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¿La espera desespera?

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Proverbios 13:12 “La esperanza que se demora es tormento del corazón; pero árbol de vida es el deseo cumplido.”

Todos tenemos esperanzas que abrigamos en nuestros corazones… esperanzas de algo mejor, por supuesto. Nuestro pasaje en Proverbios dice que para muchos, ver que sus esperanzas se demoran en hacerse realidad es un verdadero tormento. Hasta pierden el sueño y el hambre, pensando si lo que desean lo recibirán algún día.

Pero, los creyentes no esperamos de ese modo; al menos, no debería ser así. Esperar de Dios la respuesta a nuestras oraciones, especialmente cuando esperamos que nos responda que sí, a algo que le hemos pedido, no debería ser tormento para nuestros corazones.  Bien sabemos que cualquiera que sea la respuesta de Dios, es buena, será oportuna y será la mejor cosa que nos pueda pasar.

Usted puede pensar: “Pero en los Salmos, leemos que David, por ejemplo, estaba algunas veces sufriendo mucho porque Dios no le respondía a sus oraciones, o porque sentía que Dios lo había abandonado y no le escuchaba; entonces estaba en tormento por eso.” Bien podríamos decir que sí… pero si continuamos leyendo, vemos que su sufrimiento no dura mucho. El mismo se encarga de traer su mente a la cordura nuevamente, aferrándose a la Palabra de Dios, a sus hechos en el pasado a su favor y a sus promesas para el futuro. Vea por ejemplo el Salmo 21. En medio de sus palabras de angustia esperando respuesta y socorro de parte de Dios, intercala palabras de esperanza y consolación. Vea también a Asaf en el Salmo 77 . Cuando peor se encontraba, dijo en los vrs. 10-12, “Enfermedad mía es esta; traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.” 

Vea las cosas que él decidió pensar en vez de estar atormentado. Llamó su mente al orden y a la cordura; él decidió que esperar no sería un tormento para él.  ¿Qué escoge pensar usted cuando siente que el Señor no ha atendido a sus peticiones? No permita que su espera se convierta en un tormento. Recuerde en quién espera usted… nada menos que en el Señor Dios Todopoderoso. El no le dejará desamparada, ni le hará esperar eternamente. El no la ignora cuando usted le habla… tan solo aguarda el mejor momento para actuar en su vida, de modo que sea muy evidente su amoroso plan para usted.

¿Está lista para esperar? Renueve sus esperanzas en el Señor… puede que la respuesta que reciba no sea lo que usted desea. Mejor aún… será lo que Dios desea para usted.

El Desánimo

Por: Roberto Manzanares

Nehemías 4:7-10 “Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche. Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.”

Cuando se está haciendo la obra de Dios, llega un momento en que parece que las cosas, en vez de mejorar, empeoran. Eso fue lo que les pasó a los israelitas que estaban reconstruyendo la muralla de la ciudad de Jerusalén, que estaba derribada. Después de que fueron derrotados y esclavizados por los babilonios por 70 años, vino Ciro el persa, y sometió a Babilonia y por decreto, liberó a los judíos y les permitió volver a sus ciudades (las cuales, por cierto estaban destruidas).

Aproximadamente 90 años después de que fueron liberados y volvieron a su tierra, fue que Nehemías tomó a su cargo, la reconstrucción del muro y la ciudad. Tener el muro destruido era un gran riesgo para los que habitaban en la ciudad. Estaban expuestos a los enemigos y saqueadores, y sobre todo, ese muro derribado era una deshonra al Nombre de Dios porque provocaba que los pueblos paganos blasfemaran de él. Estaban trabajando en esa reconstrucción cuando, inevitablemente, les sobrevino el desánimo. Veamos cómo fue.

