Testimonios

Roberto Manzanares y Rebeca Argüelles de ManzanaresRebeca Natalia Argüelles Claros

No acostumbro escribir en este espacio cosas de mi vida personal, pero, en esta ocasión, y motivada por las palabras de mi hermana menor, quiero contar un poco sobre el extraño camino en el que el Señor nos hizo transitar hacia la paternidad. Quizá lo que él hizo con nosotros, se parezca a lo que le pasó a alguna de nuestras lectoras y podamos consolarnos y gozarnos las unas con las otras.

Esperábamos nuestro primer bebé en 2005. Creía yo que era el consuelo que Dios me enviaba luego de la muerte de mi amado padre en 2003 y de mi abuelo paterno en 2004. Pero, antes de la 12 semanas de embarazo, nos dimos cuenta por el ultrasonido de rutina, que el embrioncito había dejado de vivir (lo habíamos visto con vida en el primer chequeo). No se desprendió, no tuve dolores ni hemorragias… fue así… silenciosamente. El médico que me trataba, me remitió con otro especialista en embarazos de alto riesgo en el Hospital del Seguro Social en la ciudad. Fuimos a verlo y me hospitalicé para que me practicaran un legrado. El especialista, me mandó hacer muchos exámenes, pero esas pruebas iniciales no revelaron nada significativo. No había causa aparente de la pérdida. El me animó y me dijo que esperara unos 6 meses antes de intentar otro embarazo.

En 2006, nuevamente logramos concebir. Pero igual, antes de las 12 semanas, ocurrió exactamente lo mismo. El embrión dejó de vivir sin desprenderse del útero, sin dolor ni hemorragias. Una nueva pérdida, pero que el Señor otra vez me evitó que fuera más traumática. Otro legrado y más exámenes… pero esta vez, el médico sospechó algo e hizo las pruebas correspondientes, resultando que la causa de las pérdidas era que yo padecía del Síndrome de Anticuerpos Antifosfolípidos (SAAF), que es una enfermedad autoinmune, que de no ser tratada, es imposible llegar al final de un embarazo. La manifestación del padecimiento, en palabras simples de mi Doctor, es que durante mis embarazos, mi sangre se tornaba mucho más densa de lo normal, entonces, se formaban pequeños coágulos que impedían el flujo de sangre al embrión y por ende, al quedar sin suministro, moría.

Por la gracia de Dios, hay tratamiento para ese padecimiento. El Doctor me dijo: “la próxima vez que quede embarazada, debe inyectarse anticoagulantes para lograr llegar al final… el medicamento es heparina de bajo peso molecular y ahora mismo le voy a enseñar cómo se las va a poner”. Como eran inyecciones subcutáneas, tienen su modo especial de administrarse.

Cuando perdimos el primer bebé, yo quedé devastada… ya eran tres años de sufrir pérdidas (mi padre, mi abuelo y ahora un bebé)… no había tregua todavía para mí. Sin embargo, el Señor acudió en mi rescate y no me permitió sufrir más tiempo del necesario. Logré reponerme e interesarme en intentar de nuevo un embarazo. Cuando perdimos el segundo, aunque estuve más tranquila y conforme con lo que la voluntad de Dios había traído para nosotros, no por eso no sufrí, pero me repuse más pronto que la primera vez. Nuevamente el Doctor nos animó a intentarlo otra vez y más ahora, sabiendo cómo podíamos hacer para lograr tener el bebé con los anticoagulantes. No pensé en eso por varios meses… pasaron los años, y no ocurría nada. En dos ocasiones creí estar embarazada pero lo que había era solo el saquito vacío, sin embrión. Una de esas veces fue en 2007 y la otra en 2011.

