles claro a esas personas, en dónde están nuestros verdaderos intereses y nuestro corazón. Vea cómo Pedro quiso persuadir al Señor de que no efectuara su sacrificio para perdonar nuestros pecados… Mateo 16:21-23 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.  Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.”

Mire qué palabras le dijo Jesús… no consintió con él, no le tuvo una clase de consideración que dejara a Pedro en el error, no lo encubrió de los demás discípulos (le llamó la atención frente a ellos), no le prestó oído a su “consejo”. Nosotras debemos actuar de la misma forma. Es el diablo en persona quien está detrás de toda conversación o consejo que nos incita a dejar de lado al Señor y sus mandamientos, sin importar que las palabras vengan de labios de personas que amamos y en quienes confiamos. 

 

 


Un reto de 30 días para esposas

Queridas amigas, aquí les va un reto para sus matrimonios… ¿se animan? Nuestras amigas de Aviva Nuestros Corazones, nos ha compartido este material.

Descarguen el documento a continuación, y cuéntennos los resultados que obtengan. Que el Señor nos ayude a cuidar con toda devoción de nuestros matrimonios.

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Mami, ¿me llevas a la Iglesia?

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Mateo 21:16 “… y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?”

¿Tiene usted niños menores de dos años? ¿Tiene de 3 o 4 años? ¿Tiene niños menores de 6 meses? Bueno… cada Domingo y cualquier otro día de reunión en su congregación, busque para ellos la ropita adecuada, aliste su bolso con todos sus accesorios y… llévelos al culto. Los padres suelen decir que quieren lo mejor para sus hijos, pero, con frecuencia cuando lo dicen están pensando en la mejor escuela, el mejor médico, la mejor ropa, los mejores alimentos… pero, olvidan que lo realmente mejor para un niño, es conocer a su Creador desde temprana edad.

Tengo un bebé de 15 meses… quiero compartir con ustedes algunas de las cosas que hemos vivido desde que comenzamos a llevarlo al templo. Nuestro hijo nació por cesárea, por lo cual, su padre me convenció de esperar hasta que él tuviera dos meses de nacido para empezar a congregarme de nuevo. Fue desde sus dos meses de edad que nuestro hijo comenzó a asistir a la Iglesia. ¿Cómo me sentía yo? Pues… nerviosa, la verdad. Nunca había salido con un bebé a mi cargo. Estaba preocupada por todos los que querrían cargarlo (sobre todo porque en mi congregación oraron fervientemente por su llegada), por el alboroto que causaría entre los demás niños que se aglomeran para ver a los niños nuevos, por si iba a llorar, por si mojaba su ropa… pensaba en muchas cosas. Pero, por la gracia de Dios, mis nervios no me superaron… llevé a mi hijo al templo, y desde entonces, no ha dejado de ir. Ahora con 15 meses y perfeccionando su caminata, tiene amigos y se sienta conmigo bastante tranquilo mientras el culto se desarrolla. No todo ha sido perfecto; han habido cultos en los que ha dado problemas, pero no es el primer niño que los da en una reunió, ni será el último. Esto no nos ha desalentado, gracias al Señor.

Quise escribir estos pensamientos ahora porque, pienso en las muchas madres que postergan su asistencia a una congregación, argumentando que sus niños están muy pequeños y que causarán problemas en las reuniones. Se hacen daño ellas mismas y desde luego a sus pequeños. Allí van:

1.- No tema…

Muchas ya conocen el pasaje de “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis…” ¿A qué le teme? ¿A que se contagie de alguna enfermedad? ¿Teme que sacarlo de noche le haga daño? ¿A que lo acaricien personas con las manos sucias? ¿Teme que se caiga mientras trata de caminar con otros niños? ¿Teme que llore en la reunión y moleste a los asistentes?… Son temores razonables… pero no podemos dejar que esos temores nos alejen a nosotras y a ellos del Señor.

Cuando sea hora de ir a la Escuela, usted tendrá los mismos temores… incluso peores, porque, usted no estará allí todo el día para cuidar a su hijo. Sin embargo, lo enviará a la Escuela a pesar de sus temores. ¿Por qué no supera sus temores, se arregla y arregla a su hijo para ir al templo? No busque excusas… no argumente falsa reverencia diciendo que en el templo las cosas que se hacen son para Dios y deben ser bien hechas, y que el llanto o las molestias que cause un niño alterarán todo. Dios no acepta ese argumento, porque él dijo que dejáramos a los niños acercarse a él… no dijo que solo trajéramos a los que son calmaditos y no lloran ni molestan; se refería a todos los niños, tal como ellos son. Incluso el suyo, amiga.

2.- Organícese.

Cuando comencé a salir con nuestro hijo, solía hacerme un nudo con las tareas de la casa que debía hacer cuando era día de culto. Bien, pues, la solución es organizarse querida amiga… no haga lo que le lleva más tiempo o lo que es más complicado el día en que saldrá con su hijo. Esa fue la elemental solución para mí.