Comienza con: “y dijo Judá”… ¿quiénes eran los de Judá? Era la tribu privilegiada y escogida por Dios para que de sus descendientes llegara el Mesías. Fueron ellos los que comenzaron a decir palabras de desánimo al resto del pueblo. El problema era que había muchas cosas por hacer: sacar el escombro, vigilar día y noche y construir al mismo tiempo… el pueblo estaba dividido para hacer todas esas tareas, entonces estaban cansados por tanto trabajo. Lo primero que notamos entonces en esta historia es, que el desánimo viene solo a los que están trabajando; solo ellos pueden estar real y razonablemente cansados. Pero, escuchamos a muchos que no son activos en la obra de Dios en sus congregaciones que dicen: “estoy desanimado”… pero, no está haciendo nada… ¿por qué está desanimado?

El desaliento y la queja se esparcen rápidamente y estorban la obra de Dios, pero a pesar de eso, muchos continuaron trabajando en la reconstrucción. Es mejor combatir en medio de las dificultades que vivir sin conocer nunca lo que es esforzarse decididamente para nuestro Dios.

Nehemías 4:6 “Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.” ¿Cuándo apareció el desánimo en el pueblo? Cuando iban por la mitad del trabajo. ¿Por qué? porque es allí donde aparecen:

1.- La fatiga: “las fuerzas de los acarreadores se han debilitado”. Un cuerpo cansado  puede causar un espíritu desalentado. El desánimo solo llega a las personas que han agotado sus fuerzas mentales y físicas en la obra.

2.- La frustración: “el escombro es mucho”. A pesar del trabajo que se ha hecho, el escombro sigue siendo mucho dentro de la ciudad. Cuando se hace una gran obra y se está fatigado, lo que falta por hacer produce frustración. Lo cierto es que, no estaban teniendo una percepción adecuada de las cosas, porque, en ese momento había menos escombro que cuando empezaron a construir, pero, es esa cantidad menor de escombros la que los tiene desanimados. Les parece abrumadora hasta ese momento.

3.- Pérdida de confianza: “no podemos edificar el muro”. Todo parece imposible. Ya habían construido la mitad y lo que falta les parecía imposible. Cuando perdemos nuestra confianza en el Señor viene ese desaliento que nos hace pensar que no podremos llevar a cabo la obra que nos encomendó.

4.- Miedo:  Nehemías 4:11 “Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos, y hagamos cesar la obra.”  El enemigo provoca miedo en nosotros para que seamos inefectivos en la obra de Dios. Nos infunde miedo para testificar, miedo para participar en la obra, pero no le tememos a ser infieles al Señor. Hay cosas en la vida a las que nos aferramos porque nos hacen sentir seguros, trabajo, salud, vivienda, familia… basta que perdamos alguna de ellas para que nos sintamos temerosos y desanimados. Cuando nuestra confianza y seguridad no vienen del Señor, la menor dificultad nos hace abandonarlo. Terminamos siendo inefectivos en su obra.

Pero, aunque no lo parezca, el desánimo puede traer a nuestras vidas un nuevo fervor por la obra del Señor. Nehemías 4:15 “Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.” Cuando ellos volvieron a enfocarse en lo que Dios hacía, pudieron volver a trabajar. ¿Ha llegado el desánimo a su vida? Vea, lea y recuerde lo que Dios hace por usted y renueve sus fuerzas en él.

La Oración

Por: Blanca Manzanares de Rodríguez

Marcos 11:24 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

La Biblia nos enseña que la oración es un mandamiento como también un privilegio que tienen los creyentes. Una parte muy importante de la oración es la oportunidad que nos provee de pedir a nuestro Dios por aquellas cosas que necesitamos en nuestras vidas: pedimos por la salud de nuestros familiares, por el bienestar también de otras personas etc.  A nuestro Dios le agrada que le pidamos en oración todas las cosas; aunque El ya sabe de todas nuestras necesidades se complace en que le pidamos en oración.