Ya teníamos casi 12 años de matrimonio, sin hijos y sin tomar anticonceptivos… yo llegué a la conclusión de que la voluntad del Señor para nosotros era dejarnos sin descendencia propia. Mi esposo todavía no se convencía de eso… no descartábamos la adopción, pero él decía que aún había tiempo para que ocurriera algo. Yo lo miraba complicado pues ya estaba en mis 34 años de edad. Comencé entonces a hacer algunos cambios. Me di cuenta que había estado más concentrada en el asunto de tener hijos que en otras cosas, así que, cambié mi enfoque. Fue duro todo ese tiempo porque, tuve que aprender a poner una barrera emocional para sobrellevar los comentarios y las preguntas inevitables: “¿Tiene niños usted?”. Comencé por dejar de tener lástima por mí misma… el Señor no me amaba menos porque yo no tenía hijos y mi esposo tampoco. No era menos mujer por no ser madre… tuve que sacar muchos pensamientos equivocados de mi mente. Leí mucho en esos años… cuánto me sirvió eso para crecer en mi confianza en el Señor. Mucha gente trataba de alentarme poniéndome como ejemplos a mujeres de la Biblia como Sara y Ana, que al final, tuvieron hijo. Pero yo pensaba: “¿Y si la voluntad del Señor es que yo no los tenga? ¿Y si ya me dijo: “Bástate mi gracia”?

Luego consideré ejemplos como el de Priscila y Aquila… una pareja maravillosa que estuvieron dispuestos a ofrecer su vida por el Evangelio… “bien… estos pueden ser nuestros modelos”, pensé. Ellos parecían no tener hijos, pero eran muy unidos y felices. Hice el compromiso de ser así con mi esposo. Además de eso, me embarqué en proyectos que tenía olvidados: comencé a estudiar otra licenciatura en la Universidad, comenzamos el proyecto de esta Revista con las mujeres de mi congregación, comenzamos un curso especial para egresadas del Seminario Bautista… y fue en eso, cuando ocurrió lo que ya creía yo que no pasaría.

Supe que estaba embarazada de 6 semanas. De inmediato fuimos a la consulta, vimos el ultrasonido donde estaba esa pequeña migajita palpitando y además comencé a inyectarme el medicamento que me habían indicado. Me llené de esperanzas de nuevo porque ahora, pensaba yo, sabemos lo que debemos hacer para lograrlo, con ayuda del Señor. Nuevamente, algo pasó… una hemorragia muy grande a las 7 semanas, precisamente el 16 de Noviembre de 2011… expulsé un coágulo el cual yo creí que era el saquito gestacional. “Otra vez…” pensé… pues, bien… no lloré, no me puse histérica, no puse nervioso a mi esposo ni nada. Fuimos al médico… en el ultrasonido no apareció nada… el útero lucía vacío. Al ver eso sí lloré, pues 10 días antes habíamos visto que allí estaba el bebé y ahora no había nada.

El Doctor me dijo que el útero podía limpiarse solo y no había necesidad de hacer legrado. Pero me recetó un medicamento para provocar contracciones que servirían para expulsar cualquier resto que hubiera quedado. Con eso bastaría. Me tomé el medicamento, reposé unos días y luego, me puse lo más pronto que pude en acción otra vez. No estaba dispuesta a dejarme ganar por una nueva desilusión. No le conté del asunto a casi nadie.

Llegó Diciembre y fuimos de vacaciones a ver a mi madre y hermanos a cuatro horas de donde vivimos nosotros. Planeábamos estar hasta el 5 de Enero con ellos. Cerca del 31 de Diciembre, comencé a sentirme rara. Sin precisar muchos detalles, diré que fui a hacerme un ultrasonido abdominal el 5 de Enero de 2012, y mientras le contaba al Doctor acerca de mi aborto el 16 de Noviembre pasado, él me interrumpió y dijo: “Usted no ha tenido ningún aborto señora… vea, allí está su niño”… mi esposo, saltó de la silla donde estaba para ver mejor… estaba embarazada… y no era un nuevo embarazo, era el mismo que yo creí que había terminado… el bebé tenía ya 16 semanas de desarrollo… no saben la impresión que nos llevamos!!! sobre todo recordando aquel medicamento que era para limpiar el útero… el bebé no sufrió daño alguno a pesar de eso, y otras cosas que anduve haciendo (y tomando y comiendo), creyendo que no estaba embarazada.

