Archivo | agosto 2015

Miedos que incapacitan

Es una costumbre entre nosotras en la Clase Dominical, que al terminar un tema largo que yo imparto, viene un período de unos ocho o nueve domingos en que “me tomo vacaciones” y las hermanas se organizan para trabajar esos domingos con temas que ellas hayan preparado.

En este artículo, quiero compartir algo que mi suegra trabajó con nosotras. Son mis apuntes de ese día y algunos aportes más mientras lo redactaba…

Por: Ester Contreras

Filipenses 4:8 “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” 

Pensar en el futuro, sobre todo dándole especial atención a aquellas cosas que nos asustan porque sabemos que no podemos controlarlas pero que además ni siquiera sabemos cuándo van a pasar (o si van a pasar), puede incapacitarnos para actuar bien en el presente, mina nuestra confianza en el Señor y hasta puede ocasionarnos enfermedades físicas. Nos ponemos a pensar en todo, pero lo que menos pasa por nuestra mente son las promesas de Dios y su compañía permanente a nuestro lado.

Mateo 28:20 “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Pablo nos dice en este pasaje que citamos, que podemos escoger lo que vamos a pensar y nos dice qué clase de pensamientos debemos procurar tener en nuestras mentes.

Una de las cosas que más nos preocupan actualmente, son los asuntos financieros. No tener suficientes recursos para atender nuestras necesidades nos causa preocupación, y a veces nos olvidamos que tenemos un Dios que sigue y seguirá velando por nosotras.

Salmo 37:25 “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”

Pero, preocuparnos por el mañana no es lo que debemos hacer, sino ocuparnos en el hoy… eso es lo que es verdadero, eso es lo que es bueno hacer. ¿Qué puede comenzar a hacer hoy por su futuro? ¿Quiere contratar un seguro de vida y puede pagarlo? Contrátelo…. ¿Quiere abrir cuentas de ahorro para sus hijos, hacer inversiones para ellos, ahorrar para su retiro, etc.? Dios nos ha dado sabiduría para hacer previsiones, pero gastar nuestras energías en pura preocupación, es hasta ridículo. Cada día trae su afán y es mejor para nosotras, desde todo punto de vista, permanecer confiando en el Señor mientras hacemos lo necesario. El miedo trae más miedo. Podemos escoger siempre lo que pensaremos y lo que dejaremos entrar en nuestras mentes.

Otra cosa que suele preocupar mucho a algunas jóvenes es lo concerniente a su futuro matrimonio. ¿Me casaré o no me casaré? ¿Con quién me casaré? ¿Cuándo? Y mientras están con esa preocupación, no piensan que mientras esperan en la voluntad del Señor en este asunto, pueden estar cultivando sus vidas en preparación para su matrimonio… aprendiendo a administrar un hogar, practicando tomar responsabilidades en sus casas, entrenándose para llevar una vida de servicio al lado del siervo del Señor con quien aspiran casarse, etc… el temor a quedar soltera, a casarse mayor, a no tener hijos, etc., les hace perder la perspectiva… las incapacita para actuar y enfocarse en pensar y hacer lo que es útil y provechoso.

Pensemos un momento… ¿Cuál es mi realidad actual? ¿Qué cosas demanda esta realidad de mí ahora mismo? ¿Cómo estoy respondiendo a esas demandas cada día? ¿En qué etapa de mi vida estoy y cómo la estoy encarando? ¿Qué es lo que viene a continuación? ¿Qué puedo empezar a hacer para tener una transición tranquila a esa nueva etapa?

No debemos olvidar que muchas veces, el temor viene porque pensamos mucho en el “yo”… ¿cómo voy a hacer yo? ¿y si yo no…? ¿qué me pasará a mí si…? muchas preguntas…. demasiadas. Y la respuesta siempre es preocupante si pensamos que estamos solas frente a esas situaciones. No podemos enfrentar las aflicciones con nuestras propias fuerzas… ya lo sabemos. Es imposible.

Otra cosa que nos preocupa es… envejecer. A unas más que a otras, pero nos preocupa. Pero, ¿qué puedo hacer mientras eso ocurre?  Podemos empezar por recordar estos pasajes:

Isaías 46:4 “Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.”

Salmo 71:14-19  “Mas yo esperaré siempre, y te alabaré más y más. Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día, aunque no sé su número. Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola. Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir, y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso.”