Con la oración nosotros no necesitamos hacer fila, tener invitación o esperar meses para ser atendidos. Tenemos el privilegio de entrar y estar en la presencia de Dios en el momento que doblemos nuestras rodillas y disponemos nuestro corazón para hablar con el Señor. No se preocupe hermana(o) si ora bonito, con buenas palabras o no, a Dios usted no lo va a impresionar pues El conoce los motivos de su corazón ó si ora poco o mucho tiempo. Ore con naturalidad, pídale al Señor por aquello que le agobia ese día, sea específico, concéntrese en aquel objetivo al que va su oración.

Nuestro Dios nos ha prometido que El escuchará nuestra oración desde los cielos; que El tiene atento su oído para con sus hijos. Aproveche al máximo este privilegio que tiene usted. No podemos decir que no tenemos algo por qué orar, pues cada día trae sus propias necesidades a nuestras vidas; pero si llegara ese día en que no tenga ni una necesidad en su vida, ore por las necesidades de otros hermanos, mire a su alrededor y se dará cuenta de cuántas personas hay por las cuales usted puede pedir.

Ore creyendo que le será dado, ore derramando su corazón en las manos del Señor, ore con perseverancia, sometido a la voluntad de Dios no a sus deseos, ore con sinceridad si está pidiendo por otros. Que sus palabras broten fervientes de su corazón, sabiendo que necesita de la gracia de Dios, pues tenga presente que no es a una persona sino a un Dios fuerte y poderoso al que usted le está pidiendo.

No se olvide de dar las gracias a Dios en oración por todas aquellas oraciones contestadas en su vida y en la de otros.

Dios contesta las oraciones en tres maneras:

1.)    Sí………: cuando nuestra oración va conforme a la voluntad de Dios.

2.)    No……..: Cuando Dios sabe que esas cosas son malas a nuestras vidas.

3.)    Espere..: Dios le dará en el tiempo que El tiene determinado.

También podemos nosotras mismas poner obstáculos para que nuestra oración sea contestada: pecados, motivos equivocados, nuestra mala relación con los demás, ser desobedientes, falta de compasión etc.

En este año que ya está por terminar, póngase metas en cuanto a su tiempo de oración. Si ha sido floja en su tiempo de oración, haga un calendario por mes, cada día escriba un objetivo por el cual orar, póngale hora y ore para poder cumplirlo, asista a las reuniones de oración de su Iglesia y pídale a Dios que la ayude a tener una verdadera vida de oración.

Oro al Señor por las Iglesias Bautistas en nuestra Honduras y mas allá, por nuestros pastores y familias, por las misiones para que el evangelio sea predicado a todas las personas para que sean salvas, y como alguien dijo “doblaré mis rodillas y pediré y clamaré hasta que los cielos tiemblen.”

Conviviendo con un esposo inconverso

Por: Lesbia Oyuela de Alvarado

I Pedro 3:1-2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.”

I Corintios 7:16 “Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido?…”

Quiero compartir con ustedes una experiencia de mi vida: la de tener un esposo inconverso. Tenemos 10 años de casados, y yo tengo ocho años de ser creyente. Llegué a Cristo ya estando casada con él, y ciertamente las cosas no han sido fáciles. Al comienzo de mi vida cristiana tuve muchos momentos de desánimo y desesperanza, pero gracias al Señor me di cuenta que no tenía por qué sobrellevar esa situación yo sola. No estaría compartiendo esto con ustedes si el Señor no me hubiera enseñado esa realidad.

Queridas hermanas y amigas, no nos toca a nosotras cambiar a nuestros esposos. Lo que debemos hacer en mantenernos confiando en las promesas del Señor para nosotras. Al comienzo de esta reflexión hay dos pasajes que me han servido para mi propia vida. Pueden ser útiles para la suya también, si su situación es como la mía.

Aunque mi esposo todavía no ha cambiado, yo sí… ahora me siento agradecida con el Señor; él me ha llenado de paciencia y fortaleza para seguir luchando. Sé que no estoy sola. Mi esposo no me es tropiezo para que yo sirva al Señor, así que tengo la esperanza en él de seguir sirviéndole hasta el fin de mis días.