Pero ahora, venían nuevas preocupaciones… había que conseguir más anticoagulante pues, luego de la hemorragia, dejé de inyectarme. El bebé se había estado desarrollando bien a pesar de que no me administraba el medicamento (Dios cuidaba de él cuando yo no lo hacía). He olvidado especificar que las inyecciones eran diarias.

Hay un hermano en nuestra congregación que es Ortopeda… él estuvo, a lo largo de todo el embarazo, consiguiendo para nosotros el medicamento. El Señor fue proveyendo por medio de este hermano, las inyecciones de cada día de todas las semanas que me hacían falta. Mi Doctor no podía creerlo cuando regresamos a verlo y le contamos. También fui de nuevo a ver a mi otro médico, el especialista y así, iba progresando ese bebé, con el cuidado amoroso y diligente del Señor, a través de esos dos médicos que nos dio la bendición de conocer.

Todo iba bien hasta que llegamos a la semana 32… ¿verdad que es un camino extraño el que hemos recorrido? Comencé a sentir mucha comezón en todo el cuerpo, y con el paso de los días, se agudizó en las palmas de mis manos y en las plantas de los pies. Llegó a ser insoportable… no podía dormir a causa de eso. Un día leí sobre ese asunto en Internet… el Señor me dio la alarma… algo malo me pasaba… algo que podía quitar la vida a mi bebé. La comezón podía indicar una reacción desfavorable del hígado al refuerzo de progesterona que yo estaba tomando. Si la alteración en mi sangre pasaba la barrera de la placenta de mi hijo, él corría peligro grave.

Sabiendo la situación, fui al Hospital del Seguro Social a consulta en Emergencia. Me mandaron a hacer exámenes, pero no salió nada anormal. Regresamos a la Emergencia para que los vieran y la Doctora que me atendió, cuando le dije mis síntomas, fue a consultar con el especialista de turno y él dijo: “Ingrésela ya”…

Ese sábado 19 de Mayo de 2012, fui hospitalizada por sospecha de Colestasis intrahepática del embarazo. Ese diagnóstico se confirmó con el paso de los días. Estuve en monitoreo constante, revisando que la frecuencia cardíaca de mi bebé y sus movimientos diarios, no decayeran, pues si esto pasaba, de inmediato tendrían que hacerme una cesárea para librarlo del peligro. Esto fue ya en la semana 34. Pasé 16 días hospitalizada… fue terrible para mi esposo y para mí, pero sabíamos que era lo mejor y era necesario para cuidar del bebé.

Los días pasaron, no sucedió nada… el Doctor dijo que no había necesidad de correr riesgos. La semana 35 era la semana de maduración pulmonar. Dijo que esperaríamos concluir esa semana y entonces me inducirían el parto. Estuve de acuerdo, desde luego. Así que, el día 1 de Junio de 2012, era el día. Tomé el medicamento para inducir las contracciones como a las 11:00 AM. Comenzaron, pero no estaban como yo imaginaba… eran bastante llevaderas en realidad. Comencé dilatando bien pero, como a eso de las 6:30 PM, me pusieron oxitocina porque no había gran avance. Se llegaron las 9:30 PM y yo seguía igual. Allí pasó otra de las cosas en que vi la mano del Señor protegiéndonos. El cirujano de la Sala de labor y parto, me dijo: “A usted la hemos consentido mucho porque sabemos sus antecedentes y todo lo que le ha sucedido… por eso mismo no vamos a equivocarnos al final. La voy a revisar y si no hay progreso en su trabajo de parto, vamos a hacer cesárea”… estuve de acuerdo también. Pero me maravillo de ver cómo el Señor nos puso en las manos de personas diligentes y cautelosas… todo lo ordenó para que mi niño no corriera peligro alguno.

Pues, bien… a las 10:19 PM, escuché fuerte y claro la voz de mi hijo que hacía su entrada triunfal al mundo. Un niñito de 35 semanas, con 6 libras y media de peso y 50 cms. de longitud… con los ojitos de su padre, y una determinación férrea para vivir.