Incluso ahora que mi trabajo es de una jornada de 12 horas semanales, me organicé para cumplirlas en los días en que no tenemos culto; así, estoy en casa todo el día y tengo tiempo para arreglar muchas cosas y poder salir tranquila a las reuniones. Todo es cuestión de organizarse.

3.- Ayude a su hijo a organizarse.

Puede que no sea tan sencillo… al comienzo, los horario de los niños son extremadamente variables, pero, usted y su pequeño pueden juntos hacer un horario. Actividades como las comidas, el baño, el tiempo de sueño y de jugar, pueden programarse. Lo hicimos con nuestro hijo desde temprano, y créame que fue todo un éxito. Logramos ser bastante consistentes con su horario. No podemos pretender que lograremos horarios rígidos, pero podemos hacer un plan B cuando por ejemplo, no le dio sueño a la hora de su siesta y quería jugar, no quiso tomar su merienda y le dio hambre más temprano, etc.

Un horario para el niño, le ayuda a sentir que controla su entorno. Puede estar más dispuesto y colaborativo cuando ya sabe que a cierta hora va a comer, ya sabe que a cierta hora lo van a bañar, que después de la comida saldrá a dar un paseo, etc. Para nosotros, ha funcionado muy bien. Le tenemos medido a nuestro hijo cuándo le dará sueño, cuándo se despertará, incluso sus cambios de pañal. No es magia… han sido 15 meses de observarlo, tomarle el tiempo, formarle hábitos.

La actividad de ir al templo, solo es una de las muchas que se irán añadiendo a su vida; no tiene por qué ser traumático para los padres ni para el niño, si le ayudamos incorporando un poco de disciplina en su vida.

3.- Haga su lista.

Cuando vaya a salir por primera vez con su bebé, no le aconsejo que arregle el bolso con sus cosas el mismo día. Tómese un tiempo para hacer una lista de las cosas que debe llevar, aunque solo vayan a estar fuera por dos horas. Yo lo hacía… un día quise probar si ya era capaz de arreglar todo sin las lista… ¿quiere saber lo que pasó? Una vez no metí los pañales, otra vez no metí las toallas húmedas, otra vez no metí una muda extra de ropa, etc. Esto es cosa de prueba y error, ¿verdad? Y cuando hay que llevarles comida es peor… mi hijo cena a las 6:00 PM; a esa hora ya estamos en el templo, entonces debo llevarle su comida. Hasta ahora, solo la hemos olvidado una vez… ¡jaja! Anímese amiga… salga con su hijo a una aventura… llévelo a conocer al bondadoso Señor que le dio la vida, y que él sepa cuán agradecida está usted con él, por haberle dado ese hermoso hijo(a).

4.- Sea paciente.

Vaya preparada psicológicamente para el llanto, para el calor, para cambiar un pañal, para limpiar un vómito, para cambiar toda la muda de ropa, para secarse su propia ropa mojada, etc. Solo piense que, eso no durará para siempre; su hijo crecerá, se irá haciendo más y más independiente, controlado y manejable. No se disculpe por las cosas que usted no puede controlar, ni imagine lo que estarán pensando los demás de usted y su hijo que llora o que no se está muy quieto.

Si tiene un niño mayor de un año, ya puede disciplinarlo con más fuerza por su mal comportamiento. Puede irse aparte y hacerlo, esperar que el niño se calme y volver a su asiento. Si no mejora, puede repetir el proceso; no deje que su hijo le haga perder su buen humor y la calma… no deje que le eche a perder su salida. Usted es la madre; contrólese y contrólelo a él. Nunca lo castigue encolerizada.

Una querida hermana de mi congregación recomendaba que, podemos practicar en nuestras casas lo siguiente: Sentarnos en la sala (puede ser incluso viendo TV), cargar al niño tranquilo en nuestras piernas y tomar nota de cuánto le dura la quietud. Cuando pierda el interés en estar tranquilo, dejarlo que se vaya a jugar o entretenerlo en otra cosa. Más tarde o el día siguiente, hacer lo mismo, procurando que el tiempo de estar sentado tranquilo, vaya alargándose un poco más, y así, hasta que logremos períodos largos de quietud en el niño. Recuerde ser flexible… el niño lo logrará a veces, y a veces no.

No se le ocurra llevarle juguetes al templo. Esto distrae a los demás niños y su hijo entiende que a cierta hora en el templo, se puede jugar, y querrá hacerlo cuando esté mayorcito. No le de este mensaje equivocado. Mi hijo se entretiene revisando el bolso donde están sus cosas; observa su vasito de agua, toma mis lápices, examina mi libreta, pero no llevamos juguetes. Artículos para morder no son juguetes y pueden ayudarle a relajarse.

No he dicho todo, pero creo que con esto, pueden hallar algunas cosas útiles para ustedes. Lleven a sus niños al templo, y cuéntennos cómo les fue. No se desanimen… la recompensa es infinitamente mayor que las pequeñas molestias que pudieran suceder.