Por otro lado, he recibido de él otras bendiciones maravillosas: tengo una hija de cuatro años, que siempre me acompaña al templo, pues mi esposo tampoco se opone a que yo la lleve conmigo.

Ahora quiero preguntarles algo, que a su tiempo yo misma me pregunté: ¿Estamos siendo de bendición para nuestros esposos inconversos, o somos tropezadero para ellos? ¿Les damos el lugar de autoridad que les corresponde o por el hecho de que son inconversos no nos sujetamos a ellos ni les mostramos amor genuino?

La Biblia nos lo ordena y no dice: “esposas, sujétense a sus esposos solo si ellos son creyentes y si son cariñosos con ustedes”… no dice así.

Por otro lado, no debemos olvidar otra advertencia que Jesús nos hizo antes de volver al cielo en Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Ya estábamos advertidas de que en este mundo tendríamos aflicciones y decepciones, pero Jesús dice: “ya lo saben, pero sigan confiando en mí.”

En mi congregación también tengo el valioso testimonio de una hermana que por mucho tiempo convivió con un esposo inconverso, y un día, ya en la vejez de ambos, ella y todos nosotros pudimos ser testigos de la conversión de su querido esposo. Ella en todo momento fue cariñosa, tierna y considerada con él, y jamás le dio motivos de reproche en su testimonio como para que él la molestara en su servicio a Dios.

No debemos olvidar tampoco, el motivo correcto por el  que deseamos que nuestros esposos se conviertan a Cristo: no es para que nosotras estemos mejor y nuestra vida sea más fácil… es para que ellos sean salvos, es por el bien de sus almas.

Queridas hermanas y amigas que tenemos presente la petición de salvación por nuestros esposos, sigamos adelante luchando, amando y mostrando misericordia a ellos, sabiendo que finalmente, es Dios el que provee todo lo que necesitamos en nuestras vidas. 

Aunque todo me faltare…

Por: Jessica Cerrato de Flores

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los, labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo,  yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. “ Habacuc 3:17-19

Cualquiera podría pensar que las palabras de este profeta fueron dichas en los tiempos de abundancia y de paz que tuvo el pueblo de Dios, sin embargo no fue así, Habacuc profetizo a inicios del gran imperio Babilónico cuando el futuro era incierto y poco prometedor para ellos.

Muchas de nosotras podríamos pensar afirmativamente sobre lo que el profeta dijo y decir dentro de nosotras mismas “es cierto, aunque todo me falte yo me alegraré en Jehová”, y eso es bueno, pero piense por un momento si usted seguiría pensando igual si estuviera en una situación distinta a la que está actualmente; puede ser que en estos momentos usted esté gozando de una iglesia fiel donde congregarse, de una familia fiel a Dios, de un vecindario tranquilo, quizás tenga un empleo que le permita sostener a su familia, quizás tenga buenos amigos y vecinos, leyes que le dan libertad de expresión. Ahora piense que pasaría si un día de repente todo esto acaba, su iglesia apostatara de la fe, su familia se olvida de Dios, pierde su trabajo, no tiene como alimentar a sus hijos, sus amigos y vecinos se vuelven contra usted, los delincuentes le quitan un miembro de su familia, o el gobierno prohíbe la libertad de culto, ¿sería entonces capaz de decir sinceramente, “con todo esto yo me alegraré y me gozaré en el Dios de mi salvación”?

Espero que todas podamos ser capaces de decir estas palabras sinceramente, ya que es precisamente la enseñanza que Dios nos deja por medio de Habacuc. Este hombre sabía lo que le esperaba a Judá e Israel: una vida de esclavitud y crueldad. El sabía que serían castigados por sus pecados, pero en lugar de lamentarse, de deprimirse o de renegar de Dios, él dice sinceramente: “aunque me falte todo yo me alegraré en Jehová.”