Cuando yo había cerrado el capítulo de maternidad en mi vida, el Señor me mostró que él no había volteado aún la hoja… pero querida amiga, puede ser que este no sea su caso, y que contrario a eso, ya tenga convicción de que el plan del Señor para su vida no incluye hijos… no hay motivo para desanimarse. Hubo un tiempo de mi vida que yo tenía esa convicción. Durante dos años, ordené mi vida a la luz de esa convicción… no fue fácil, pero el Señor en todo momento fue mi ayudador, y puede ser el suyo también.

Mi objetivo al compartir esto es, que el Señor sea glorificado, pues él dispuso que las cosas fueran de este modo… no sé por qué decidió dejarme llegar a mis 35 años de edad para permitirme ser madre, pero sin duda, éste es el que él consideró que era el mejor momento y la gloria es toda suya. Como yo pude ver su mano actuando en mi favor, usted también puede, si se arrepiente de sus pecados y le recibe como Salvador de su alma hoy mismo.

Edgardo Zúniga y Delia Nolasco de Zúniga.

Hoy quiero compartir con ustedes el testimonio de nuestros queridos hermanos Edgardo y Delia  Zúniga.

La hermana Delia es creyente desde hace mucho tiempo… pero no así su esposo, que recientemente llegó al Señor. ¡Cómo nos hemos gozado de la respuesta que el Señor dio a nuestra oración por este hombre, concediéndonos ser testigos de su profesión de fe!

Cuando parecía que finalmente todo estaba como debería ser, sucedió algo… en poco tiempo, la salud de nuestro hermano Edgardo comenzó a desmejorar notablemente. ¿Se les hace familiar esta situación? ¿No les ha pasado también, que cuando piensan que todo está como ustedes lo querían, que son felices, luego sucede algo terrible? Pues, eso les pasó a ellos.

El hermano Edgardo, comenzó a perder la movilidad en sus piernas y la fuerza de sus brazos. Fue evaluado por especialistas que determinaron que necesitaba ser operado y así fue.

Quiero destacar que en este período de incertidumbre por no saber exactamente qué sucedía y cómo comenzó la enfermedad,  la actitud de estos dos bellos ancianos, fue digna de verdaderos hijos de Dios. La hermana Delia, a pesar de estar casi siempre desvelada por cuidar de su esposo cada día, no faltaba a los cultos… siempre llegaba con un semblante sereno y tranquila. No es que no estaba sufriendo, pues varias de nosotras la  consolamos cuando necesitó llorar. La cosa es, que su confianza en el Señor estaba intacta… tenía una paz, como la que describe el apóstol Pablo: que sobrepasa todo entendimiento. Simplemente, es maravilloso para nosotras reflexionar en el testimonio de fe inquebrantable en el Señor, que ella mostró a lo largo de esa prueba. ¡Qué lección tan grande!

El hermano Edgardo, a pesar de que estaba en silla de ruedas por causa de su padecimiento, cada vez que íbamos a visitarlo, confesaba una y otra vez, que confiaba en el Señor aún en esa situación tan dura. Conversábamos de todas las cosas que a él le gustaba recordar, ¡¡¡y se reía con tantas ganas que daba gusto!!!

No se trata de que los creyentes, cuando sufrimos, entramos como en negación de la situación por la que estamos pasando… tampoco usamos trucos psicológicos que nos ayuden a no pensar en nuestras tristezas… no, no hacemos eso… nuestra tranquilidad descansa en la realidad de que Cristo es nuestro Salvador, y pase lo que pase, siempre estamos en su amor. Como dice Romanos 8:38-39, NADA puede separarnos del amor de nuestro Salvador, ni aún aquellas cosas a las que más les tememos. Y si se trata de cuestionar por qué Dios permite que nos pasen cosas tristes, no perdemos el tiempo en eso porque, no ayuda en nada a mejorar las circunstancias… al contrario, las empeora, así que, no seguimos el juego de los que quieren hacernos dudar de nuestro Dios.