Seguido de eso, podemos tomar precauciones con nuestra dieta y ejercicios, hacernos los chequeos médicos que sean necesarios… cuidarnos un poco más y ser más concientes. Podemos envejecer con gracia si así lo queremos. Es necesario que aprendamos a aceptar las etapas de la vida cuando nos vayan llegando, con gozo, con agrado, con gratitud, y que aprendamos todo lo que podamos de cada una de ellas. Muchas de nosotras talvez ya estamos criando los hijos que el Señor nos dio… ¿qué sigue luego de eso? Francamente, la menopausia, querida amiga… no importa que usted tenga 30 años, o que esté pensando tener uno o dos hijos más… si el Señor se los concede, sepa que luego, la menopausia es su siguiente parada. ¿Qué puede comenzar a hacer hoy para que esa transición sea lo menos traumática posible? Hágalo entonces!!

Las madres de niños pequeños están en la etapa de la puesta y la quitada de los pañales, de limpiar caritas y manitas sucias, de recoger muchos juguetes todo el día, de salir cargando muchas cosas que no son para ellas, etc. Pero esa es solo una etapa… luego viene la Escuela… a lavar uniformes llenos de pintura o coser roturas, volverán a hablar de los círculos, los cuadrados, los triángulos, a cortar papel, a pegar figuritas, a dibujar paisajes, letras, líneas, a usar crayones… y así… pero son tan solo etapas… cómo las encare hace toda la diferencia. Si escoge pensar que es fastidioso, que le consume mucho tiempo, que ya no puede dedicarse tanto a sus propias cosas… amiga, su hijo crecerá y pasará sus etapas, y el recuerdo que habrá quedado en él será el de una mamá que no quiso acompañarlo o que lo hizo entre rezongos y quejas… lindo recuerdo para llevarse a la vida adulta, ¿verdad?

Pero las madres creyentes también nos preocupamos por la conversión de nuestros hijos… ¿Tendrán un corazón dócil para la Palabra del Señor? La conversión de ellos tampoco es algo que podamos producir o controlar, pero, ya la Biblia dice lo que podemos hacer para preparar el terreno del corazón de nuestros hijos para el Evangelio. No podemos hacer nada más ni mejor que eso: preparar los corazones de nuestros niños, instruirlos, hablarles día y noche del Señor y vivir vidas que muestren lo que deseamos que ellos sean en el futuro próximo. Lo demás, es tarea del Señor.

Y lo que más miedo les da a la mayoría es… morir. Muchas veces es un miedo no directamente por nosotras mismas al encarar ese momento, sino al pensar en los seres que amamos y que quedarán sin nosotras. Pero no hay como las promesas del Señor para casos como estos. El será siempre el guardador y proveedor de los que dejemos.

Creo que no es tan difícil recordar las promesas del Señor cuando pensamos en nuestra propia muerte. Pero no es igual cuando pensamos en la muerte de las personas que más amamos, que podrían partir antes que nosotras. La idea de perderlos, nos trastorna a veces. Pero, aunque ya sabemos que moriremos, no hay por qué tener una actitud pesimista, negativa, fatalista, descuidando nuestra salud y nuestras actividades. Si el Señor ha sido nuestro guía a lo largo de nuestras vidas, no hay por qué ser trágicas…

Salmo 73:24 “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.”

Salmo 23:6 “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

Salmo 56:3 “En el día que temo, yo en ti confío.”

Vea por un momento la actitud de David cuando estaba por morir el hijo que tuvo con Betsabé…

II Samuel 12: 16-23 “Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.  Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan.  Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto?  Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto.  Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió.  Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan.  Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño?  Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

Esta actitud causó el asombro de muchos, pero es la actitud correcta ante la partida de nuestros seres amados… debemos hacer todo lo que podamos por ellos, con todo nuestro corazón, con todo nuestro amor, pero una vez que el Señor ha tomado sus vidas, ya podemos levantarnos, darle gracias al Señor por la vida que le dio a esa persona y continuar.

Amiga, no deje que los temores la invadan y anulen su capacidad de pensar con cordura y de actuar con sabiduría… ¿el Señor es su Salvador? Pues, bien… su principal problema está resuelto. ¿Cree que lo demás que le preocupa es algo complicado para el Señor? Ni siquiera es necesario responder a eso.