Hermanas pensemos en esto, ¿Cómo vamos usted y yo a reaccionar cuando llegue el momento de la adversidad?, ¿Nos alejaremos de Dios o buscaremos su gozo y su paz?

No hay mayor tranquilidad que esta, que nos alegremos y nos gocemos en Dios, en los momentos de angustia y temor. El es el único que puede dar descanso y paz a nuestras almas. Pero recuerde que esto también es aprendido, como nos dice Fil (4:11-13), debemos aprender a contentarnos y a regocijarnos  en el Señor siempre.  Practiquemos desde ahora fundamentar nuestra alegría y gozo en Dios.

Lo peor que puedes hacer si estás soltera

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Como vimos en nuestra entrada titulada “La soltería no es una maldición”, la soltería en Cristo puede ser una etapa maravillosa en la vida de una joven creyente, esté comprometida o no.

Pero ahora, reflexionaremos en algunos de los errores más comunes que pueden cometerse en esta etapa de la vida, por descuido, por ceder ante la presión social o familiar, por tomar consejos sin meditarlos y compararlos con la Biblia, por dejarnos arrastrar por los engaños del mundo, etc.

Primero, joven creyente soltera, debes recordar que el mundo no está interesado en tu bienestar… tampoco el enemigo de tu alma, que está detrás de todas las ideas locas que el mundo tiene acerca de la soltería y el matrimonio. No prestes oído a lo que ellos te digan… no son buenos consejos. Dicen cosas como ” te va a dejar el tren” “te vas a quedar solterona”… miren esta frase que una amiga compartió en una red social: “Si estás soltera, la gente te dice: ¿Y el novio?… si tienes novio, te dicen: ¿Para cuándo la boda?…. si te casas, te dicen: Apúrate con el bebé… Si tienes un bebé te dicen: ¿Y la parejita cuándo?… si tienes la parejita, te dicen: ¿Para cuándo el otro?… si tienes tres, te dicen: ¿Para qué tuviste tantos hijos? ya no tendrás vida” y así por el estilo. Por tanto, si eres soltera y aún no estás comprometida, las peores cosas que puedes hacer son:

1.- Pensar que el matrimonio es lo que dará sentido a tu vida, lo que te hará realizarte como mujer… si eres creyente, no tienes por qué correr con el mundo en su desenfreno, pensando cosas como esas. I Pedro 4:4-5 “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.” Son ellos los que se dedican a presionar, a molestar a las mujeres solteras a que se embarquen rápidamente en matrimonios inconvenientes y contrarios a la voluntad del Señor.  Cuando todo fracasa, ninguno de tus “consejeros” vendrá para ayudarte, recuérdalo. Si olvidas que tu realización plena como persona está en el Señor y no en tu relación con alguien como cónyuge, has perdido el rumbo de tu vida. Salmo 119:57 “Mi porción es Jehová…” La palabra hebrea para “porción” es “kjélec” que significa “porción asignada, campo, galardón, hacienda, heredad, herencia, parte, porción”(1). Dios es tu mejor parte… no la cambies por nada.

2.- Desesperarte. Isaías 26:3 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Si no tienes paz en tu corazón, es porque estás pensando en algo diferente a Dios. Estás prestando atención a lo que te dicen tus familiares (porque hasta los familiares son crueles en esto) y tus amigos o compañeros. Tu pensamiento no está en el Señor, por eso no tienes tranquilidad. Dios no funciona de acuerdo a tu cronómetro… piensas que cierto muchacho es tu última oportunidad de tener una relación de noviazgo, ¿de dónde sacaste esa idea? Dios no funciona de acuerdo a lo que tú pienses, de acuerdo a la edad que tienes o a las posibilidades que tú creas tener. No te desesperes… nunca las cosas apresuradas terminan bien.