El quebranto de la salud o la muerte de un ser amado, son cosas sumamente dolorosas para todos los seres humanos, y peor para aquellos que no gozan de la promesa de vida eterna por la fe en Cristo Jesús. Nuestro cuerpo enferma y sana continuamente… sabemos que alguna vez nos llegará una enfermedad, que el Señor no va a curar… que será la última de nuestra vida; y si no es por enfermedad, de una u otra forma dejaremos este mundo… así que, ¿para qué detenernos en pensar tanto solo en lo material, en lo temporal, en lo efímero de las cosas de este mundo? Nuestros hermanos Delia y Edgardo, pensaban en cosas mejores, y cuando examinaban su situación actual, decían como Job:

“Todos los días de mi edad esperaré,
Hasta que venga mi liberación.” (Job 14.14).

Debemos seguir este ejemplo de confianza, paciencia y amor al Señor.

Fue la voluntad de Dios que el hermano Edgardo partiera a su presencia un tiempo después de su operación. El está ahora libre de toda enfermedad, dolor, preocupación o tristeza de este mundo, pues ahora conoce personalmente a su Salvador y disfruta de su gloria. Job 14:14 habla de esperar nuestra liberación… Dios la hará de la forma que más bien nos haga a nosotros. En el caso de las enfermedades, puede sanarnos si es su voluntad, o puede llevarnos con él, lo cual es mejor aún, pues nuestro cuerpo hoy sana, y mañana vuelve a enfermar. Pero, como creyentes en Cristo que somos, gozamos de una esperanza sin igual… no de un “talvez” o “es posible que así sea”… no… es una ciertísima promesa de nuestro Creador para nosotros. La muerte no es lo peor que nos puede pasar, pues Cristo la venció… y decimos como en I Corintios 15:54.55 “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

Para nuestro hermano Edgardo, estas palabras son ahora una realidad, y un buen día de estos, también lo serán para nosotras. Continuemos orando por esta familia, por la hermana Delia y sus hijos, pues necesitan fortaleza en sus corazones para seguir de ahora en adelante con sus vidas. Que a pesar de las lágrimas, nunca se vaya de sus mentes el recuerdo de las promesas fieles de Dios para sus hijos.  Muchas gracias por acompañarnos aún en oración por ellos. Que Dios les bendiga. 

Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos. (Salmo 116.15). 

 

15 comentarios

15 pensamientos en “Testimonios

  1. Es una bendición para nosotras ver el ejemplo de estos hermanos, en estas circunstancias difíciles. Su perseverancia y fe en el Señor es grande. Las que no estamos en una situación como la de ellos, debemos afirmarnos, no flaquear, pues ellos, nos están dando la pauta a seguir. Nuestros hermanos son un testimonio viviente de lo que puede hacer una persona que tiene su fe puesta en Cristo.

  2. Los hermanos Edgardo y Delia, son una hermosa pareja, un ejemplo digno de imitar, ese gran amor, que los ha mantenido unidos por tantas decadas, ha sido para mi algo muy pero muy especial… me gustaria llegar a esa edad junto a mi amado esposo, asi como ellos, siempre con ese amor y esa alegria que los caracteriza y sobre todo con esa confianza y esperanza en nuestro gran y buen Dios.

  3. Queridos hermanos por el testimonio que nos ha dado este matrimonio deberíamos de echar un vistazo a nuestra vida, si verdaderamente vamos a confiar en nuestro Dios aún en los momentos difíciles, o solo cuando estamos en bonanza.
    El verdadero cristiano debe confiar en Dios aun en las dificultades, así como estos hermanos que a pesar de sus problemas, su confianza estuvo siempre en Dios.

  4. Que ejemplo tan grande tenemos en estos dos hermanos. A pesar de las pruebas que pasaron, miramos la fe y la confianza que han tenido en nuestro Señor.
    Debemos imitar a este matrimonio. Cuando nos encontremos en pruebas no olvidemos que Dios es dueño de nuestra vida y él va hacer las cosas de la mejor manera. Puede ser que a nosotros nos parezcan complicado, pero nosotros no sabemos la voluntad de nuestro Dios… él está haciendo siempre algo para nuestro bien.