Quizá hay otras cosas que podríamos poner en esta lista, pero estas son por ahora, las que más me han llamado a la reflexión. ¿Crees que hay más? Coméntalas con nosotras.

Y para quienes ya están comprometidas, también hay peligros… porque como dijo mi amiga en su frase, la gente siempre se mete en lo que no le incumbe, y pronto comenzarán a presionarte a tí y a tu prometido para que se casen sin estar bien concientes de lo que harán. Las peores cosas que puedes hacer si esta es tu situación son:

1.- Presionar a tu prometido. En asuntos de hombres, ni las que estamos casadas somos expertas totalmente… pero algo sí es sabido, los varones son por lo general más reflexivos y pacientes que nosotras, y más los varones creyentes. No prestes oído a tu mamá que te dice: “Hija me voy a morir yo y no te voy a ver casada”… a tus hermanas o amigas que te dicen: “¿Qué les pasa que no se apuran?” No son palabras sabias, aparte de que, si lo piensas bien, te están faltando un poco al respeto al intervenir en tu relación con tu prometido. En la Biblia tenemos referencias de mujeres que presionaron a sus esposos para hacer cosas que luego salieron terriblemente mal. Toma sus ejemplos y no presiones… ora y trabaja… lee libros sobre lo que será tu futuro papel como esposa e invítale a él a que lea sobre su rol como esposo… a propósito, ¿ya tomaron ambos la Consejería Prematrimonial?… si no lo han hecho, ¿por qué tienes prisa en casarte?

2.- Tener miedo. Son un sinnúmero de cosas que podrían atemorizarte… unas puede que sean reales, otras son inventadas por tí o por tus familiares y amigos. “Yo creo que ese muchacho se está echando para atrás… yo no lo veo interesado en casarse contigo”…. “Mejor cásate pronto porque, ¿qué tal si después tienes problemas para tener hijos?”… “Si te tardas más en casarte, cuando tengas hijos vas a parecer abuela y no mamá”… “Talvez tu futura suegra lo está presionando para que no se case todavía”… Me asombro realmente de la creatividad de algunas personas para inventar cosas, y cosas tan crueles… y es peor cuando tú las oyes y las crees… ¿Quién gobierna tu relación? ¿La gente, tú y tu prometido, o el Señor? Si él se retractara… agradece al Señor… quizá te libró de un mal esposo. Si serás madre o no, solo el Señor lo sabe, ¿crees que ese posible problema se resuelva casándote aprisa? Si estás mayor cuando nazcan tus hijos… ¿qué importa? Isaías 41:10 “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.”

No hay razón para estar temerosa si confías en el Señor. Salmo 27:1 “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmo 37:5 “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”

¿Crees que hay más cosas para considerar en este punto? ¿Algunas de estas circunstancias fueron o son parte de tu experiencia? Coméntalo con nosotras y comparte cómo el Señor te ha ayudado a superarlas.

(1) Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (41). Nashville, TN: Caribe.

Un vaso nuevo

Por: Rebeca Argüelles de Manzanares

Esta mañana en nuestro culto dominical, cantamos varios coros, entre los cuales estaba el que se titula como este artículo: “Un vaso nuevo”. Siempre lo canto con toda normalidad, pero hoy algo diferente pasó. Quiero compartirlo con ustedes, porque talvez les pasa lo mismo que a mí.

El coro dice así: “Yo quiero ser, Señor amado, como el barro en manos de alfarero; toma mi vida y hazla tuya. Yo quiero ser, yo quiero ser un vaso nuevo”

Por un momento, me puse a pensar en algunas de las cosas tristes que me han pasado en los últimos años… esas cosas han dejado algunas heridas en mi corazón. Heridas que todavía duelen. Cuando cantaba eso de ser un vaso nuevo, pensé que realmente me gustaría que me reconstruyeran, pero que las grietas que ahora tengo, me las borraran… que no tuviera que cargar con esas tristezas ya más. Pensé que sería lindo que las cosas que provocaron esas heridas y dolor, no hubieran pasado… pero, el hecho es que pasaron.

Luego, en la clase dominical, estudiamos Filipenses 2:19-30, una sección muy personal que Pablo escribe a los hermanos de Filipos… la sección comienza con las palabras: “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo…” Comenzamos a considerar el hecho de que Pablo probablemente era prisionero del emperador romano Nerón cuando escribió estas palabras. ¿Cómo estando preso, podía él continuar pensando en hacer cosas y planeando? ¿Por qué no estaba triste y preocupado? Bueno…  porque su vida no dependía de las decisiones de Nerón ni de ningún otro, sino de Cristo. Estaba sucediéndole algo realmente terrible, pero esas circunstancias no lo paralizaron… él continuaba pensando en lo que podía hacer según sus posibilidades actuales, encomendándose al Señor en todo. Lo que le sucediera en ese momento o en el futuro cercano, era decisión de Dios, y él confiaba absolutamente en eso. Pablo no hacía lo que yo hice cuando cantamos el coro “Un vaso nuevo”… él no pasaba pensando que sería lindo que no lo hubieran metido preso, que sería lindo poder seguir viajando y predicando a la menor provocación.  El también tenía heridas y cicatrices por los azotes romanos, las cuales jamás las borraría de su cuerpo… es más… en Gálatas 6:17 da la impresión de que se siente orgulloso de llevar en sí esas marcas y heridas; no le interesa esconderlas (y yo pensando en que quiero borrar las mías… qué diferente modo de pensar y ver las cosas el de Pablo y el mío…). Seguramente, también se sentía herido por dentro, al ver la dureza de muchos a quienes él les predicó.

Finalmente, luego de considerar ambas cosas que pensé este día, llegué a una conclusión. Debo sobrellevar mis heridas otro rato más, pero sé que un día, mi deseo de ser reconstruida sin grietas en mi corazón será realidad. No ahora, pero sin duda ese día llegará… ¿y usted? ¿Qué circunstancias ha vivido o está viviendo ahora que marcan su corazón? ¿También piensa que sus heridas duelen mucho todavía? Mire a Pablo… mire su pensamiento lúcido y alerta para poder continuar sirviendo al Señor. Esas cuatro paredes de su celda nunca lo detuvieron… los romanos creyeron que pondrían un alto a su determinación de servir al Señor cuando lo encarcelaron. Quizá pensaron: “No soportará estar encarcelado… está acostumbrado a andar de allá para acá predicando… cuando se vea metido en la celda, su ánimo quedará destruido”… ¡¡¡pobres romanos!!! no podían estar más equivocados. Pablo decidió que no dejaría que esas circunstancias dominaran su vida y su estado de ánimo. Decidió continuar con su vida lo mejor que pudiera… ya no podía salir a predicar por que estaba preso, pero él sabía que de todos modos, la Palabra de Dios no estaba presa… habían otras formas en que podía trabajar. Su tiempo en prisión le dio la oportunidad de escribir maravillosas Epístolas con valiosas instrucciones para los hermanos de su tiempo y para nosotros ahora.

¿Y usted? ¿Qué piensan los inconversos cuando la ven en una prueba o pasando una tristeza? ¿Pensarán ellos que esa prueba destruirá su fe en Cristo? ¿Pensarán que pronto usted empezará a murmurar contra Dios y renegar de él? ¿Cuál es su conducta cuando sufre?

¿Cómo sobrelleva las heridas del pasado? ¿Lo hace como una verdadera hija de Dios? Le propongo que mire las heridas de su alma como Pablo veía las de su cuerpo… como marcas de batallas ganadas por el poder de Dios. Algunas veces se sentirá triste y hasta puede ser que llore… pero no se quede sufriendo por demasiado tiempo. Pablo no lo hizo; no podía cambiar lo que había pasado, así que este era su lema, y debe ser el nuestro también:

Filipenses 3:13-14 “…una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”