  5. Es la primera vez que hago un comentario, al igual que los demas hermanos siento una profunda admiracion por este matrimonio, en mis oraciones le ruego a DIOS que les bendiga, porque al igual de personajes de la biblia an dejado un buen ejemplo, asi lo tenemos en nuestro tiempo hermanos que an sacrificado muchos beneficios de sus vidas para el engrandecimiento de la obra de DIOS, DIOS LES BENDIGA A CADA HERMANO QUE HACE POSIBLE QUE ESTAS REVISTA LLEGUE A NUESTROS HAGARES.

    • Gracias hermano… para nosotros también es una bendición contar con ejemplos de vida cristiana tan inspiradores como el del hno. Edgardo y la hna. Delia. Ellos nos animan sin palabras… basta ver la forma en que se comportan, como es digno del Evangelio, para que nosotros les imitemos. Nos alegra mucho también que la Revista es de bendición en su hogar. Rogamos que el Señor nos ilumine para seguir mejorándola, para que edifique más vidas aún.

  6. Hola a todas las hermanas y hermanos que estuvieron y que están aún orando por la familia Zúniga-Nolasco, como ya saben, nuestro hermano Edgardo está ahora disfrutando de la presencia del Señor, y nuestra querida hermana Delia está con la confianza puesta en el Señor tratando de recuperarse de esta pérdida momentánea, la cual sabemos que es bastante dura, por lo que rogamos que sigamos orando por ella y por el resto de su familia, para que el Señor les de el consuelo que necesitan.
    Hermanos no nos cansemos de orar por ellos, y mil gracias por todos los que han estado haciéndolo.
    Bendiciones de nuestro Señor Jesucristo.

  7. Que hermoso es leer el testimonio de vida de una persona que ha entregado su vida al Señor. Particularmente no conocí al hermano Edgardo, pero sí estoy conociendo a la hermana Delia, y es evidente su fidelidad para con nuestro Salvador. Su actitud es digna de admiración e imitación. Vienen a mi mente las palabras del Apóstol Pablo “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Siempre es de bendición cumplir un año más de vida, y en especial cuando nuestra vida está bajo la voluntad de Dios, así como nuestra hermana lo ha hecho.

  8. Me da una gran alegría y motivación al leer el testimonio de la maestra Rebeca, quien es una gran persona! Es en realidad una bendición que Dios le ha regalado a usted y a su esposo. Esto aumenta mas mi fe! Gracias por compartir

    • Gracias por visitarnos Juan José. Esperamos que siga haciéndolo, puede suscribirse si lo desea, y que todo lo que encuentre por aquí, contribuya a acercarle al Señor de todo su corazón.

  9. precioso testimonio hermanas. A veces no sabemos el por qué de muchas enfermedades pero lo que tenemos que tener en cuenta es que Dios siempre está presente en cada paso que damos; él siempre mira por nuestro bien. Yo les pido que oren por mis papás, Julián y Luisa; están muy delicados de salud. Yo seguiré orando por la hermanita Delia. Dios les bendiga fuertemente.

    • Querida Ana, muchas gracias por su comentario… la hermana Delia se encuentra bien por la gracia de Dios. Sigue siendo un ejemplo para todos en nuestra congregación. Por favor, cuéntenos sobre la salud de sus padres próximamente. Que Dios les guarde en este 2013.

  10. hermamos el leer sus testimonios me amina a seguir cada dia mas sirviendole al señor soy una joven de 28 años puedo decir llena de bendiciones y academicamente, pero siento que el enemigo me apodera de lo mas sencible de mi ser, Mi Corazon. me hace sentir sola y muy a menudo y eso me hace sentir desaminada en ocasiones. pero me alegra de ver que el señor aunque para nosotros tarde el hace las cosas a su tiempo y el tiempo del Señor es perfecto.DIOS LES BENDIGA GRANDEMENTE. Y PIDO ORACION.

    • Gracias Paola. De eso se trata esta sección de Testimonios, de que sepamos que no somos los únicos que tenemos luchas y problemas con el enemigo y que, así como otros que, con ayuda del Señor salen adelante, nosotros también podemos triunfar. Ud. no está sola. Josué 1:8-9.

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